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Tenerife rescata el primer laboratorio de primates del mundo

Las isla lanza un plan para salvar el lugar donde se fundó en 1913 el centro pionero en la investigación de la inteligencia de los grandes simios. Los experimentos de la Casa Amarilla inspiraron el trabajo de Jane Goodall

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Para los lugareños era el huerto de los machangos, como llaman en Canarias a monos, muñecos y zopencos. Un lugar del que sabían muy poco, salvo que veían a un grupo de chimpancés jugando entre gallinas en el interior del recinto vallado. Los alemanes que fundaron el centro en 1913 y llevaron allí a los simios lo llamaron Centro de Antropoides de Tenerife, el primer laboratorio que investigó el comportamiento de chimpancés y orangutanes. Ahora, tras décadas de deterioro que casi la tumban, la Casa Amarilla, como la conocen todos, será rescatada gracias a la voluntad de las administraciones y la comunidad científica.

La casona, con más de un siglo de vida y que está a punto de caerse, es un lugar emblemático para psicólogos, etólogos y primatólogos, que la consideran un referente científico y todo un hito para el desarrollo de muchas teorías y trabajos posteriores. Derrumbada en su interior por culpa de un negligente cuidado de los dueños y un incendio que la arrasó en 2008, ni siquiera una declaración de Bien de Interés Cultural había evitado su decadencia. Cuando más cerca está de su final, parece que el lugar resucitará para recuperar parte del vigor científico del que gozó.

Hace 99 años, un grupo de científicos alemanes comenzó a buscar la forma de estudiar por primera vez el parentesco entre hombres y monos, sobre todo en el ámbito del comportamiento y la inteligencia. Muy influenciados por Darwin y el nacimiento de la psicología, la Academia Prusiana de Ciencias de Berlín buscó el mejor lugar en el que probar que, si la Evolución era cierta, la mejor manera de entender la mente era estudiando cómo ha evolucionado. Tenerife reunía las mejores condiciones: tenía un clima propicio para los primates, que viajarían desde Camerún -colonia alemana en la época- y además estaba en una isla no muy alejada de los hogares de los científicos.

Un consorcio de administraciones reconstruirá la casa para alzar un museo

Hoy, el único animal que se pasea por el huerto es el perro guardián que custodia el solar para sus dueños, Canary Property, una promotora inmobiliaria que ha peleado durante años para que el lugar no fuera protegido como patrimonio histórico. Pero hace un siglo habitaron sus instalaciones seis chimpancés y dos orangutanes, observados por los investigadores alemanes y atendidos por el trabajador de un hotel local, Manuel González, que al poco sería conocido como 'el de los machangos'. Allí, como las ratas de Skinner y los perros de Pavlov, los monos de Wolfgang Köhler se con-vertirían en mayúsculos protagonistas de la ciencia.

'El entendimiento que Köhler poseía de la psique de los chimpancés era verdaderamente brillante', escribió Jane Goodall, Príncipe de Asturias de Investigación. Y añadía: 'Cuando llegué a la selva en 1960, Experimentos sobre la inteligencia de los chimpancés era mi Biblia'. Goodall, considerada la mayor experta en primates hoy en día, se refería a una de las obras cumbre de Köhler, escrita a partir de sus experimentos en su laboratorio de Tenerife.

Por eso, la primatóloga lleva décadas clamando para que se recupere este lugar, sagrado para ella, al que acudió hace dos meses para insistir en la importancia de su legado. 'Es increíble pensar que en Tenerife se llevaron a cabo los primeros estudios sobre la psicología de estos animales', aseguró, antes de recordar que ella levantó su trabajo en Gombe (Tanzania) a partir de los 'increíbles resultados' logrados en la Casa Amarilla.

El impulso definitivo para rescatar ese espacio se ha empezado a dar estos días. En noviembre pasado, se puso en marcha el consorcio de urbanismo para la recuperación del Puerto de la Cruz -localidad tinerfeña en la que se ubica el solar- con la intención de relanzar su modelo turístico. Lo primero que hizo su gerente, Fernando Senante, fue reunirse con los divulgadores de la Asociación Wolfgang Köhler, que llevan peleando por recuperar su memoria desde 1992, y con la Universidad de La Laguna (ULL) para firmar un convenio que vincule ambos organismos en el proyecto de futuro de la Casa Amarilla.

La observación de los monos ayudó a revolucionar la psicología

'Las conversaciones están muy avanzadas; nuestra intención es tener en el Puerto de la Cruz un espacio emblemático de divulgación de las experiencias científicas que tuvieron lugar allí', afirma Senante, que todavía tiene que atar los detalles del convenio de cesión del suelo que suscribirá con los propietarios del suelo. Estos podrán edificar, y la ciudadanía recuperará un espacio para la difusión del conocimiento científico en forma de Museo de Primatología. Desde la ULL plantean incluso la posibilidad de aprovechar el impulso para crear en el lugar un centro de investigación de neurociencias.

Toda la tecnología que necesitaron hace un siglo en el centro de antropoides fue un cronómetro, una cámara fotográfica y un cinematógrafo. Además de los trabajos escritos por Köhler y sus colegas, gracias a esos aparatos han llegado hasta nuestros días fotografías y vídeos fascinantes sobre los retos intelectuales que resolvían los primates.

'Al principio, los experimentos que se realizaron con los chimpancés se centraron en el lenguaje, porque esa era la especialidad del primer director asignado por la Academia Prusiana para el centro, Eugen Teuber', relata Melchor Hernández, uno de los mayores conocedores del legado de la Casa Amarilla, y uno de los fundadores de la Asociación Wolgang Köhler.

Durante el primer año de funcionamiento del laboratorio, Teuber describió el repertorio de comportamientos de los chimpancés como vocalizaciones, gestos, juegos y uso de objetos, aunque se centró especialmente en conductas inteligentes como la capacidad de servirse de instrumentos. Con la llegada de Köhler a la dirección, el trabajo se haría mucho más sistemático a partir de 1914, fijando la prioridad en la percepción y la inteligencia de estos animales.

'Con sus estudios, Köhler puso en Tenerife uno de los pilares que levantan la psicología de la Gestalt', afirma el profesor de Psicología de la Universidad de La Laguna Carlos Álvarez. Al observar cómo actuaban los chimpancés ante los retos, Köhler comprobó que 'el todo es diferente a la suma de las partes', como defienden los gestaltistas.

En la toma de decisiones de los simios, como cuando querían alcanzar unos plátanos ayudándose con unas cajas, había algo más que ensayo y error. 'Köhler observó que de pronto se les encendía una bombillita a los monos, que había algo más dentro de su cerebro aparte del estímulo recibido', explica Álvarez, interlocutor de Senante en el proyecto de recuperación.

Los estudios que allí se hicieron fueron 'la Biblia' de la famosa primatóloga

Todo iba sobre ruedas en la investigación, pero el estallido de la I Guerra Mundial pronto se dejó notar. Köhler fue acusado por la colonia británica de la isla de estar aprovechando su situación para hacer labores de espionaje para Alemania. Esta denuncia, que sigue sin aclararse, se apoyaba en que el científico alemán construyó su propio aparato de radiotransmisión cuando las conexiones de su país estaban cortadas. La derrota germana complicó definitivamente la vida y el trabajo del psicólogo, que abandonó Tenerife en 1920. La dura derrota había dejado las arcas alemanas sin dinero para financiar proyectos como el del centro de antropoides.

Manuel el de los machangos, que se encargó de mandar los monos a Alemania, recibió en 1921 una carta de Köhler, recién nombrado director del Laboratorio de Psicología en la Universidad de Berlín tras sus éxitos tinerfeños. En ella daba cuenta de la muerte de uno de los chimpancés y anunciaba: 'Resulta que ahora Rana está preñada y puedes imaginar que le deseamos la mejor suerte y fortuna en el parto'. Tres meses después, Rana daba a luz en el zoo de Berlín al primer ejemplar de chimpancé nacido en cautividad. Sultán, el chimpancé que más tiempo vivió tras abandonar la huerta de los machangos, moriría dos años más tarde.