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Los viejos emiten menos CO2

Las emisiones individuales aumentan a lo largo de la vida y sólo descienden a partir de los 65 años

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El envejecimiento puede influir en el cambio climático. Un análisis demográfico reciente revela que las emisiones de CO2 aumentan hasta la edad de 65 años, y entonces comienzan a disminuir. En países como EEUU, aunque el envejecimiento de la población dará lugar a un ligero aumento global de las emisiones de CO2 en los próximos cuarenta años, la tendencia a largo plazo indica que el aumento de la esperanza de vida se traducirá en una reducción de las emisiones.

El demógrafo Emilio Zagheni del Instituto Max Planck de Investigación Demográfica de Rostock (MPIDR) ha calculado la relación entre la edad y el promedio per cápita de emisiones de CO2. Este perfil se aplica a los ciudadanos de EEUU. Sin embargo, el modelo demográfico y económico desarrollado para el análisis es de validez universal y puede ser aplicado a otros países. 

La mayoría de los modelos de proyección de emisiones, como las realizadas por el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC), sólo tienen en cuenta el tamaño previsto de la población, pero no su composición por edades, que va a cambiar considerablemente a medida que aumenta la esperanza de vida. De acuerdo con las Naciones Unidas, la proporción mundial de personas mayores de 65 años crecerá del alrededor del 8% actual al 13% en 2030. 

El análisis de Zagheni sugiere que las sociedades con una participación cada vez mayor de personas de edad avanzada tienden a producir menos emisiones, al menos en los países desarrollados con patrones de consumo similares a los de los EE.UU. Esto es porque la gente parece que daña menos el clima después de los 65. 

Hasta que llegan a la edad de la jubilación, los humanos son unos emisores casi compulsivos de CO2. Los estadounidenses, por ejemplo, emiten unas 14,9 toneladas métricas (Tm3) al año. Pero a partir de ahí, las cifras bajan hasta las 13,1 Tm3 a los 80 años. Como el proceso de envejecimiento seguirá en las próximas décadas, la conjunción de los dos fenómenos llevarán a una reducción de las emisiones individuales mediado el siglo.

Para llegar a estos datos, el investigador relacionó el dinero dedicado a nueve productos y servicios generadores de CO2 con las distintas fases de la vida. Así, con el incremento de la edad, junto con los ingresos, los adultos de mediana edad vuelan y conducen con más frecuencia que los jóvenes. Pero a medida que las personas envejecen, esta tendencia cambia.

Los ancianos, además de contar con menos dinero para gastar, tienen una menor movilidad que se traduce en menores desplazamientos y, por tanto, emisiones. Sus gastos en ropa y combustibles baja, aunque aumenta el dedicado a la calefacción.

Eso sí, el proceso de reducción no se notará hasta que los hijos del baby boom alcancen la vejez, a partir de los años 30 de este siglo.