Publicado: 25.11.2014 11:57 |Actualizado: 25.11.2014 11:57

Rosetta 'versus' Hayabusa, dos cazadoras frente a frente en el espacio

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El periplo de la sonda Rosetta de la Agencia Espacial Europea (ESA) es bastante conocido: se lanzó en 2004, y tras más de 10 años viajando por el sistema solar, este año llegó hasta el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko, donde el pasado 12 de noviembre lanzó su módulo de aterrizaje Philae. Este tuvo problemas con sus arpones de anclaje, rebotó por la superficie y se detuvo en un lugar desconocido, desde donde ha transmitido datos científicos antes de agotar sus baterías e ‘hibernar’. Por su parte, el orbitador Rosetta seguirá orbitando y analizando el cometa en los próximos meses.

La primera sonda Hayabusa trajo a la Tierra pedazos de asteroide en 2005; este 30 de noviembre Japón lanzará su segundo 'halcón peregrino'

Una historia en ciertos aspectos parecida, aunque mucho menos mediática, la protagonizó la sonda Hayabusa de la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA). Su objetivo fue un asteroide, en lugar de un cometa. Ambos difieren en su composición y órbitas, pero los dos son objetos primitivos e importantes para conocer la evolución del sistema solar.

En concreto, llegó en 2005 (sin llegar a orbitarlo) al asteroide Itokawa (25143) y, haciendo honor a su nombre, –hayabusa es el nombre del halcón peregrino en japonés–  ‘atrapó’ unas muestras en la superficie. La operación duró unos minutos y no estuvo exenta de incidentes, incluida la pérdida de un ‘miniaterrizador' denominado MINERVA, pero al final se consiguió traer por primera vez a la Tierra las partículas del asteroide. Cayeron en Australia en 2010 en el interior de una cápsula.

El próximo 30 de noviembre la JAXA lanzará a su sucesora, Hayabusa-2, con un perfeccionado sistema de navegación y guiado autónomo. Su objetivo esta vez será el asteroide (162173) 1999 JU3, donde aterrizará en 2018.

Para preparar la captura de muestras que hará la propia sonda, intervendrán diversos robots, como unas pequeñas esferas de señalización, un ‘impactador’ que abrirá un cráter en la superficie –para analizar luego el material que hay debajo– y un scout o explorador denominado MASCOT, de fabricación europea (en los centros DLR alemán y CNES francés). El material recogido llegará en una cápsula a nuestro planeta en 2020, justo el año en que Japón celebrará los Juegos Olímpicos de Tokio.