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La vida gana a la guerra en Afganistán

Conservacionistas detectan importantes poblaciones de grandes mamíferos tras más de 30 años de conflicto. A pesar de la falta de seguridad, han fotografiado osos, lobos o al esquivo leopardo de las nieves

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El último estudio fiable de la vida animal en Afganistán tuvo lugar dos años antes de que los soviéticos invadieran el país, en 1979. Desde entonces, aquel país no ha vivido un año de paz. Y su medio ambiente, tampoco. Tras la retirada soviética vino la guerra civil entre las facciones de la resistencia, hasta que una de ellas, los talibanes, se hizo con el poder, del que fue desalojado por una coalición occidental. Eso fue en 2001 y la guerra sigue hasta hoy. La buena noticia es que ahora, más de 30 años después, todavía hay animales salvajes que han sobrevivido a tanta destrucción.

La Sociedad para la Conservación de la Vida Salvaje (WCS, por sus siglas en inglés) es la única organización conservacionista que se ha atrevido a revisar cómo se encuentra una fauna que, antes de la guerra, era rica en grandes mamíferos. Los viejos censos hablan de osos negros asiáticos, varios tipos de cérvidos y cabras, como el marjor, la más grande del género Capra, lobos, chacales, zorros y varias subespecies de leopardo.

Pero con las guerras se acabó el imperio de la ley, llegó la ocupación por parte de la resistencia de los hábitats más alejados, o el hambre que obliga a los lugareños a esquilmar su entorno, por no mencionar la destrucción del entorno con bombas y cañonazos. Cualquier espectador, desde fuera, esperaría lo peor para los animales.

Sin embargo, la vida ha podido a la guerra. Los investigadores de la WCS llevan en Afganistán desde 2006 y vienen publicando una serie de hallazgos que alegran a cualquier conservacionista. El último, revelado este verano, ha sido la constatación de que aún hay leopardos de las nieves (Panthera uncia) en el país. Este felino, el más esquivo de todos, es uno de los más amenazados. Es perseguido por su piel, que venden a los turistas por mil euros, cazado por los pastores, y sus crías son capturadas para surtir los mercados de mascotas. Y a eso hay que unir la guerra.

En toda Asia no hay más de 4.000 ejemplares y, en tierras afganas, sólo se sabía de su existencia por algunos testimonios de lugareños. Sin embargo, como publicaron los investigadores en el Journal of Environmental Studies, miembros de WCS lo han localizado hasta en 16 puntos diferentes del corredor de Wakhan, al noreste del país.

'No es de extrañar que aún se conserve vida silvestre en Afganistán. Pero lo más sorprendente y gratificante ha sido encontrar que la mayoría de las especies de gran tamaño, naturalmente de baja densidad, todavía se encuentren en el país y, en algunos lugares, en un número aún decente', explica el director de WCS para Asia, Peter Zahler.

La noticia es todavía más relevante si se tiene en cuenta que se trata de animales que, por su tamaño, son un objetivo fácil y que necesitan de largos periodos de cría. Otro equipo de la WCS fijó su objetivo en la provincia de Nuristán, al este del país. Es una zona montañosa donde alternan bosques caducifolios con coníferas. En las zonas más altas, los árboles dejan paso a las llanuras alpinas. En estos 30 años, y según datos de la ONU, la zona ha perdido el 52% de su masa forestal.

«La reconstrucción afgana depende del medio ambiente», dice un experto

La lógica dice que algo similar debía haber pasado con los animales. No sería extraño, ya que otras guerras, como la de Vietnam, mermaron dramáticamente la fauna del lugar. Y aunque es muy posible que el número de ejemplares haya descendido, las especies afganas siguen resistiendo. Los conservacionistas han encontrado pruebas de la presencia de osos negros, lobos grises, cabras marjor, leopardos (subespecie diferente al de las nieves) y hasta rhesus, la única variedad de macaco que habita en Afganistán.

Los investigadores rastrearon una zona de 1.100 kilómetros cuadrados. Combinaron inspecciones sobre el terreno, la colocación de cámaras trampa y la recogida y análisis de heces. En proporción, los animales más abundantes son el puerco espín de India, el zorro rojo y un cánido, el chacal dorado. Pero la mayor sorpresa se la llevaron cuando, en una de las series de fotografías, aparecieron los ojos brillantes de una civeta de las palmeras, un carnívoro que nunca antes se había detectado en Afganistán. Hasta ahora y aún la página web de la Wikipedia lo incluye así su mapa de distribución lo circunscribía a India, parte del sureste asiático y el sur de China. Su trabajo de investigación ha sido publicado en la revista Oryx.

El estudio de todas estas especies podría hacer sido más exhaustivo de no ser por que la guerra aún continúa. Ningún investigador occidental puede pasearse con seguridad por los bosques y llanuras afganas. De hecho, 'todo el personal internacional que llega recibe instrucciónen múltiples aspectos de su seguridad en el país y debe seguir reglas muy estrictas en todo momento', explica Zahler. Además, siempre ha procurado contar con el plácet de los jefes locales.

Aun así, los trabajos de campo están siendo realizados por afganos. Para la expedición a Nuristán, por ejemplo, sólo se desplazó personal del Ministerio de Agricultura afgano, veterinarios de la Universidad de Nangarhar y lugareños conocedores de la zonas. Los expertos de WCS les entrenaron en el uso de la localización por satélite, las cámaras o la recogida de las muestras orgánicas. Con todo, las condiciones fueron muy precarias. Así, las heces se secaban al sol y se metían en bolsas de plástico antes de ser enviadas a Estados Unidos para, mediante un análisis de ADN, determinar cada especie.

El último estudio fiable se realizó dos años antes de la invasión soviética

La implicación de la población local ha sido fundamental para el trabajo de WCS. Y también para el futuro. Para Zahler, el mayor riesgo medioambiental no es la guerra en sí, sino lo que ella ha traído: el uso insostenible del medio. 'La ruptura de las normas y prácticas culturales después de 30 años de conflicto, junto con el escaso alcance o control del Gobierno, está provocando la degradación y destrucción en muchos lugares', sostiene el experto. Pero añade: 'Los cimientos para la reconstrucción de una sociedad agraria como la de Afganistán están en la gestión sostenible del medio ambiente, y las comunidades han aceptado nuestros esfuerzos para ayudarles a mejorar sus medios de subsistencia, al tiempo que protegen su futuro'.