Público
Público

"Tenemos un problema con las vocaciones científicas"

Juan Tomás Hernani, director general de la FECYT, fundación que se dedica a establecer puentes entre la universidad y la empresa y gestionar la información científica

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

Con un currículum muy centrado en la tecnología en el ámbito de la iniciativa privada, Juan Tomás Hernani (Bilbao, 1961) está especialmente interesado en la innovación y la investigación y el desarrollo. Desde hace nueve meses dirige la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), que depende del Ministerio de Ciencia e Innovación y tiene como función manejar y gestionar toda la información sobre este campo en España. Este ingeniero industrial, también licenciado en Empresariales, reflexiona sobre las necesidades españolas en ciencia y tecnología, en la primera entrevista que concede a un medio de comunicación desde que fue nombrado.

Usted ha comentado que España tiene la necesidad de disponer de un nuevo tipo de científicos. ¿Cómo tendrían que ser?

Tienen que contar con una formación y una experiencia profesional mucho más multidisciplinar y más permeable a entornos internacionales, con menos tendencia a la estanquidad típica de la ciencia del pasado. Hay que renunciar al estereotipo de alguien que hace una tesis con cinco años luchando por sacarla, y para quien el tema de su tesis acaba siendo el tema que figura en su lápida.

Siempre se ha dicho que uno de las factores que frena a la ciencia es su falta de relación con la empresa.

La situación de la ciencia española es mucho mejor que hace diez o quince años, por lo que no debemos auto-flagelarnos en exceso. Pero sí hay que identificar cuáles son los retos urgentes. La investigación aplicada debe expresarse en el ámbito de los productos y servicios futuros. Se echa en falta la iniciativa privada. Y, más que dinero, lo que falta es visión de futuro del mercado, directrices que encaminen el producto de la investigación.

¿Y la investigación básica?

La investigación básica significa invertir en conocimiento, y tiene que adoptar una dinámica diferente. Es importante que los científicos transmitan a la industria lo que saben. En este caso, el túnel hay que abrirlo a la inversa, para que sea la industria la que acuda a la ciencia y la que elija lo que le pueda servir.

Una gran parte de su trabajo en la FECYT son las ayudas y las subvenciones. A comienzos de año se comentó que estas ayudas se iban a reducir.

No. El programa de cultura científica de 2009 tiene un presupuesto de 4,4 millones de euros, un 10% más que el año pasado. Eso sí, queremos realizar unos cuantos cambios y modernizar la forma de llegar a la gente, especialmente a los más jóvenes.

Desde la FECYT también se pretende modelar la ciencia. Por ejemplo, fomentar la participación de la mujer mediante políticas de género.

Tenemos una encuesta, hecha desde la FECYT, de percepción social de la ciencia, que dice que las mujeres se preocupan por la ciencia en un ratio que se reduce a la mitad con respecto a los hombres. Esto refleja que el país tiene, en este campo, un frente de mejora muy importante.

¿Cómo es la percepción social de la ciencia?

La encuesta dice que los índices siguen mejorando. Pero queremos ir más allá y realizar una encuesta de impacto para saber cuánto espacio se dedica en los medios a este tipo de información.

Ha dicho que su objetivo son los jóvenes.

Los jóvenes están más interesados en la ciencia que los mayores y, sin embargo, tenemos un problema con las vocaciones. Por eso, los estudiantes de secundaria y bachillerato son una prioridad para nosotros.

También trabajan directamente con la información que barajan los propios científicos.

La investigación genera información, que debe estar disponible para los investigadores. Queremos estandarizarla para que sea eficiente y no se pierda, que los científicos tengan la información de calidad que necesitan. Y se la ofrecemos en formato electrónico. Hasta ahora, les facilitábamos sólo la bibliometría y resúmenes, pero ahora queremos dar un salto que multiplique esto por diez y les permita acceder a la totalidad de los artículos y de las revistas, independientemente del tamaño del centro en que se encuentren.

¿Y la publicación de los resultados?

Para empezar, contamos con la ventaja de que la ley obliga a que todo resultado de investigación que haya utilizado dinero público esté en un repositorio electrónico. Y queremos que esto se haga de acuerdo a unos estándares. Ello permitirá que los resultados que no hayan sido publicados en grandes revistas también sean verdaderamente públicos y al alcance de todos los científicos.

La FECYT tiene un observatorio. ¿Que función tiene?

Gracias al observatorio, realizamos el seguimiento de las inversiones. Aunamos 150 convocatorias de diferentes instituciones estatales y nuestro reto ahora es incluir a las autonómicas. Otro aspecto es seguir la pista a un proyecto a largo plazo. Y lo queremos hacer, en vez de proyecto a proyecto, a través de las instituciones, interesándonos por su número de patentes, sus publicaciones, prototipos, etc. Si casamos este dato con los de inversión, podremos saber cuánto nos cuesta una patente o una publicación científica en el CSIC o en cualquier universidad.

El año que viene, España ocupa el primer semestre la presidencia de la Unión Europa. Se ha preparado una gran feria de la ciencia y la tecnología para entonces. ¿En qué va a consistir? ¿No se pueden considerar esos actos como fuegos de artificio?

Habrá diversos eventos, unos con un tono más político y organizativo, y otros más divulgativos. La comunicación de la ciencia no es fuego de artificio, es verdadera comunicación. Este tipo de actos sirven no sólo por la gente que acude directamente, sino por la repercusión que tienen en otros frentes. Como ejemplo, recientemente hemos organizado Innovae, un acto sobre innovación. Al evento acudieron más de 1.000 personas, 6.000 lo siguieron por Internet y otras 30.000 se conectaron posteriormente a la página para revisar contenidos. Un acto bien arropado es un reclamo y genera un impacto objetivo.