Publicado: 16.03.2016 21:07 |Actualizado: 17.03.2016 07:00

Los robots que vienen... a ayudarnos

Los vehículos autónomos programables y los asistentes no humanos se introducen en los ambientes cotidianos.

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Mario: Robot humanoide en la recepción de un hotel. /Zora Bots

Mario: Robot humanoide en la recepción de un hotel. /Zora Bots

“Tú primero”, “No, tú”. “Tienes prioridad según mi mapa”, “No, hombre, no”… Algo así es lo que se deben de decir cuando se encuentran frente a frente en un pasillo los robots autónomos que, en forma de carritos, recorren ya algunos hospitales de Estados Unidos y otros países transportando ropa, bandejas de comida, medicinas o suministros médicos. Esta situación es una de las pocas en las que la programación no ha afinado, al parecer, lo suficiente el comportamiento de estos vehículos autónomos, según cuenta el personal humano de estos centros sanitarios. La consecuencia es que pasa un rato hasta que se aclaran.

Los carritos robotizados son solo un ejemplo de los robots que vienen, nuevos aparatos pensados para prestar servicios cotidianos a amplios sectores de la población, con características distintas de las de los numerosos robots ya existentes en los procesos industriales, entre ellas la capacidad de interacción con los humanos. A medio camino entre las simples barredoras con forma de platillo volante y los todavía lejanos automóviles sin conductor, algunos de estos aparatos se convertirán en imprescindibles, aunque todavía nadie sabe exactamente cuáles lo conseguirán. En segundo plano está siempre presente la cuestión de la destrucción de puestos de trabajo que suele implicar la robotización y también los peligros de alumbrar robots tan potentes que puedan convertirse en ingobernables.



Mientras tanto, el personal sanitario es el encargado de programar para sus recorridos los carritos robotizados Tug de los hospitales adaptados para que estos vehículos puedan abrir puertas y coger ascensores, además de ceder el paso o pararse ante cualquier obstáculo. Tienen en su memoria el mapa del hospital, por lo que nunca se equivocan y, cuando terminan una tarea, se dirigen a una estación de carga para recuperar sus baterías.

Tug3: Carro robotizado en un hospital. /AETHON

Tug3: Carro robotizado en un hospital. /AETHON

“En las próximas dos generaciones, veremos la primera fase de verdaderos robots de asistencia personal en el hogar y en otros ambientes humanos”, dice Fei-Fei Li, director del Laboratorio de Inteligencia Artificial de Stanford (California). “La promesa del futuro es un mundo en el que robots sean tan comunes como los autómoviles o los teléfonos, en el que cada uno pueda tener un robot y los robots estén integrados de forma generalizada en la estructura de la vida””, afirma por su parte Daniela Rus, directora del laboratorio de Ciencias de la Computación y Inteligencia Artificial del MIT (Massachusetts). Son testimonios recogidos por la revista Nature en una reciente serie de trabajos sobre el futuro.

A punto de salir al mercado hay varios robots de este estilo, que en su inmensa mayoría no son del tipo humanoide, es decir, no se parecen en la forma a un ser humano. Están los carritos de bebé robotizados, que van conectados al padre, la madre o el cuidador de forma inalámbrica y se mantienen siempre a poca distancia mientras este, por ejemplo, hace ejercicio. Similares en cuanto al concepto son las maletas autónomas, que nunca se separan del dueño y tienen un mecanismo antirrobo. Podrían ser también carritos de la compra, con las mismas características.

Maleta: Maleta autónoma con su dueño en una terminal de aeropuerto. /NUA

Maleta: Maleta autónoma con su dueño en una terminal de aeropuerto. /NUA

Los carritos de bebé de Smartbe están climatizados, llevan altavoz, calienta-biberones, candado electrónico, sensor antirrobo, batería, cámara, luces…

Lo mismo que sucede con los teléfonos y los relojes inteligentes, estos aparatos también son “inteligentes”, es decir, están conectados y tienen posibilidades complementarias que van más allá de deambular de forma autónoma y segura. Los carritos de bebé de Smartbe, por ejemplo, están climatizados, llevan altavoz, calientabiberones, candado electrónico, sensor antirrobo, batería, cámara, luces… Hay maletas que están conectadas, preparadas para impedir que se olviden o para comunicar dónde están, pero no andan solas. Otras tienen esas y otras capacidades y además ofrecen autonomía, como las de NUA, aunque su tamaño, peso y poca capacidad de batería son características a pulir. No está claro que estos usos triunfen por ahora, en parte porque el precio sería muy elevado, pero hay muchos más proyectos en el tintero de laboratorios y empresas.

Entre los robots que sí son humanoides y parecen juguetes más que otra cosa, uno se acaba de presentar en la feria de turismo ITB de Berlín. Se llama Mario y es un asistente para la recepción en los hoteles. Capaz de hablar en numerosos idiomas, da la bienvenida y ayuda en los trámites, además de proporcionar información sobre los servicios del hotel y los alrededores. En el hotel Marriot de Gante lo tienen desde el verano pasado y explican que es especialmente útil en las reuniones de trabajo, donde además de ser un atractivo para los participantes, puede leer presentaciones de Power Point, explicar los platos del bufé y, próximamente, reconocer a los huéspedes o llamar a un taxi. Es una variante de otro robot que se está utilizando en algunas residencias de ancianos, por su capacidad de interactuar con y entretener a las personas con demencia, un área en pleno desarrollo. Los carritos robotizados de los hospitales, por cierto, también podrían utilizarse en los hoteles para el servicio de habitaciones.

SmartBe: Carrito de bebé autónomo. /SmartBe

SmartBe: Carrito de bebé autónomo. /SmartBe

La razón principal de esta futura explosión de aplicaciones robotizadas está, según los expertos, en avances muy grandes y rápidos en las tecnologías básicas que la permiten, desde la potencia de computación al almacenamiento de datos, sobre la base siempre de Internet. Llega un momento en que estos avances tecnológicos provocan saltos cualitativos y cuantitativos en áreas como la robótica, la inteligencia artificial, la nanotecnología o la biología. Un ejemplo de estos saltos, en este caso en el área de la inteligencia artificial, es la llamativamente desigual batalla entre la máquina y el hombre en la serie de partidas del juego de mesa Go que se produjo hace solo unos días, con un triunfo contundente del programa informático sobre el campeón humano que casi nadie esperaba.

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