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La vacuna de la malaria podría comercializarse en 2015

Pedro Alonso espera que el precio ronde los "cinco o seis dólares"

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Diez mil niños africanos están vacunados contra la malaria gracias a una candidata en fase de pruebas, que se está ensayando en 6.000 recién nacidos más y se tendrá que someter a la aprobación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a finales de 2014. El doctor Pedro Alonso, director del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y responsable del proyecto, se mostró ayer confiado en que la vacuna podría empezar a desplegarse en África en 2015, tras cinco años de pruebas, aunque matizó que 'la cuestión es quién lo paga'.

Después de 25 años de inves-tigación y desarrollo, nunca se había estado tan cerca como ahora de encontrar una vacuna que, sin embargo, no culmina el proceso de prevención de la malaria. Alonso explicó ayer en Barcelona que ese proceso es complicado. La secuencia de desarrollo de una vacuna es 'más compleja que la de un fármaco, y muchísimo más en el caso de la malaria', contó el científico. Son dos grandes factores los que dificultan este proceso. En primer lugar está el hecho de que no exista un modelo animal que reproduzca la infección en el humano. Contra lo que es habitual, según explica Alonso, en el caso de la malaria, 'la única manera de saber si algo funciona es probándolo en humanos'. El otro factor clave es que no está establecido el nivel de protección, es decir, no se sabe 'qué anticuerpos protegen de la infección. Da un poco de vergüenza confesar que en 2012 aún estamos en este estadio', añadió el experto.

Las pruebas aseguran una eficacia del 50% durante 42 meses

Por todas estas dificultades, la vacuna de la malaria 'se ha considerado durante muchos años el grial de la ciencia médica', según el experto. El responsable del proyecto contó ayer, entre risas, que publicó en 2004 los resultados del primer ensayo de vacuna sólo días después de que el inmunólogo y premio Nobel Rolf M. Zinkernagel publicara un artículo 'diciendo que era científicamente imposible crear una vacuna para la malaria o el sida'.

Alonso asegura que 'esta primera vacuna podría demostrar que no es una quimera'. La candidata tiene un nivel de éxito del 50% en los niños de 5 a 17 meses, y una eficacia de al menos 42 meses. Es un gran avance, pero Pedro Alonso remarca que los usuarios de esta primera vacuna serían 'una primera generación' y que aún quedaría camino hasta el 'objetivo final'.

Sobre el coste del tratamiento, Alonso insistió en que no es 'la persona adecuada' para hablar sobre este tema, pero aseguró que el presidente de GlaxoSmithKline, la farmacéutica implicada en el proyecto, se comprometió a comercializarla por el precio de coste más un 5%. 'Nos gustaría pensar que será producida por cinco o seis dólares', destacó el científico. El también director de ISGlobal insistió en que 'recortar en cooperación internacional es una mala política, ya que cada euro que se invierte en salud global salva vidas', y añadió que la crisis económica no debería ser 'una excusa para recortar en solidaridad'.

El investigador recuerda que queda saber 'quién lo paga'

Otra cuestión pendiente es que la vacuna sólo previene las infecciones por contacto con el parásito Plasmodium falciparum y no con Plasmodium vivax, el otro gran causante de la enfermedad. Alonso aclaró que el caso de vivax es especialmente difícil, porque no se puede reproducir en laboratorio. Su equipo trabaja en el Amazonas, encargado de recoger muestras en personas infectadas con vivax. Aunque este parásito 'no afecta a las personas de raza negra' y representa poco más del 20% de casos de malaria, no es en todo caso una cifra menospreciable, según Alonso.

Un estudio publicado recientemente en The Lancet cifra en 1,2 millones las personas muertas por malaria, casi el doble de los cerca de 700.000 que calcula la OMS. Alonso explicó ayer que, teniendo en cuenta el margen de error de ambos estudios, los datos no muestran 'nada distinto' sino el uso de 'otra vara de medir'. Por esa razón, el investigador remarcó la importancia de la implantación de un protocolo por la OMS.