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Los primeros deberes para el sucesor del telescopio espacial Hubble

El James Webb pasará el verano en una gigantesca cámara a las bajas temperaturas del espacio antes de su lanzamiento el año que viene

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El nuevo telescopio espacial James Webb (izquierda) comparado con el Hubble./SPACE-E.COM

Aunque coincide con el verano, no es por el calor por lo que el nuevo telescopio espacial James Webb de Estados Unidos, Europa y Canadá, destinado a suceder y complementar el maravilloso Hubble, fue introducido el pasado día 20 en una gigantesca cámara criogénica en el centro Johnson de la NASA en Houston.

Esta cámara es una especie de congelador en el que se puede hacer el vacío. Se trata de simular las condiciones en las que el Webb trabajará en el espacio, a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, tras su lanzamiento el año que viene. Durante tres meses se harán las pruebas necesarias sobre el telescopio, ya terminado, para verificar que podrá funcionar en esas durísimas condiciones de vacío y más de 200 grados bajo cero.

Las lunas Encélado (de Saturno) y Europa (de Júpiter), así como el misterioso sistema planetario Trappist, a 39 años luz de la Tierra, están entre los primeros objetivos del nuevo telescopio, han anunciado sus responsables. Se buscarán en ellos, por supuesto, huellas químicas de la vida pero no únicamente eso. El rango de observaciones es amplísimo, desde acercarse al Universo primitivo, muy poco después del Big Bang, a la formación de las galaxias y el nacimiento de estrellas y planetas.

Las primeras observaciones, que durarán unos dos años, se han seleccionado entre las propuestas por los científicos que diseñaron y ayudaron a construir los cuatro instrumentos de que dispone el James Webb. Así se probarán además las posibilidades de cada instrumento. Después tendrán su oportunidad los demás astrónomos, que podrán presentar sus propuestas dentro de unos meses. Cuando se lance, a bordo de un cohete europeo Ariane 5 desde la base de Kourou en la Guyana Francesa a finales de 2018, el James Webb se dirigirá al punto de Lagrange 2 (L2) situado a 1,5 millones de kilómetros, un punto de equilibrio en el que permanecerá durante toda su misión.

El telescopio James Webb, dentro de la cámara criogénica del Centro Espacial Johnson de la NASA en Texas./ NASA/CHRIS GUNN

Esta situación es solo una de las grandes diferencias con el Hubble, que orbita la Tierra desde hace 27 años a solo 570 kilómetros de altura. Otra diferencia es que el James Webb observará en el infrarrojo, un rango de frecuencias que apenas utiliza el Hubble, que capta sobre todo la luz visible y ultravioleta. Además, el James Webb, considerado el telescopio más potente que se ha construido nunca, es mucho mayor que el Hubble. Por todo ello las propias NASA y ESA explican que el Webb no reemplazará al Hubble, sino que será un sucesor del histórico telescopio espacial.

Sus objetivos científicos surgen de los resultados del Hubble y pretenden ver más lejos en el espacio y en el tiempo. Esto implica observar en el infrarrojo por el efecto de corrimiento hacia el rojo en la luz que procede de objetos más antiguos (y por tanto más lejanos porque ha tardado más en llegar). Gracias a su espejo segmentado, mucho mayor que el espejo primario de una sola pieza del Hubble, el Webb puede recoger más luz, lo que le hace más sensible. Las observaciones en infrarrojo, además, permiten penetrar el polvo que rodea, por ejemplo, estrellas y galaxias jóvenes y también el misterioso centro de nuestra galaxia (la Vía Láctea), y ver lo que hay detrás.

Hay que tener en cuenta que es necesario que el telescopio no se caliente cuando le de el Sol o le afecte el calor de sus propios instrumentos en el espacio porque tiene que mantenerse muy frío para detectar la débil luz infrarroja de los objetos lejanos a observar. Ese gran inconveniente se ha resuelto en el Webb con un gran parasol que tiene el tamaño aproximado de una pista de tenis y que separa el lado expuesto al sol del lado no expuesto, lo que producirá una gran diferencia de temperatura y permitirá el funcionamiento de los instrumentos.

El telescopio Webb ha sufrido años de retrasos y ahora que ya está casi listo es cuando el optimismo se ve matizado por todo lo que queda por salir bien –lanzamiento, despliegue, funcionamiento- para que se convierta en un éxito comparable al Hubble, con sus inigualables imágenes que siguen llegando y el gran aumento del conocimiento del Universo que ha producido.