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Los rayos X revelan una serpiente de dos patas

El análisis de un fósil hallado en Líbano da pistas sobre el origen de los ofidios

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Hace 95 millones de años, cuando los dinosaurios dominaban la Tierra, una serpiente se zambullía en las aguas poco profundas de lo que hoy es Líbano.

El bicho, de medio metro de longitud, tenía dos patas traseras ridículas: apenas medían dos centímetros.

Pero en esas dos patas podría encontrarse la solución a uno de los debates más tórridos que vieron los tiempos en el campo de la paleontología: el origen de las serpientes, ¿cómo y para qué diantres perdieron las patas?

'Nos preguntamos si evolucionaron a partir de lagartos terrestres o marinos', explica por teléfono la investigadora Alexandra Houssaye, del Museo Nacional de Historia Natural de París. Su equipo acaba de analizar los restos fósiles de aquel reptil de Líbano, hallados hace diez años y bautizados con el nombre de Eupodophis descouensi.

La piedra caliza que encierra el fósil muestra la silueta de la serpiente y una sola pata colgada a la pelvis. Los científicos pensaron que tenía que haber otra pata, y la encontraron gracias al sincrotrón de Grenoble (Francia), la fuente de rayos X más potente de Europa. Hoy aparecen los resultados de su exhumación virtual en la revista Journal of Vertebrate Paleontology. Sólo existen otros dos fósiles de serpientes con patas preservadas.

Houssaye cree que han hallado una buena pista para rastrear la evolución de las serpientes: 'Una alteración local del crecimiento, sólo en las patas, mientras el animal crece con normalidad'. El cuerpo de los lagartos siguió creciendo, sus patas lo hicieron muy lentamente o se frenaron antes de tiempo. Pese al avance, Houssaye reconoce que la ciencia está todavía muy lejos de resolver el acertijo del origen de las serpientes. 'Podemos tardar diez años', asume. 'Nuestros resultados sirven para las dos hipótesis, el origen terrestre y el acuático. Pudieron perder las patas para moverse con facilidad por el suelo, entre la hierba. O para serpentear mejor en el agua', reflexiona Houssaye.