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Sanidad recomienda a las embarazadas y niños no comer atún ni pez espada

El Ministerio ha actualizado sus recomendaciones sobre el consumo debido a su alto contenido de mercurio.

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La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recomienda a las mujeres embarazadas o en fase de lactancia y niños de hasta tres años no consumir pez espada o atún rojo. En una nota emitida hace días por esta agencia se considera que estas especies están contaminadas por mercurio.

Según la AESAN, dependiente del Ministerio de Sanidad, 100 gramos de pez espada a la semana superaría la ingesta tolerable de mercurio en una embarazada. Los niños de entre 7 y 12 años no deberían comer más de una ración de 50 gramos a la semana.

Así lo han dado a conocer varios medios como El País durante el día de hoy. Público se ha puesto en contacto con el Ministerio de Sanidad y no han querido confirmar la información ni dar más datos al respecto.

No son nuevas las recomendaciones relativas a los metales pesados presentes en ciertos alimentos. Ya en 2008 la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición publicó una nota de prensa en la que se recomendaba un consumo moderado de mercurio y metil-mercurio a los grupos más vulnerables de población: mujeres fértiles, embarazadas o en periodo de lactancia.

El mercurio puede alterar el desarrollo del feto

Dos años después, el mismo organismo realizó un informe según el cual una mujer embarazada de 60 kg no debería consumir más de 100 g de pez espada por la ingesta de metil-mercurio. Por su parte, un niño de entre 7 y 12 años de unos 35 kg podría consumir media ración, es decir, 50 g de este pescado.

Debido a las quejas del sector pesquero por pérdida de ventas, AESAN realizó un nuevo informe para actualizar sus recomendaciones, limitando aún más el consumo de estos productos hasta los niveles que recomienda ahora.

El peligro se encuentra en el mercurio industrial lanzado al mar por las industrias, que nunca llega a desintegrarse. Por ello, especies como el pez espada o el atún rojo, que pueden llegar a vivir hasta 10 años, se convierten en acumuladores de metales pesados al ingerirlo.

De esta forma, el metal puede llegar al hombre y el mayor riesgo implica la posibilidad de provocar alteraciones en el desarrollo neuronal del feto y en niños de corta edad.

También puede dañar progresivamente los pulmones y provocar diarrea, cambios en la piel, temblores o alteraciones del sueño. Estos peligros se acentúan debido a las altas temperaturas se extienden más rápidamente por el ambiente.