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Vejigas llenas, bostezos de tortugas y suspiros ganan los 'Ig Nobel'

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Un estudio que afirma que tener la vejiga llena afecta a la capacidad de tomar decisiones, otro sobre el contagio del bostezo en las tortugas de patas rojas y un tercero para tratar de entender por qué la gente suspira ganaron hoy los premios Ig Nobel. Los galardones, promovidos por la revista Anales de Investigación Improbable como alternativa divertida a los Nobel, se entregaron anoche en EEUU en la Universidad de Harvard.

Un equipo de investigadores de varias universidades se llevó el Ig Nobel de Medicina por un estudio según el cual tener muchas ganas de orinar afecta a la capacidad del ser humano para tomar una decisión. Mientras, Ana Wilkinson, de la Universidad de Lincoln en el Reino Unido, y Natalie Sebanz, de la Universidad de Radboud Nijmegen en Holanda, fueron recompensadas con el Ig de Fisiología por la investigación titulada 'No hay evidencia de contagio del bostezo en las tortugas de patas rojas'.

Karl Halvor Teigen, de la Universidad de Oslo, ganó en la categoría de Psicología por un estudio para 'tratar de entender por qué la gente suspira' y el de Literatura fue para John Perry, de la Universidad de Stanford, por su Teoría de la Dilación Estructurada. Esa teoría sostiene que para ser un 'gran triunfador' hay que trabajar siempre en algo importante y usarlo como forma de evitar hacer otra cosa aún más importante.

Daryll Gwynne y David Rentz recogieron el Ig de Biología por descubrir que ciertos tipos de escarabajos tratan de aparearse con ciertos tipos de botellas de cerveza australiana, mientras que el de Física se lo llevó un estudio para tratar de determinar por qué los lanzadores de disco se marean y los de martillo no. El de Matemáticas recayó en un nutrido grupo de videntes cuyas prediccones sobre el fin del mundo no se han cumplido, por enseñar al mundo que hay que ser cuidadoso al hacer suposiciones y cálculos matemáticos.

Y el Ig Nobel de la Paz lo ganó Arturas Zuokas, alcalde de Vilna (Lituania), por demostrar que el problema de los coches mal aparcados tiene solución: aplastarlos con un tanque.