¡Muera el CD, viva la música!
Estamos de celebración: Internet se ha convertido hoy en la mayor garantía para una industria que se enfrenta a cambios radicales que la empujan a renovarse o morir
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DAVID SÁNCHEZ
Se ponga como se ponga la patronal discográfica, vivimos el momento de la historia con mayor acceso de la población a la música.
Mientras el mercado muta, las multinacionales patalean por los privilegios perdidos y otros tiburones aprovechan para hacer negocio.
La era digital no ha traído mayor calidad de escucha, pero sí nos ha puesto a todos una fonoteca en el bolsillo de los vaqueros.
Aquí repasamos los conflictos más candentes de la música popular actual: el acceso a los conciertos; la abundancia de festivales y la escasez de salas de conciertos pequeñas; la prohibición de los menores de acceder a conciertos dirigidos a ellos; las nuevas estrategias para hacer negocios con contenidos gratuitos; la falta de ayudas a los grupos pequeños y medianos; el bajón de calidad que ha acompañado a la tecnología MP3; y la posición de multinacionales y sociedades de gestión. Mientras tanto, muchos anuncian la muerte definitiva del soporte físico (el CD), frente a las descargas musicales.
¿100 € por ver a Police? ¿Y quién se los queda?
El mercado del directo no para de crecer. Según la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores) los conciertos de música popular aumentaron en España un 21, 6% en 2007. La demanda sube y también los precios de las entradas. Los 100 euros han dejado de ser una barrera. The Police, The Eagles, Rod Stewart, Tom Waits y Lou Reed cobran eso y más por los mejores asientos (Waits también por los peores). En la zona media de la tabla cualquier artista anglosajón con dos discos en el mercado pone las entradas a 18 euros. La primera reacción del público es echar la culpa a los promotores. No siempre la tienen. Una sala de 300 personas en Barcelona puede costar 600 euros de alquiler la noche. De alguna manera hay que recuperarlo.
Otro asunto con miga son las comisiones por gestión de venta de entradas. Si quieres ver a The Cure en el Palacio de los Deportes de Madrid el precio por tramitar tu billete es de 5,50 euros. En cambio si asistimos a Springsteen en el mismo recinto y con el mismo servicio de venta nos cobran 14 euros. ¿La explicación? Los promotores prefieren no hablar del asunto, pero estos gastos de gestión se usan para ampliar su margen de beneficio con las estrellas más exigentes, que se pueden llevar más de un 90% de las ganancias de un concierto sin riesgo alguno (si no acude público suficiente, se quedan con su caché habitual). Quien monta el show araña así unos miles de euros más a los sufridos asistentes.
Muchos festivales, pero pocas salas
La fórmula “música más vacaciones” ha convertido a España en el paraíso planetario de los festivales. En 2006, la SGAE tenía registrados 27, 850.000 asistentes y 17,55 millones de euros de recaudación. Hoy se calcula que estas cifras se han duplicado (por lo menos). Al tradicional patrocinio de empresas cerveceras se han unido sectores tan potentes como los bancos o la telefonía móvil. El festival se ha convertido en rito veraniego y los cachés de las estrellas se han multiplicado. Una artista como Amy Winehouse , con sólo dos discos, puede pedir 300.000 euros por una noche. Por el contrario, nuestro circuito de salas de conciertos sigue siendo precario. Con la única excepción de Barcelona, faltan recintos de tamaño pequeño y mediano.
En Madrid, Sinnamon lleva años buscando local para hacer una sucursal del Razzmatazz y no encuentra ninguno con licencia. La mayoría de las salas españolas son bares o discotecas que se sacan un extra con la música en vivo. Los problemas son muchos: desde horarios tardíos a los retrasos intencionados para vender más cervezas. También se sufre cierta masificación: que quepan 500 personas en una sala de fiestas no significa que todas puedan ver y escuchar con comodidad. Otra situación delirante: en el Palau Sant Jordi de Barcelona hay centenares de asientos tan alejados del escenario que no se ven casi ni la pantallas gigantes. Por eso funciona un servicio de alquiler de prismáticos.
Si no tienes 16, te quedas sin ver a tu grupo
Uno de los sinsentidos más irritantes es el impedimento para menores de entrar a salas donde se despacha alcohol. En Catalunya, el Real Decreto 2816/1982 establece la prohibición de entrada a los menores de 16 años. “Cada comunidad luego hace sus precisiones y es un galimatías”, explica Eduard Rodellar, secretario técnico de la Asociación de Promotores Musicales. En Madrid rige la Ley 17/1997, modificada por la conocida como “Ley del Botellón”. Se prohíbe la entrada de menores de dieciséis incluso acompañados por un adulto.
¿Una imagen descorazonadora? Media docena de fans de Arctic Monkeys, entrada en mano, sin poder ver a su grupo preferido.
La tercera vía: lo gratis puede ser muy rentable
Chris Anderson, director de la biblia tecnológica Wired, ha puesto de moda el concepto de freeconomics. Traducido: la habilidad de hacer dinero ofreciendo un producto gratuitamente. Lo explica con el ejemplo de Gillette y de cómo levantó un imperio regalando soportes de maquinillas de afeitar para elevar la demanda de cuchillas. En la música, los ejemplos van desde Radiohead a Myspace, pasando por las revistas gratuitas. También la radio y redes sociales: empresas como Last Fm ofrecen canciones gratis combinadas con opciones premium a precios razonables. El Tercer Mundo nos lleva la delantera, aunque aquí tenemos a
Creative Commons.
¿Cómo sobreviven los que no son superventas?
Para comprobar los gastos cotidianos de un grupo, acudimos a los madrileños Plastic D’Amour. Hacerse con un equipo decente (guitarra, bajo, batería, amplis, micros y teclados) cuesta entre 6.000 y 12.000 euros. Hay que añadir los gastos de un local de ensayo. “Unos 600 euros”.
Los directos tampoco son un alivio: “Las salas no suelen pagar un fijo, lo cual hace que uno tenga que ejercer de empresario y anticipar los gastos sin saber si se van a recuperar”. ¿Reciben alguna ayuda? “La del taxista. No hay subvenciones. El problema de España es que no hay infraestructura para una clase media: grupos que puedan vivir de esto sin ser los Alejandro Sanz de turno”.
Más música, pero menos calidad de escucha
Desde finales de 2007 se habla mucho de una nueva y polémica técnica de marketing. La industria graba las nuevas canciones que lanza a un volumen superior al tradicional, así llaman la atención del oyente en la radio o escucharlas en un iPod. Pero la música se vuelve menos dinámica y pierde matices. Si quieren ver la explicación en un gráfico sonoro, pueden entrar en Youtube y teclear loudness war. El creciente número de músicos contrarios a este truco han puesto en marcha una organización sin ánimo de lucro (turnmeup.org). Quieren ofrecer alternativas a esta dictadura que se impone en casi todos los estudios de grabación del mundo.
El pez grande cobra y el pequeño se hunde más
La industria española perdió en 2007 un 23% de facturación. Es el sexto año consecutivo. ¿Cuál es la solución que dan discográficas? Campañas antipiratería y atar más en corto a los grupos. ¿Nada mejor? Sus dos nuevas consignas son el artist as a brand (explotar a artistas como productos) y los contratos de 360 grados (el sello se lleva un porcentaje de cada actividad del músico). Otras empresas ya les están robando estrellas: Starbucks ha fichado a McCartney y Live Nation a Madonna. La última esperanza de las multis es el plan Olivennes de Sarkozy en Francia: si reincides compartiendo archivos, te desconectan la ADSL. Pero, ¿es posible dejar a todos sin ADSL?
Las ‘multis’ buscan salida a las pérdidas
Los ataques más duros contra las sociedades de gestión vienen de artistas nuevos. Hace pocos meses, la revista Rockdelux hizo un reportaje entre músicos emergentes y la mayoría criticaban a la SGAE: “Como trabajan a comisión sólo prestan atención a músicos que generan grandes beneficios”, explicaba Javier, de Kiev Cuando Nieva. Bruno Muñoz, vicepresidente de UFI, asociación de sellos independientes, se une a las voces disidentes: “Nos quejamos de los métodos en los repartos relativos a derechos de música, tanto de autores/editores como de productores. Tan malo es el reparto de SGAE como los de AGEDI o los de AIE”.
15 Comentarios
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La $GA es la Iglesia del siglo 21, no contenta con imponer sus criterios artísticos a través de los fenómenos comerciales, se cree con derecho a cobrarnos tributos por todo.
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"Música" no es solo "música popular". La música no es solo negocio. También es cultura. Y los creadores de cultura tienen derecho a vivir de ella.
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Niego la mayor: la música no es cultura. Si lo fuese no se le aplicaría el tipo máximo de IVA. El Pronto y Cosmopolitan si son cultura. Tienen IVA reducido. Esto que me parece fundamental no es destacado ni peleado por nadie. Muy bueno el articulo Víctor.
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Estoy de vacaciones en la playa y he hecho una escultura de arena, una obra de arte ¿cuándo voy a cobrar de la SGAE o de la asociación correspondiente?
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Magnífico, Víctor, esto sí es un artículo como debe ser. Dejando las cosas claras y bien explicadas. A partir de ahora pienso tenerte vigilado... Y completamente de acuerdo con Adrian Vogel (ex de Radio 3 si no me falla la memoria): desde el poder solo se promociona la basura.
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internet lo unico ke hace principalmente es PROMOCIONAR a muchos artistas ke dandose a conocer aki luego ganan su dinero dando conciertos y currandose el sueldo como todos, ke no es moco de pavo,los buenos artistas no necesitan mendigar unos centimos de cada CD ke utilizamos para grabar archivos, a otros ke nada tienen ke ver con estos artistas si...............
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Los músicos no tienen por qué regalar su trabajo, tienen que comer, vestir y pagar sus facturas como todo el mundo. La extrema derecha en su afán de hacer retroceder culturalmente a la ciudadanía para poder manejarla a placer, no parará de clamar y berrear hasta ver a los artistas en la más absoluta indigencia ¡Fascistas!
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el pedir consideración de "cultura" para la música no solo es una batalla perdida sino que además es ingenuo y contraproducente. la noción de cultura para los políticos (del signo que sean) es de terror. para gallardón rock in rio debe ser una cátedra de rock 'n' roll. ¡tienen muy mal gusto! para bien o para mal, la música debe arreglar sus problemas solita. yo creo que lo está haciendo muy bien, por cierto, aunque el tono general del artículo refleje sobre todo lo que va mal. los pequeños y medianos creadores (es decir, el 90% del sector) se están buscando la vida más y mejor que otros sectores culturales en crisis como el cine, el arte plástico y la literatura. la sgae debería ayudar, pero la codicia y la inoperancia les impide someterse a la PROFUNDA transformación que los tiempos y el sentido común les obliga. salud victor, gusto leerte por aquí seguimos bruno
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desde que tengo internet conozco a grupos guapisimos que no se como podria conocerlos de otra manera... gracias a eso me gasto los duros en conciertos y eso si que es dinero pa los artistas.. nos vemos esta noche en extremoduro!!
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Excelente artículo señor Lenore.
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me obligan a pagar con mis impuestos una de esas películas españolas tan malas que hacen daño a la vista. si encima voy al cine a verla porque me obligan mis amigos, me cobran más impuestos en la entrada del cine. y luego, para más colmo, me cobran canon por si me da por grabarla. es el colmo.
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Prácticamente todo lo que se mueve ahora en temas de conciertos importantes y bajadas masivas, son artistas del siglo pasado. Si miramos el panorama musical de este siglo vemos que han salido contados artistas nuevos, y no al ritmo del siglo pasado. Los que entraron al trapo en la propagación de la música, gente del tipo iPod y demás, no se dedicaron a potenciar la música, a crear nuevos estilos, a promocionar nada nuevo, simplemente se concentraron en explotar lo que ya había. A eso llamamos ayudar a la música, ayudar a que se escuche más, pero no a catapultar a nuevos grupos. El problema es que seguimos bajando música del siglo pasado, pagando por ver viejas y decrépitas glorias de un pasado ya muerto repitiendo el mismo repertorio y dándole vueltas a lo mismo de siempre. Pocas son las figuras nuevas, y si exceptuamos a la Amy "Alhóndiga" (que por cierto canta como en los cincuenta), pocos talentos nuevos tenemos con fecha de origen en este siglo. Si continuamos así, la nueva generación (uy esto suena a PP, sorry), no tendrá banda sonora propia y se conformará con seguir escuchando Kiss FM, es decir la música de los hippies de los '60 y poco más.
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Prácticamente todo lo que se mueve ahora en temas de conciertos importantes y bajadas masivas, son artistas del siglo pasado. Si miramos el panorama musical de este siglo vemos que han salido contados artistas nuevos, y no al ritmo del siglo pasado. Los que entraron al trapo en la propagación de la música, gente del tipo iPod y demás, no se dedicaron a potenciar la música, a crear nuevos estilos, a promocionar nada nuevo, simplemente se concentraron en explotar lo que ya había. A eso llamamos ayudar a la música, ayudar a que se escuche más, pero no a catapultar a nuevos grupos. El problema es que seguimos bajando música del siglo pasado, pagando por ver viejas y decrépitas glorias de un pasado ya muerto repitiendo el mismo repertorio y dándole vueltas a lo mismo de siempre. Pocas son las figuras nuevas, y si exceptuamos a la Amy "Alhóndiga" (que por cierto canta como en los cincuenta), pocos talentos nuevos tenemos con fecha de origen en este siglo. Si continuamos así, la nueva generación (uy esto suena a PP, sorry), no tendrá banda sonora propia y se conformará con seguir escuchando Kiss FM, es decir la música de los hippies de los '60 y poco más.
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¿A nadie se le ocurre pensar que hay música más allá del "poprock"? Parece que no, obviamente.......... Pues vaya
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magnífico artículo

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