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Precarios de oro

Tres jóvenes investigadores españoles analizan los cambios de la Ley de la Ciencia

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El recién estrenado 2010 será un año crucial para la ciencia española. Tras la polémica suscitada por los recortes en el presupuesto de la I+D+i anunciados por el Gobierno, y luego suavizados en el Parlamento, el Ministerio de Ciencia e Innovación presentará en unos días la nueva Ley de la Ciencia que, entre otros objetivos, pretende reformar la carrera investigadora que, en la actualidad, puede durar decenas de años simplemente encadenando becas.

Los investigadores españoles pedían a gritos esta reforma. La última Ley de la Ciencia es de1986, y las vocaciones científicas han caído en picado en los últimos diez años. Pero el momento es muy delicado. Tras el reajuste presupuestario, los investigadores españoles anunciaron movilizaciones y centenares de ellos respondieron el 16 de diciembre a la llamada de la Federación de Jóvenes Investigadores para manifestarse en la puerta de sus centros de investigación. Fuera del ámbito científico, la iniciativa La ciencia española no necesita tijeras, encabezada por el bloguero Javier Peláez, consiguió que se sumaran más de mil blogs, así como más de 10.000 apoyos en redes sociales como Facebook.

El ministerio comenzará mañana los contactos con los agentes sociales para consensuar esta nueva ley, cuyo objetivo es 'el desarrollo de una carrera estable, predecible, basada en méritos y reconocida socialmente', según afirmó Cristina Garmendia el pasado viernes, en una entrevista para Público.

La ministra explicó también que la Ley de la Ciencia recoge una de las reivindicaciones históricas del colectivo de los precarios, que es acabar con las becas, 'que serán sustituidas por contratos laborales'. Aunque el detalle de la modificación de la carrera científica no se conocerá hasta que se haga público el borrador, la ministra aseguró que España va a ser 'uno de los países pioneros en Europa en los derechos de los jóvenes investigadores en su etapa de formación predoctoral'.

En España, en la actualidad, la carrera investigadora consiste en un largo proceso de más de 15 años en los que un joven investigador debe ir saltando de beca en beca, y de contrato en contrato, hasta conseguir la ansiada estabilidad laboral que otorga una plaza.

La carrera de un científico comienza con la realización de una tesis doctoral, un trabajo de investigación novedoso de aproximadamente cuatro años de duración, que finaliza con la obtención del título de doctor. En la etapa posdoctoral, el joven continúa su carrera, generalmente en un laboratorio distinto al de origen, durante varios años. El último paso es la lucha por la obtención de una plaza de investigador.

La financiación durante el primer periodo se basa, en su gran mayoría en becas-contrato, ofertadas por distintos organismos o ministerios, y para las que se necesita, debido a su escaso número, un buen expediente académico. Según un estudio del INE, el 41,2% de los doctores españoles ha sufragado sus estudios de doctorado por medio de becas de alguna institución española, un 25,8% ha tenido que desempeñar otra ocupación para poder financiar sus estudios y un 16,7% se ha visto obligado a pedir préstamos o desarrollar su doctorado con ahorros familiares.

En la etapa posdoctoral, los investigadores deben seguir solicitando a las administraciones públicas distintos contratos. La duración de dichos contratos raramente supera los cuatro o cinco años, y consideran, en su mayoría, a los investigadores como estudiantes avanzados en prácticas.

Esta situación laboral es la que fuerza a muchos doctores a buscar un empleo digno en el extranjero, colaborando con la ya famosa fuga de cerebros. Diversas estimaciones aseguran que únicamente entre los estudios universitarios y de posgrado, el Gobierno puede invertir más de 90.000 euros en la formación de un doctor que haya sido becado, una inversión cuyos beneficios, quizá, terminen disfrutando otros países.

Una vez obtenido un currículum suficiente, labrado a caballo entre centros españoles y extranjeros, se puede optar, por oposición, a una de las pocas plazas que se ofertan como investigador. En este punto de su trayectoria profesional los aspirantes suelen tener ya unos 40 años. La obtención de una de estas plazas abre las puertas a un trabajo científico más digno y estable.

Tres doctores españoles, que han decidido hacer carrera en España, Alemania y Estados Unidos, valoran para Público la situación de la ciencia española, en general, y de sus carreras investigadoras en particular, en vísperas del mayor cambio de la ciencia española en 25 años.

«Terminas planteándote si seguir haciendo ciencia» 

Juan García vive en Madrid, tiene 35 años y actualmente trabaja como   doctor en el Centro Nacional de Biotecnología. Se licenció en Biología en la Universidad Complutense de Madrid e hizo la tesis en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBMSO) gracias a una beca FIS y a una beca asociada a proyecto. Tras nueve años en el CBMSO solicitó un contrato posdoctoral del Ministerio de Ciencia para entrar a trabajar en el Centro Nacional de Biotecnología. Es su actual ocupación. Lleva trabajando desde los 23, le queda un año para acabar y otra vez se enfrenta a la situación de tener que buscar nuevos contratos para poder seguir investigando. O no. 'Al final terminas planteándote, con esta edad, si sigues haciendo ciencia y cómo hacerla', reflexiona. 'Y, aunque sea el trabajo que te gusta y para el que estás preparado, tener que cambiar radicalmente de ocupación y buscar algo fuera de la ciencia, lo que es lamentable'.

Ha decidido quedarse en España por motivos familiares, aunque reconoce que salir al extranjero 'sigue siendo casi indispensable para hacer currículum' y que muchos de los investigadores que finalmente consiguen una oposición lo logran gracias a estancias fuera de España. 'A igualdad de condiciones se tiene en cuenta el haber estado fuera, si bien cada vez esta tendencia es menor', explica.

García lamenta que la única salida sea hacer una oposición y ser jefe de una línea de investigación. Lo único que pide es 'tener una estabilidad laboral, no estar siempre pendiente de que se te acabe tu contrato'.

También le preocupan los Presupuestos. 'Estamos hablando de investigadores que tienen una buena formación, que han pasado por una carrera, que llevan años trabajando en ciencia', explica. 'El hecho de que quizá se queden sin dinero para seguir investigando es muy triste. Los logros científicos son los que hacen avanzar un país', añade.

El joven investigador mira  con ojos neutros la nueva Ley de la Ciencia. Apoya la aparición de los contratos, pero crítica que se considere estudiantes a los predoctorales y posdoctorales. 'Disponer de contratos y acabar con las becas es un paso muy importante. Sin embargo, se debe seguir avanzando, proponiendo situaciones laborales más estables y considerar a las personas que realizan su tesis doctoral como trabajadores de hecho y derecho, y no como estudiantes'. Según él, 'el doctorado debería
llamarse trabajo de investigación'. Y concluye. 'Es que, al final, tienes treinta y tantos años y sigues
siendo estudiante, el estudiante eterno'. 

«No tenemos ningún peso para poder movilizarnos» 

Juan Ayllón tiene 29 años, y actualmente trabaja en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York. Burgalés de nacimiento, estudió Biología en Salamanca y, mientras terminaba la carrera, empezó la tesina en el Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Salamanca, donde realizó finalmente la tesis, con una beca de Formación de Personal Universitario. Actualmente acaba de iniciar un contrato de cinco años de duración.

Ayllón se remonta hasta la Edad Media para explicar la fuga de cerebros de la ciencia española. 'Burgos era entonces el centro exportador de lana de toda España, y producíamos la mejor lana del mundo. Pero la mandábamos a Flandes, y fue Flandes quien desarrolló la industria, se enriqueció a costa de nuestra lana y luego nos vendía los tejidos y los tapices a precio de oro. Creo que con los científicos hacemos lo mismo, formamos a muy buena gente en España, pero la mayor parte de su vida productiva la invertirán en el extranjero.'

El joven investigador cree que, en parte, el problema de la carrera investigadora radica en cómo contemplamos la ciencia en este país. 'En España tenemos una concepción decimonónica de los científicos; creemos que son sabios altruistas que se dedican a esto por amor a la humanidad y al conocimiento, cuando somos trabajadores formados que realizamos nuestra actividad por un salario'.

Ayllón entiende que, en una época de crisis, se recorte en ciencia porque 'este sector es enormemente frágil'. 'No tenemos ningún tipo de peso para poder movilizarnos en contra -añade-, ni la sociedad está receptiva para que le expliques porqué no se puede tocar el dinero de la investigación'.

El joven científico no comprende 'que haya ciencia en un país, como España, donde el 90% del trabajo lo hagan estudiantes'. Está de acuerdo en que la extinción de las becas es un avance, pero también afirma que mientras no se clarifique una carrera profesional en la que un investigador pueda tener perspectivas de tener un trabajo digno y aceptablemente estable, 'seguiremos en las mismas. Y eso sí que existe en Alemania y en Reino Unido, aunque no tengan contratos'.
A la pregunta de si volvería a España, Ayllón responde que sí. Ha dejado atrás familia y amigos. 'Pero lo que tengo claro es que mis circunstancias profesionales siempre van a ser mejores aquí o en otro país europeo que en España', añade. 

«Quiero volver porque se ha invertido mucho en mí» 

Sergio Acebrón nació en Barakaldo (Vizcaya) hace 29 años, y estudió Bioquímica en la Universidad del País Vasco. Es doctor en Bioquímica por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y actualmente trabaja en Heidelberg como investigador en la División de Embriología Molecular del German Cancer Research Center (DKFZ), el mayor centro biomédico del país, gracias a una beca posdoctoral del Gobierno vasco.

Acebrón cree que es bueno para España que muchos investigadores realicen parte de su investigación en el extranjero: 'Aporta nuevas ideas, contactos y metodologías de trabajo', explica. Pero también piensa que el sistema actual falla al no reclutar jóvenes investigadores con talento que vayan a realizar lo mejor de su carrera científica dentro del país. 'Y digo buenos científicos y no científicos españoles', añade. 'Nos confundimos mucho en este tema: una cosa es apoyar a los científicos españoles y otra es regalar los puestos de trabajo'.

En Alemania, explica, la situación es distinta. 'Las condiciones laborales de los investigadores son mucho más estables que en España, ya que los científicos pueden tener asegurada su contratación a medio plazo'. Para él, el nuevo recorte en el presupuesto de ciencia 'va a afectar especialmente a aquellos investigadores jóvenes que sacrificaron un futuro científico en países con un alto interés por la ciencia para volver a España, y también a los que lo están intentando'.

El borrador de la Ley de Ciencia le parece 'un buen comienzo'. Hay varias novedades que le gustan, como los contratos indefinidos y la apuesta por el libre acceso a las publicaciones científicas, que aparecen en el primer borrador de la norma. Pero también ve aspectos preocupantes y echa en falta en el preámbulo expresiones como 'conciliación familiar', un tema especialmente relevante para las científicas y para los jóvenes investigadores.

Acebrón tiene claro que quiere volver a España, y también tiene claros sus motivos: 'Me gustaría volver dentro de unos años porque creo que el país ha invertido mucho dinero en mi educación, y no sería justo que yo no intentara pagar mi deuda'. Pero también mantiene ciertas incertidumbres al respecto. 'No sé si cuando quiera devolver el esfuerzo que España ha realizado en mi educación podré hacerlo. De no poder volver, espero que sea por no dar la talla y no porque todo siga igual', concluye.