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Un premio sin champán

  

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Cuando llegué ayer a la universidad, a eso de las nueve de la mañana, Irina me invitó a ver la ceremonia de anuncio de los premios Nobel de Física por internet junto al resto del grupo de investigación de Andre Geim. Creo que para entonces ella ya sabía que se lo habían dado a su marido, Geim, con el que trabaja hace años, y a Kostya Novoselov. El anuncio llegó sin que estuviera ninguno de los dos, porque Kostya tenía una reunión y Andre suele llegar tarde, sobre las 11. Hubo un gran alboroto toda la mañana, sobre todo cuando Andre llegó por fin y nos abalanzamos todos a felicitarle. Hubo algo de vino, pero no fue la típica celebración con botellas y botellas de champán. Andre nos lo agradeció esperaba que este año se lo dieran a expertos en astrofísica pero enseguida se metió en su despacho a trabajar. No creo que pudiera, porque desde entonces no han parado de llegar periodistas. Ha venido hasta Al-Yazira.

El aislamiento del grafeno surgió porque el grupo de Andre, en la entonces Unión Soviética, quería fabricar materiales en láminas lo más delgadas posible. Pretendían así modificar a voluntad las características del material y conseguir nuevas propiedades. Esta investigación fue el tema de tesis de Kostya, también formado en Moscú. Cuando lograron aislarlo con cinta adhesiva, empezaron a distribuir gratuitamente muestras y enseñaban cómo fabricar grafeno a todo investigador que los visitaba. Las aplicaciones del grafeno han hecho el resto, y en la actualidad es uno de los materiales más investigados.

Ayer por la tarde oí a Andre decir que sólo hay dos tipos de premios Nobel. Los que lo esperan toda la vida y, cuando lo consiguen, dejan de trabajar y no dan ni palo al agua; y los que lo consiguen por suerte y a partir de entonces trabajan el doble. 'Yo creo que soy de los segundos', dijo. La verdad, no me importaría nada vivir algo así yo mismo.