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El tren nuclear desata el fervor ecologista alemán

Más de 20.000 personas, según datos de la policía, se suman a la marcha en contra las políticas de Merkel y el almacenamiento de residuos en Gorleben. El convoy entra en Alemania entre incidentes violentos aislados

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La llegada de un tren con 123 toneladas de residuos radiactivos a Alemania desató ayer una de las mayores protestas antinucleares que ha vivido el país.

La manifestación congregó en Dannenberg, al noreste del país, a 50.000 personas según los organizadores (20.000 según la policía). Clamaron en contra del almacenamiento de los residuos en el depósito cercano de Gorleben y la reciente decisión del Gobierno de la canciller Angela Merkel de ampliar la vida de las centrales nucleares hasta 2033.

El convoy de residuos, que salió el viernes de La Hague (norte de Francia), continuaba ayer su marcha de unos 1.300 kilómetros para llegar a la línea de meta: el almacén provisional de Gorleben, excavado en los depósitos de sal de una antigua mina. Aunque oficialmente no se le espera hasta mañana, las manifestaciones de ayer invadieron todo el sur del país.

Los activistas comenzaron a congregarse al mediodía en Splietau, cerca de Dannenberg. Pronto rozaban los 10.000. Los presidentes de Los Verdes, Claudia Roth y Cem Özdemir, fueron de los primeros en llegar a la protesta, a la que se desplazó una caravana de 600 tractores. Gregor Gysi, el líder de La Izquierda, conducía el suyo, de color naranja.

'Merkel ha provocado a la sociedad prolongando la vida de las nucleares y esta es la respuesta que le da la gente', clamaba el dirigente de Los Verdes Juergen Trittin durante la jornada de protesta.

Es la mayor movilización en 30 años, según los organizadores

Desde el Gobierno, la secretaria de Estado para el Medio Ambiente, Katherina Reiche, tachó de 'protesta barata' las acciones contra el convoy, informa Efe.

Unos 2.000 activistas concentraron sus fuerzas en el municipio de Berg, justo en la frontera franco-alemana. Se acercaron sin miedo, burlaron la barrera policial y ocuparon las vías para detener al tren. El convoy tuvo que cambiar en el último minuto su ruta y rodear la frontera hacia el estado de Baden-Württemberg, para lo cual tuvo que tomar una de las dos vías alternativas que se le ofrecían, pasando por el pueblo de Kehl. Esta maniobra, que ha hecho perder tiempo al convoy, además de modificar su ruta, fue vista como un gran éxito por los ecologistas del sur de Alemania, según aseguraron varios portavoces de iniciativas ciudadanas.

El convoy había logrado cruzar la frontera entre Francia y Alemania alrededor de las 14:00 horas a pesar de tener que desviarse por la oposición de los activistas galos. De la operación de bloqueo de ayer en Caen, siete militantes, uno de ellos alemán, fueron detenidos. Tres de los que se encadenaron a las vías resultaron heridos por quemaduras de los sopletes empleados por la policía y tuvieron que ser hospitalizados, informa Andrés Pérez.

Ya en el lado alemán, tres miembros de Greenpeace se descolgaron de un puente por el que debía retomar su viaje el convoy. El plan era obligarlo a dar rodeos para alargar la llegada. No obstante, sin muchos esfuerzos, los agentes consiguieron desalojar a los activistas y, tras cuatro horas de parada por maniobras, el tren continuó su travesía, afirmaba una portavoz de la policía federal en Coblenza.

En Dannenberg, la manifestación principal llegaba a su punto álgido. La que en la década de 1980 fuera República Libre de Wendland, un poblado de casas de madera erigido en protesta por el depósito de residuo de Gorleben, bullía con pancartas y banderas que rezaban 'Frenemos esta locura'.

En la retaguardia, los activistas, ataviados con máscaras de Angela Merkel y Guido Westerwelle, ministro de Exteriores, repartían plátanos con el lema 'Esto es una república bananera'. Y en el escenario, el jefe de la división internacional de Greenpeace, Kumi Naidoo, gritaba: '¡La basura atómica es amoral y peligrosa!'.

El Gobierno conservador tacha la manifestación de 'protesta barata'

'Desde hace cincuenta años producimos esta basura sin saber dónde la podemos almacenar', clamaba la presidenta de la plataforma ecologista ciudadana Lüchow-Dannenberg, Kerstin Rudek. Todo apuntaba a que las plegarias que el viernes lanzaba el ministro alemán de Medio Ambiente, Norbert Röttgen, que pidió a los manifestantes actitudes pacifistas, se hacían realidad.

Sin embargo, los primeros choques no tardaron en llegar. Los más de 16.000 agentes de policía que han conformado el mayor dispositivo policial desde 2001 redujeron con porras, gas lacrimógeno y aerosoles de pimienta a 150 activistas que les lanzaron piedras e intentaron cavar un agujero para detener la llegada de la caravana de residuos.

El objetivo de las autoridades es garantizar la llegada de los residuos al almacén, pero también asegurarse de que el conflicto no termine como sucedió en las manifestaciones de este año contra la construcción del proyecto ferroviario Stuttgart 21, donde los agentes cargaron con cañones de agua y cientos de ecologistas resultaron heridos.

Los congregados en Dannenberg, por su parte, insisten en exigir al Gobierno que busque un lugar de almacenamiento de basura nuclear alternativo. Rechazan frontalmente el plan nuclear de la coalición de Angela Merkel para usar las 17 plantas nucleares alemanas 12 años más de lo previsto, anulando el cierre definitivo ordenado en 2001 por socialistas y verdes. 'Las amplias protestas muestran que la ciudadanía no tolera una política de clientela para con los consorcios de energía atómica a cambio de su seguridad', declaran de forma rotunda los grupos ecologistas que organizaron la manifestación.

Aunque su horario y trayecto es secreto, el tren, compuesto por 14 vagones y 308 contenedores, se espera en Danneberg hoy por la noche. Desde aquí, los residuos serán llevados en camiones hasta la antigua mina Gorleben, a unos 20 kilómetros.