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Situación crítica para el urogallo cantábrico

Fundaciones y ecologistas se alían para intentar salvarlo 

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El llamado 'sonido del bosque' va camino de desaparecer de las montañas cantábricas. El número de ejemplares de urogallo cantábrico (Tetrao urogallus cantabricus) no ha dejado de descender en las últimas décadas por acciones (algunas bienintencionadas) del hombre. Ecologistas, fundaciones y gobiernos autonómicos están realizando un último esfuerzo para que su canto no deje de oírse.

'Su situación es crítica, no ha dejado de reducir sus efectivos en los últimos 30 años', afirma el delegado de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife) para Cantabria, Felipe González. Su organización inició hace ya tres años, con el impulso de la Fundación Biodiversidad, el programa El sonido del bosque para la conservación de esta subespecie. 'Según el último censo, elaborado en 2005, el urogallo ha desaparecido del 60% de los lugares donde estaba en los años ochenta', añade González. La última estimación, y de eso hace cinco años, cifraba el número de ejemplares en menos de 500.

La última estimación, de hace cinco años, cifraba los ejemplares en menos de 500

Uno de los problemas que destaca este ornitólogo es que se han dejado pasar muchos años hasta que los científicos se han puesto de acuerdo en cómo valorar la situación del animal y los mecanismos para revertir la situación y sacarlo de la lista de especies casi condenadas a la extinción.

Con el trabajo sobre el terreno y la experiencia de otros proyectos en varios países con otras subespecies, los conservacionistas han podido averiguar los principales males que acosan al urogallo. Unos son muy cercanos, otros, más lejanos y difusos, pero todos causados por el hombre.

La degradación del hábitat y el cambio climático propician su extinción

El urogallo se desarrolla mejor en las lindes del bosque caducifolio de las montañas de mediana altura de la cordillera Cantábrica, donde abundan los claros, y siempre cerca de arandaneras, la base de su alimentación. Además, como demuestra un equipo de científicos del CSIC en un estudio publicado esta semana en PLoS ONE, el urogallo es como un sensor de la salud del bosque. Los machos despliegan su canto en las zonas menos alteradas.

El problema es que ya quedan pocos lugares no afectados por el hombre. Por un lado, con el proceso de urbanización, el uso del monte ha cambiado. 'Hace años, la población rural hacía usos del bosque que favorecían al urogallo', explica González. La tala para leña clareaba el bosque, y la caza de ciervos y jabalíes eliminaba un competidor por el alimento. 'Sin embargo, ahora ha desaparecido la tranquilidad que necesita esta ave', añade el ornitólogo.

A la degradación del hábitat han ayudado también los vallados ganaderos, las pistas forestales que han permitido la colonización por los turistas, las minas a cielo abierto, las líneas de alta tensión o los parques eólicos. 'Por ahí se nos está yendo la especie', sostiene González.

Hay un problema de fondo que es el impacto del cambio climático. Los meses de verano son ahora más lluviosos y esto coincide con la etapa más crítica para las crías que, aún sin plumas para termorregular, están muy expuestas al frío. Esta es una de las causas de que el índice de reposición sea de apenas 0,4 pollos por pareja, muy lejos del necesario 2,1.

El programa de SEO/Bird-Life acaba este año, pero tiene su continuidad en el proyecto LIFE+, que con la participación de la Unión Europea, la Fundación Biodiversidad , los gobiernos autonómicos de la cornisa cantábrica, la organización conservacionista y la financiación de la Fundación Iberdrola, extenderá lo aprendido con El sonido del bosque para frenar el declive del urogallo cantábrico.

La semana pasada, los participantes presentaron la nueva web del programa para que el resto de la sociedad participe en el esfuerzo. 'Confiemos en que no hayamos llegado tarde', dice González.