“La edad de la frontera es apasionante. Es el despertar a la vida. Estoy totalmente en contra de los que dicen que los 16 años es una edad difícil”. Quien esto afirma es Agustín Fernández Paz (Vilalba, Lugo, 1947), maestro de Lengua durante más de 30 años de alumnos en plena adolescencia, y ganador del último Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por Lo único que queda es el amor (Anaya, en castellano; Xerais, en gallego).
Esta novela –con ilustraciones de Pablo Auladell– es un retrato de la concepción que este profesor jubilado desde hace un año tiene de la literatura juvenil y, por ende, de esta etapa de la vida: “No creo en esas historias para chavales que hablan de sexo, drogas y rock and roll. Hay novelas que pueden ser leídas por jóvenes y por adultos. Un ejemplo es El niño del pijama de rayas. De nuevo, literatura de fronteras”.
Perteneciente a la generación de profesores que empezó su labor tras la muerte de Franco y que “quería cambiar el mundo desde las aulas”, Fernández Paz tiene una visión bastante positiva de la juventud actual. “En los años 60, los que leíamos éramos cuatro, y casi ninguno llegaba al instituto. Ahora mucha gente llega a la universidad y se lee más que nunca”. Toda una bofetada a los profetas del apocalípsis.
Pues yo me tuve que tragar obligatoriamente muchas obras de Fernández Paz en el instituto, porque había que leer literatura juvenil en galego, y la verdad es que eran un auténtico truño. Espero que haya mejorado, porque prefiero las historias de sexo, drogas y rock & roll, a las cursiladas predecibles que le he leído a este señor. Esperemos que una nueva generación de escritores en galego barra con los tópicos.
Doble clic en cualquier palabra para ver su definición.