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Vacunas de azúcar para resistir el calor

Un estudio detalla un método para conservar fármacos sin necesidad de hielo

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Las vacunas del futuro podrían ser como caramelos. No necesitarán frío y costarán unos céntimos de euro. Así lo explica a Público Matthew Cottingham, de la Universidad de Oxford (Reino Unido). Su equipo acaba de desarrollar un nuevo método de transportar vacunas que no necesita frío para aguantar temperaturas tropicales. Logra que una vacuna resista temperaturas de hasta 45º durante seis meses, algo nunca visto.

Vencer al calor es un paso casi tan importante para erradicar el sida o la malaria como desarrollar futuras vacunas. Antes de salvar a los enfermos de esas dolencias, los médicos deben salvar a los virus modificados que portan la clave de la inmunización. Si no hay nevera que proteja al virus, no hay vacuna. Esto no presenta un problema en el mundo occidental, pero sí en países de África y Asia, donde las temperaturas son altas y las neveras escasean hasta el punto de que, en muchas zonas, nadie ha visto aún una dosis de vacunación. En el mejor de los casos, la necesidad de refrigeración sube el precio del fármaco un 20%, según la OMS.

'Con nuestro método se podría acceder a las áreas donde hasta ahora no han llegado ciertas vacunas', comenta Cottingham. El ingenio se basa en la sucrosa el azúcar normal que se usa para endulzar un café y en otro compuesto del mismo tipo, la trehalosa. Los expertos las mezclaron con dos tipos de virus que se utilizan en vacunación, los adenovirus y los poxvirus. Dejaron reposar la mezcla en un filtro con fibras y esperaron a que se evaporase todo el agua. El resultado es 'un cristal sólido de azúcar que contiene el virus inmovilizado', explica Cottingham.

El cristal puede empaquetarse y enviarse a cualquier rincón del mundo, continúa. Una vez llegado a su destino, se vuelve a añadir agua y se inyecta la solución. Si no han pasado más de seis meses y la temperatura no ha subido de los 45º, la vacuna seguirá siendo efectiva. Si además el termómetro no ha subido más de 37º, el fármaco puede aguantar hasta un año en su envoltorio de azúcar.

Cottingham dice que el sistema podría funcionar con vacunas actuales como la del sarampión o la fiebre amarilla. Pero su objetivo es en realidad usarlo para la nueva generación de vacunas contra la malaria, el sida y la tuberculosis, que aún están en desarrollo. Muchos de estos tratamientos utilizarán adenovirus o poxvirus para inocular el tratamiento, por lo que necesitarán neveras o sistemas nuevos como el suyo para llegar intactos a los países en desarrollo, donde vive la mayoría de las personas que sufren esas enfermedades.

El equipo, que ha recibido una subvención de diez millo-nes de dólares de la Fundación Bill y Melinda Gates, quiere probarlo en ensayos clínicos. 'Esperamos combinar el sistema con una vacuna potente', dice Cottingham. Con suerte, será en cinco años. Con algo menos, en 20, señala. 'Creo que se podrá producir en cadena y que la inmunización costará sólo unos céntimos', aventura.