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Víctimas del calor y la caza

Científicos españoles atribuyen la extinción del mamut al cambio climático y al hombre

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La extinción de los mamuts lanudos, parientes de los elefantes que poblaron Eurasia y Norteamérica durante unos 300.000 años hasta su extinción hace casi 4.000, ha mantenido enfrentados a los científicos defensores de dos hipótesis: unos afirman que estos animales fueron víctimas del calentamiento global posterior a la última glaciación, mientras que la otra corriente argumenta que fueron los cazadores humanos los que acorralaron a la especie hasta su desaparición.

Un estudio publicado por científicos españoles en la revista PLoS Biology y cofinanciado por la Fundación BBVA viene a poner paz en el debate, ya que sus conclusiones resultarán satisfactorias para unos y otros. Según el trabajo, dirigido por el biogeógrafo David Nogués-Bravo, del Museo Nacional de Ciencias Naturales (del CSIC), no hay necesidad de pelea entre los partidarios de uno y otro factor. La respuesta es que ambos se combinaron: los cambios en el clima redujeron progresivamente el hábitat del mamut en Eurasia hasta límites casi insostenibles, mientras que la caza asestó el “golpe de gracia” a este icono de la prehistoria.

Predecir el pasado

Los resultados obtenidos por Nogués-Bravo y sus colaboradores son representativos de la potencia de una metodología que en los últimos años se ha extendido a todas las áreas de la ciencia: los modelos de simulación, que permiten formular predicciones a partir de la combinación de gran número de datos sobre distintos enfoques del problema.

En este caso, se trataba de predecir el pasado; los investigadores partieron del análisis de evidencias paleoclimáticas, que dibujan la evolución de temperaturas, precipitaciones y vegetación a lo largo de un periodo en el continente euroasiático. La ventana elegida por Nogués-Bravo arranca en el último periodo interglacial, hace 126.000 años, continúa a través de la última glaciación, y finaliza con la transición a un clima más cálido y húmedo en el Holoceno medio hace 6.000 años, poco antes de la extinción del Mammuthus primigenius. Los autores combinaron estos datos con el registro fósil para construir el envoltorio climático de la especie.

El resultado es un mapa que muestra cómo varió el hábitat ideal del mamut durante este marco temporal. Al comienzo del periodo, el área óptima para los proboscídeos lanudos había quedado reducida a apenas 300.000 km2 –la superficie de Italia– en las costas árticas de Siberia y Escandinavia. Sin embargo, la especie logró sobreponerse y la entrada de la nueva glaciación multiplicó sus dominios naturales hasta los 8,1 millones de km2 hace 42.000 años. En su declive, hace 6.000 años, el hábitat había menguado de nuevo, pero se mantenía en 800.000 km2. Sin embargo, llevado de nuevo al borde de la extinción, esta vez el mamut sucumbió. Algo había cambiado: el hombre.

La población de Homo sapiens fue conquistando latitudes más septentrionales, lo que presumiblemente aumentó su interacción con los mamuts. El modelo de Nogués-Bravo predice que el “golpe de gracia” ni siquiera necesitó una actividad frenética de caza; bastó con que cada humano abatiese como máximo un mamut cada tres años para que los gigantes lanudos desaparecieran para siempre.



Entrevista a David Nogués-Bravo, científico del CSIC  

Es costumbre imaginar a los humanos cazando mamuts, pero, ¿hay pruebas de que esto ocurriera?

En realidad hay pocas evidencias directas de caza de mamuts por humanos, pero desde luego había coexistencia.

¿Qué añade su trabajo a los estudios que han apoyado una de las dos hipótesis?

El valor de nuestro trabajo está en combinar una gran cantidad de datos, tanto paleoclimáticos como del registro fósil, con estimaciones de densidades humanas. Nuestros resultados proponen una hipótesis intermedia que integra las dos corrientes, un efecto combinado del cambio climático y el impacto antrópico [del ser humano].

¿De dónde procede la idea de aplicar este método?

Mi trabajo anterior empleó una metodología parecida para el estudio de la extinción de especies debida al cambio climático actual. La diferencia es que lo hemos aplicado a una extinción del pasado.

¿Es la primera vez que esto se aplica al pasado?

Ha habido antes algún otro intento, pero podemos decir que es la primera vez que se hace con un sistema de datos tan completo.

¿Su trabajo descarta la posible intervención de otros factores?

El impacto humano fue mayor al restringir la distribución de la especie, pero no excluimos que la disminución de la población pudiera implicar otros factores, por ejemplo genéticos o de enfermedad.

¿Qué nos predicen sus modelos sobre extinciones actuales por el cambio climático?

El cambio climático incide en algunas especies, pero es especulativo hablar de extinciones, que sí pueden llegar a largo plazo.

¿Y a otros casos del pasado?

El modelo podría servir, por ejemplo, para clarificar por qué se extinguieron los neandertales.