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Pesca sostenible como ejemplo de restauración

Varios estudios avalan la eficacia de las medidas para recuperar ecosistemas

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Que la actividad humana degrada el medio ambiente está fuera de toda duda. Lo que no estaba tan claro es que los esfuerzos por revertir estos daños tengan el efecto deseado. Por ese motivo tiene especial relevancia una serie de artículos publicados ayer en Science, enfocados a evaluar la eficacia de los esfuerzos de restauración ecológica.

En uno de ellos, José María Rey Benayas, de la Universidad de Alcalá de Henares, analiza 89 ecosistemas distintos y concluye que la restauración aumenta la biodiversidad un 44%, y que esto se refleja en los servicios obtenidos de los ecosistemas, lo que tiene un impacto económico positivo en las poblaciones humanas que viven de su explotación.

Otro de los estudios recogidos por la revista se centra en una de estas actividades de explotación de recursos naturales, la pesca, y en la evaluación de los efectos de las políticas de gestión. Según los autores, los esfuerzos por limitar la sobrepesca empiezan a tener éxito en cinco de los diez grandes caladeros estudiados.

Una de las observaciones que incitan a la esperanza es la reducción de la tasa de pesca en regiones como el Atlántico norte, lo que se traduce en la recuperación de las reservas. En concreto, mejoran más aquellas en las que se han implementado medidas como cuotas de captura o prohibición de ciertas artes de pesca.

Uno de los beneficios de limitar el esfuerzo pesquero, señala el estudio, es precisamente el aumento de la producción. Por ejemplo, los caladeros del mar Cantábrico muestran un claro nivel de sobrepesca, lo que se traduce en una progresiva disminución del peso de los ejemplares capturados. Por ello proponen que nunca se alcance el nivel de producción fijado como máximo sostenible.

A pesar de las mejoras, el 63% de las reservas estudiadas están por debajo del objetivo y necesitan recuperarse aún más. Asimismo, los propios autores señalan que gran parte del esfuerzo pesquero se ha trasladado desde los países desarrollados a África. Por este motivo destacan aún más los resultados positivos en Kenia.