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Sexo en el interior de un mosquito

El protozoo que causa la leishmaniasis puede dividirse sexualmente

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Gran parte del terror sobre la pasada pandemia de gripe residía en la posibilidad de que el nuevo virus H1N1 pudiera coincidir con el virus estacional en una misma célula. En su interior, ambos podrían intercambiar su material genético y generar una nueva variante que pudiera portar lo peor de cada casa: una alta capacidad de transmisión y una mayor mortalidad.

Algo así ha ocurrido en el microorganismo causante de la leishmaniasis, la segunda enfermedad parasitaria más importante después de la malaria. Transmitida por la picadura de un mosquito y afincada prácticamente en el Tercer Mundo, afecta a cerca de dos millones de personas en 88 países.

Analizando genéticamente distintas cepas de leishmania en el Instituto de Medicina Tropical de la Universidad de Amberes, se ha descubierto una cepa del parásito cuya composición genética sólo puede explicarse como resultado de una reproducción sexual entre especies.

La primera evidencia de que existiera este tipo de reproducción se publicó en Science en abril del 2009, por David L. Sacks, director del Laboratorio de Enfermedades Parasitarias de la Universidad de Washington. Su grupo descubrió que, en el laboratorio, distintas cepas de leishmania podían intercambiar ADN en el interior del mosquito.

Las leishmanias son microorganismos altamente evolucionados capaces de destruir la válvula que utiliza el mosquito para tragar sangre y obligar al mismo a vomitarlas en cada picadura. En nuestro organismo consiguen infectar las células del sistema inmunológico que están encargadas de destruirlas y también consiguen engañar a dicho sistema para producir una respuesta equivocada.

Los datos reflejan que la reproducción sexual sucede también en la naturaleza y puede explicar la gran complejidad del parásito. En palabras del director de la investigación Jean-Claude Dujardin, “la función del sexo no es placer, es innovación, y para un parásito es muy importante la innovación porque viven en un estrés permanente”.

En cuanto a su seguridad, por ahora no se sabe con certeza si las cepas híbridas descubiertas son más peligrosas. Según Dujardin, el parásito “puede ser más agresivo que sus padres pero no estar bien adaptado al insecto, por lo que desaparecería”. El mecanismo podría complicar la terapia, ya que, según el investigador, “el sexo hace posible que una cepa resistente a una droga transmita los genes permitiendo la resistencia a otras cepas. Esto podría ser dramático para la leishmania, pues no hay muchas drogas eficientes”.

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