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Un 'tsunami' creado por estrellas recién nacidas

Se observan por primera vez olas causadas por el viento estelar

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Un grupo de investigadores españoles narra hoy en uno de los principales teatros de la ciencia, la revista Nature, la increíble historia de unos recién nacidos. Los bebés están creciditos: son estrellas masivas con un tamaño similar al de ocho soles.

La historia transcurre en la nebulosa de Orión, una inmensa nube de moléculas situada debajo del cinturón del guerrero que dibujan las tres estrellas características de la constelación. La nebulosa es vecina de la Tierra en el interior de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Si el último emperador romano, Justiniano I, hubiera salido de la Tierra en el año 510, a bordo de una nave que viajara a la velocidad de la luz, estaría llegando ahora a Orión. Esa distancia, en la infinitud del espacio, equivale a estar a tiro de piedra. Está tan cerca y es tan brillante que se puede observar a simple vista en una noche despejada.

La nebulosa de Orión es una fábrica de estrellas. Allí, las moléculas de hidrógeno y de monóxido de carbono se acumulan por la acción de la gravedad y acaban generando estos astros, como la carne picada forma las albóndigas.

Es la primera vez que se observa que el viento estelar forma olas.

Los investigadores, del Centro de Astrobiología (perteneciente al CSIC y al Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial) han descubierto que las estrellas recién nacidas soplan a la nube en la que acaban de germinar, provocan olas y consiguen fragmentarla. Y en cada nuevo rabo de nube puede nacer otra estrella, si la materia colapsa. En otras palabras, los bebés provocan un tsunami en el que surfearán los embriones de una segunda generación de estrellas.

'Estas olas son efecto de las inestabilidades mecánicas en la superficie de contacto entre dos fluidos: los restos de la nube molecular madre y los vientos estelares que generan las estrellas masivas recién formadas', explica Nuria Marcelino, una de las autoras del estudio. Las olas son muy similares a las que se pueden ver en los mares de la Tierra, pero en este caso el viento que las mueve está compuesto por fotones, las partículas emitidas por la protoestrella, y el océano es la sopa de materia que flota en el espacio.

Es la primera vez que se observa que el viento estelar forma olas. El ojo que lo ha visto ha sido el radiotelescopio de 30 metros de diámetro del Instituto de Radioastronomía Milimétrica en Sierra Nevada, en Granada.