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"No creo que nadie sostenga que el P2P es una mala tecnología"

Richard Owens. Director del área de gestión de ‘copyright' de la OMPI 

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El interés por la música llevó a Richard Owens (Georgia, 1956) a especializarse en temas de copyright cuando terminó sus estudios de Derecho. Tras trabajar para la USPTO, la agencia de patentes y marcas de EEUU, se incorporó a la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), con sede en Ginebra (Suiza), donde trabaja en la regulación de acuerdos que vinculan los derechos de autor y las nuevas tecnologías. 'Protegemos la creatividad', resume Owens. Desde su cargo actual, explica que una de las mayores dificultades es que 'no existe una ley internacional que regule la protección de la propiedad intelectual' y que, pese a que la OMPI realiza tratados, cada país decide si aceptarlos en su legislación. Owens ha visitado Gijón para participar en la Feria Gamelab.

¿Qué visión tiene la OMPI de los servicios de intercambio de archivos por Internet?

El gran desafío frente a los servicios de intercambio de archivos es que, en buena parte de los casos, los titulares de derechos de los contenidos que ofrecen no han autorizado su distribución. No creo que haya nadie que sostenga que el P2P no es una buena tecnología para la difusión de la cultura. El reto, desde el punto de vista legislativo, es que no existen normas internacionales que cubran la responsabilidad de los intermediarios que participan en la puesta a disposición de obras protegidas.

¿Y cómo plantean solucionar esa situación?

Hay que crear una legislación internacional que defina los pasos que se deben seguir cuando se utilizan ilícitamente los contenidos. Pero el problema es aún mayor, porque lograr la autorización de los titulares de derechos implica desplegar un buen sistema que incluye el precio, la entrega de ese contenido o interoperabilidad de software y hardware, y hay que decidir quién lo va controlar. Desde nuestro punto de vista, obtener autorización para distribuir los contenidos es beneficioso para todas las partes. Lo que nos preocupa es el futuro de la creación, no el presente. La calidad de los productos culturales descenderá si no hay una protección de los creadores.

¿Se puede establecer un equilibrio entre los derechos de los creadores copyright y el acceso libre a la cultura?

El acceso a la cultura no implica automáticamente un pago por derechos de autor. Buena parte de la cultura no está protegida, es de dominio público, bien porque se agotó su tiempo de protección o porque fue registrada de ese modo. La OMPI no cree que la utilización de contenidos protegidos con derechos de autor deba ser realizada sin autorización, algo que es distinto de pagar o no. Todo creador debe tener el derecho a decidir qué licencia quiere que tengan sus obras, ya sea copyright o copyleft [un tipo de licencia que permite la distribución de la obra bajo ciertas condiciones], y es algo que debe ser respetado.

¿Qué le parece el registro de obras copyleft?

Se están haciendo muchos avances en este sentido. Existe la idea de que siempre se registra para imponer restricciones, pero la OMPI también registra obras para que quede constancia de quién es su autor, que decide que éstas sean de libre distribución.

¿Se plantean algunas exenciones al copyright?

Sí. Ahora en la OMPI estamos trabajando en el área de limitaciones de los derechos de autor. Pero es un tema complejo. ¿Qué tipo de contenidos son los que estarían exentos? ¿Música, letras, código d? ¿Y con qué fin? ¿Educativo, para colectivos desfavorecidos? Es complicado porque hay que conciliar la postura de los creadores, que es probable que pierdan parte de sus derechos de explotación, con la de, por ejemplo, bibliotecas. A ello hay que agregar la falta de información, que impide que alguien sepa quién es el creador de una obra o cómo puede ponerse en contacto con él. Del otro lado están las redes de intercambio de archivos, que ofrecen la descarga de esos contenidos sin remuneración para el creador, lo que tampoco es positivo. La clave está en el equilibrio entre protección y acceso, un tema que toca a todo tipo de industrias, y que es difícil de lograr.

¿Por qué es importante que exista un registro público de las obras?

En los países donde ese registro existe y funciona bien se constituye como una prueba de la creación de la obra, lo que reconoce al titular de los derechos. Pero además, si existe un registro accesible al público, la gente puede saber quién es el titular de esos derechos y cómo debe actuar, por ejemplo, antes de lanzar un producto similar, a título informativo. Si las obras incluyen metadatos, se tendrá un mayor control sobre ellas.

Hay un gran debate sobre si registro de patentes que se realiza en EEUU, fomenta la innovación...

En los órganos permanentes de la OMPI se discute cómo debe ser una patente, hasta qué detalles se pueden registrar. El freno o el fomento de las patentes depende de cuál sea la industria, el producto, la tecnología y el país. EEUU concede muchas patentes, y hay un fuerte debate sobre la calidad de las mismas. Nosotros trabajamos para que alguien que quiere registrar algo sepa a través de nuestras bases de datos si otra persona lo ha hecho con anterioridad y en qué país, de forma que sepa dónde podría iniciar la explotación de ese producto.