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El pueblo conquista el cosmos

Los astrónomos aficionados aportan datos claves a profesionales de la NASA y a otros grandes observatorios // Son bomberos, vendedores de muebles o informáticos que publican en prestigiosas revistas científicas especializadas

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De día, Diego Rodríguez es un bombero de Collado Villalba (Madrid). Al caer la noche, ya en casa, sale a la terraza de su vivienda, quita la tapa a su telescopio y se convierte en un astrónomo.

Aunque nadie le paga por ello, Rodríguez ha confirmado ante la Unión Astronómica Internacional la existencia de más de 100 asteroides, supernovas y otros cuerpos celestes nuevos. Algunos llaman a esta afición 'astronomía de jardín', pero, en las últimas semanas, Rodríguez y otros aficionados esparcidos por medio mundo han conquistado la primera división de la ciencia firmando estudios junto a astrónomos de la NASA o el Observatorio Austral Europeo (ESO).

'No me siento inferior a ningún astrónomo profesional', explica Juan Lacruz, un astrofísico de formación al que la falta de trabajo le llevó al mundo de la programación informática. Lacruz acaba de firmar junto a Rodríguez un estudio que detalla los potentes chorros de vapor y partículas que escupe el cometa 29P/Schwassmann-Wachmann y que lo convierten en el más explosivo que se ha descrito.

'Son capaces de hacer trabajos excepcionales', explica Ricardo Hueso, un experto en atmósferas planetarias de la Universidad del País Vasco que coordina el International Outer Planets Watch (IOPW), un grupo informal de astrónomos en el que profesionales y aficionados trabajan codo con codo.

Desde hace unos años, las revistas científicas se están acostumbrando a publicar estudios en los que expertos a cargo de los telescopios más grandes del mundo firman junto a informáticos, vendedores de muebles o bomberos como Rodríguez, sin cuya colaboración no habrían reparado en los fenómenos que describen.

Una chica de 14 años es la más joven descubridora de una supernova 

Es el caso de SN2008ha, una estrella agonizante de brillo muy débil. Fue descubierta en 2008 por Caroline Moore, una adolescente de 14 años de Nueva York que se convirtió en la persona más joven en detectar una supernova.

Las observaciones de esa misma estrella realizadas por el amateur español Rafael Ferrando le valieron una publicación en Nature, una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo. Desde su observatorio Pla D'arguines en Castellón, ha descubierto ya 512 asteroides nuevos.

La gran baza de estos cazadores de estrellas es la libertad. Pueden apuntar sus telescopios a donde quieran, un lujo imposible en los observatorios más grandes del mundo, en los que cada minuto de observación se disputa entre grupos científicos de todo el planeta. 'Las zonas y tiempo de observación las decide un comité científico y son siempre muy limitadas', lamenta Hueso. 'El 95% de las propuestas es rechazado', añade.

Un aficionado español ha descubierto 512 asteroides

Además, los mastodontes más potentes como el Very Large Telescope de Chile o el Gran Telescopio de Canarias se centran cada vez más en la búsqueda de planetas y galaxias fuera del Sistema Solar, que queda muchas veces desatendido.

'Soy un astrónomo amateur, lo que significa que puedo elegir lo que hago y cuánto tiempo lo hago', celebra Anthony Wesley en un correo electrónico desde su observatorio de Canberra (Australia), donde ha construido un telescopio tuneado de 14,5 pulgadas y un sistema de refrigeración mejorado. 'Siempre intento obtener la mejor calidad en mis observaciones y, en los últimos dos años, mis datos y los de otros aficionados se han hecho cada vez más populares entre los astrónomos profesionales', explica.

Wesley, informático de profesión, ha sido el primero en observar dos de los tres últimos impactos detectados en Júpiter. El último sucedió el 3 de junio. 'Mi cámara captó la bola de fuego alrededor de las 6 de la mañana', explica. 'Al principio, no podía creerlo y tuve que ver el vídeo varias veces para convencerme de que era real', comenta.

Wesley escribió a su colega Christopher Go, un vendedor de muebles de Cebú (Filipinas), quien, tras repasar sus grabaciones, vio la misma bola brillante sobre la atmósfera del gigante gaseoso. Su descubrimiento despertó el interés de los expertos que usaron el telescopio espacial Hubble de la NASA y el Very Large Telescope de ESO para confirmar y detallar el impacto en un artículo que acaba de publicar la revista The Astrophysical Journal Letters y que firman Wesley, Go y Hueso, entre otros expertos.

Autogestión

Al igual que Wesley, Lacruz se construyó su propio observatorio en La Cañada, un pequeño pueblo de Ávila. Se trata de una pequeña casa de ladrillo de tres metros de lado coronada por una cúpula de fibra de vidrio que parece una miniatura de los grandes telescopios del Roque de los Muchachos, en Canarias. El interior alberga dos ordenadores para controlar el telescopio de 12 pulgadas y una cámara de vídeo que se enfría hasta los 30 grados bajo cero para que el calor no empañe la claridad de sus observaciones.

Lacruz controla este ingenio por ordenador desde su casa en La Coma (Madrid), a más de 100 kilómetros de distancia. Desde La Cañada, ha descubierto los 26 nuevos asteroides que por ahora tiene certificados por la Unión Astronómica Internacional.

Lacruz ha dado a dos asteroides los nombres de Ochoa y Cajal 

En 2006, recibió una carta de Carlos Martínez, entonces presidente del CSIC, agradeciéndole que le hubiera puesto a dos de ellos los nombres de Santiago Ramón y Cajal y Severo Ochoa, los dos Nobel españoles de Medicina.

Lacruz, Rodríguez, Wesley y varios centenares de aficionados más constituyen una élite amateur que colabora asiduamente con los profesionales, señala Hueso. Cuando uno de ellos detecta un nuevo evento desde Asia, escribe a sus colegas de Europa para que lo confirmen y estos, a su vez, envían sus lecturas a América, formando una red de observación continua. 'La llegada de internet supuso una revolución para nuestra afición, porque antes teníamos que alertarnos por carta', explica Diego Rodríguez.

'Estos astrónomos aficionados deberían recibir ayudas por lo que hacen', opina Josep Maria Trigo, un astrofísico del CSIC-IEEC. El experto se ha servido de diez años de observaciones hechas por Rodríguez, Lacruz y Albert Sánchez para detallar las explosiones de luz periódicas del impronunciable 29P/ Schwassmann-Wachman que acaba de publicar la Real Sociedad Astronómica de Reino Unido. Junto a la firma de Trigo, están las de Lacruz, Sánchez y Rodríguez.

«Deberían recibir ayudas», opina un astrofísico profesional 

'Este tipo de aficionados firma pocos estudios para el potencial que tienen, podrían estar mucho más presentes', explica Emilio Alfaro, presidente de la Sociedad Española de Astronomía. Alfaro reconoce que los amateurs deberían tener mayor reconocimiento, pero dice que es difícil compensarlos económicamente desde organismos públicos. 'Tenemos muchas limitaciones contractuales, necesitamos más flexibilidad', asegura.

Lo primero que hace Rodríguez al llegar a casa es abrir el correo electrónico y buscar alertas llegadas de aficionados de Japón y otros puntos de Asia. Su próximo objetivo es cazar una supernova en plena Vía Láctea. 'Su brillo sería tan intenso que podría verse de día. Sería un espectáculo grandioso', concluye.

 

Juan Lacruz

¿Cómo comenzó a ser astrónomo aficionado?

Siempre me han interesado el cielo y las estrellas. Estudié ciencias Físicas y me especialicé en Astrofísica, pero, cuando salí de la universidad, era la crisis del petróleo y no encontraba trabajo. Me hice programador informático. No me convencía ir al campo, montar y desmontar el telescopio cada noche, así que compré un terreno y construí mi observatorio en 2002.

¿Cuánto se ha gastado?

Miles de euros. Sólo el edificio me costó unos 6.000 y cada uno de los dos telescopios, el doble. Mi observatorio está en la misma lista oficial de la Unión Astronómica Internacional (IAU) que el telescopio espacial Hubble. Allí también constan el de Guadarrama, de Diego Rodríguez, o el Pla D'arguines, de Rafael Ferrando.

¿Cómo es el proceso de descubrir un asteroide?

Son necesarias dos observaciones en dos noches consecutivas con confirmación. Escribes a la IAU y, si lo aceptan, recibes un correo electrónico con el número que se da al asteroide. Después, ya puedes ponerle el nombre que quieras.

¿Por qué eligió los nombres de Severo Ochoa y Santiago Ramón y Cajal para dos de ellos?

Ochoa estaba casado con la hermana de mi abuela. Teníamos mucha relación, era nuestro tío Severo. Al otro asteroide le puse ese nombre porque Cajal fue el profesor que Ochoa siempre quiso tener en Medicina, pero se jubiló poco antes de que él llegase a la facultad.

¿Cómo es su trabajo con profesionales?

Es una especie de simbiosis. El profesional necesita muchas horas de observaciones y no las puede tener desde un telescopio oficial. Les viene bien contar con los aficionados y a nosotros también nos beneficia figurar en una publicación de prestigio. Por ejemplo, yo ya he publicado seis estudios.