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Un telefonazo basta para salvar miles de rapaces

Un estudio prueba un método eficiente para evitar que las eólicas maten aves

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Cada año mueren en España entre seis y 18 millones de aves y murciélagos golpeados por las aspas de los molinos eólicos, según el estudio más fiable sobre la materia, realizado por SEO/Birdlife. Entre gorriones y vampiros, también caen cientos de aves protegidas y en peligro de extin-ción. Se trata, por tanto, de una de las mayores piedras en el zapato de este sistema de producción de energía que pretende ser limpia, sin plumas de aves estampadas contra sus hélices como mosquitos en el parabrisas.

Afortunadamente, este grave problema de la energía eólica española puede tener una sencilla solución que ayude a evitar la muerte de miles de animales al año sin perjudicar la producción de energía de los parques eólicos. Tan simple como un telefonazo. Sobre el papel, un sistema de vigilancia para frenar las aspas al paso de aves protegidas parecía interesante. Ahora, se ha probado que es realmente eficiente sin perjudicar las inversiones de las empresas eléctricas que tienen repartidas por España casi 18.000 aerogeneradores.

Reduce un 50% la mortalidad y sólo un 0,07% la producción de electricidad

Un equipo de investigadores del departamento de Conservación de la Estación Biológica de Doñana acaba de publicar un estudio en el que pusieron a prueba el método de parada selectiva de los molinos cada vez que hubiera riesgo de colisión con buitres leonados. Y el resultado es más esperanzador: se redujo el número de aves muertas en un 50%. Realizado en los parques eólicos de Tarifa (Cádiz) con la colaboración de la Fundación Migres, el estudio comparó la mortandad de este animal en el periodo 2006/2007, sin vigilancia que alertara de la presencia de estas rapaces, y el de 2008/2009, en el que se introdujo este sistema. En los diez parques estudiados, con 244 turbinas en total, se pasó de recoger 114 cadáveres de buitres leonados a los pies de los molinos en el primer periodo a únicamente 58 en el segundo.

El sistema es simple: cada vez que se observa a un grupo de buitres, o a uno de ellos, volando en dirección a uno de estos aerogeneradores, se llama al operador del parque eólico para que detenga los molinos afectados. 'Ahora se está empezando a trabajar también con tabletas para agilizar el proceso y que se envíe la orden apretando un botón', explica la responsable del estudio, Manuela de Lucas. Según cuenta esta investigadora del CSIC, los vigilantes reciben varias clases para identificar estos animales en vuelo y para saber identificar qué trayectorias de vuelo son susceptibles de entrañar riesgo para sus vidas. 'Al principio, algunos de estos empleados se muestran un poco inseguros, porque creen que su decisión puede causar pérdidas a las empresas', narra De Lucas.

Se prepara a los vigilantes de los parques para observar los cielos

Sin embargo, este trabajo recién publicado en Biological conservation demuestra que las pérdidas son residuales: tan sólo se reduce un 0,07% la generación de energía eléctrica anual. En total, cada año se realizaron 4.408 paradas de turbinas, unas 18 por aerogenerador. Más concretamente, cada molino sólo tuvo que pararse una media de seis horas y 20 minutos al año para salvar a docenas de buitres leonados, una especie catalogada como De interés especial por la normativa española. Las aspas se ralentizan o se paran, en función de la situación, en apenas diez segundos.

La ventaja de esta medida es que no hay que destinar recursos para completar esta tarea: estos parques ya estaban obligados a tener encargados de la vigilancia ambiental en virtud de su declaración de impacto ambiental. 'Antes, sólo tenían que mirar si había bichos muertos en el suelo junto a los molinos para levantar un atestado', afirma la investigadora. Ahora, estos mismos vigilantes aprenden a mirar al cielo para evitar tener que recoger cadáveres en tierra.

'Es la única medida que se ha comprobado verdaderamente eficiente para que sea compatible salvar aves con los intereses del promotor del parque', resume De Lucas. En la actualidad, están trabajando en automatizar más aún este proceso, mediante cámaras de vídeo que sean capaces de detectar grandes aves y trayectorias de vuelo peligrosas.