A pesar de lo que se cree, los lectores más jóvenes no se alimentan sólo de vampiros. Las lecturas que más valoran son las más crudas y reales
El mundo de los niños y adolescentes, esos lectores prepúberes que alimentan fenómenos como Crepúsculo, era hasta hace no mucho, el reino de la inocencia y la fantasía. Como máximo, el lobo se hacía pasar por la abuelita o un chaval con varita mágica revolucionaba una escuela de magia.
Las últimas listas de los libros más vendidos en el sector infantil y juvenil (datos de La Casa del Libro y La Central) señalan que los 10 primeros pertenecen al género de la fantasía. Sin embargo, según las editoriales especializadas en el sector, esa lista no dice toda la verdad sobre los gustos de los lectores más jóvenes. “Parece que ahora se lleva la fantasía, pero, de alguna manera, esta viene impuesta por los adultos que buscan trama y acción. En realidad, los estudios apuntan que a los niños les gusta leer sobre lo que conocen”, afirma Lara Toro, editora de La Galera.
Así es. Hoy los lectores más jóvenes –entre 8 y 12 años– se enfrentan a la realidad desde las páginas de los cuentos y novelas que se editan para ellos. Algunos de los volúmenes les hablan de acoso escolar, pederastia, terrorismo, racismo o muerte, los mismos mensajes que les pueden llegar a través de los informativos de la televisión, o incluso colarse en sus mentes cuando la consola de videojuegos se pone en marcha. Además, es una literatura infantil y juvenil que está supervisada por profesionales que se preocupan por destacar valores positivos y evitan caer en el morbo.
Aún así son temáticas espinosas que hay que tratar con cuidado. No pocas veces han traído problemas. Un ejemplo es En un lugar de Atocha, de Santiago García-Clairac (SM), una novela para niños que abordaba los atentados del 11-M en Madrid. Cuando se publicó en 2005 hubo libreros y padres que optaron por no vender ni comprar el libro. La editorial, en su descargo, adujo que lo había sacado al mercado para dar respuesta a todas las preguntas que se hacían los niños por las noticias que una y otra vez llegaban vía televisión. Además, antes de su publicación, el libro fue leído por profesores y psicólogos, ya que la editorial no quería dar un paso en falso.
Precisamente, SM es un sello que tiene en su fondo varios títulos que tratan sucesos terribles, situaciones de desamparo, de acoso, de racismo, escritos por algunos de los mejores autores.
Dos de los más recientes son Autobiografía de un cobarde, de Alfredo Gómez Cerda, la historia de una pandilla de chavales que decide darle una paliza a un grupo de inmigrantes por el mero hecho de serlo, y Acoso escolar, 21 relatos escritos por otros tantos autores sobre uno de los problemas más graves que hay en los colegios.
De este último libro destaca la narración de la escritora Lola Beccaria que con La diferencia, se mete en la piel del acosador, porque suelen ser “niños ninguneados en su entorno familiar, despreciados y sin apoyo que terminan convirtiéndose en monstruos, víctimas del sistema”, señala esta escritora ferrolana. Para Beccaria el joven, en este caso maltratador, puede sentirse reflejado si un relato se dirige a él no para criticarle, sino para intentar comprenderle.
Ese es uno de los objetivos de este género: hablar del lado más oscuro de la realidad, pero intentando ofrecer una respuesta, dar una salida o destacar la parte positiva. Algo parecido hizo, sin proponérselo, la superviviente del holocausto nazi Nili Goren en su libro La niña de los tres nombres (Editorial Emecé). Holandesa de origen judío, terminó residiendo en Israel y allí la convencieron para que, a partir de las cartas ilustradas que su padre le mandó durante la guerra, reconstruyera esos años. La historia la escribió la periodista Tami Shem-Tov y hoy es un libro que leen los niños judíos para conocer mejor la persecución nazi, porque “hay que seguir contándola –asegura Goren– para evitar que vuelva a ocurrir”.
Según Ignacio García-Valiño, psicólogo infantil y escritor, es muy recomendable que los adolescentes lean novelas “con todo tipo de temáticas siempre que se aborden desde la responsabilidad, de forma didáctica, constructiva y con un mensaje claro”. Son lecturas que pueden hacer del joven un adulto fuerte y comprometido. Aún así tampoco es partidario de que “haya que contarles a los niños historias sobre la muerte, creo que sólo aporta algo positivo si ha habido una cerca y así pueda comprenderla”.
Hay que mirar de frente el mundo en el que vivimos. Así al menos piensa Pilar Careaga, editora de Edelvives, grupo que publica la colección CSU, una serie policíaca escrita por Caroline Terrée desde Belfast, uno de los lugares más violentos del planeta. Careaga cree que estas novelas “son perfectas herramientas para el debate y la reflexión, porque no se puede mirar para otro lado y negar lo obvio”.
Lo que no se puede olvidar tampoco es que los niños y jóvenes de hoy en día disponen de multitud de canales por el que les llega todo tipo de información. Y en estas, la industria editorial española ha optado por ofrecérsela de forma responsable. El resultado se verá dentro de unos años.
‘En un lugar de Atocha’ es la historia de la masacre del 11-M vista por un niño. Su publicación trajo polémica, pero los profesores la han avalado como el mejor relato para explicar a los más pequeños aquel atentado. Por otra parte, ‘CSU’ es una serie policiaca escrita desde uno de los lugares con más violencia y tensión del planeta: Belfast.
Los libros ‘Autobiografía de un cobarde’ y ‘Acoso escolar’ desmenuzan este problema que ha dado lugar a numerosas páginas en los diarios y minutos en la televisión. Ambas obras abordan el tema desde la perspectiva del niño acosador.
‘El mercader de sueños’ trata el tema de las drogas sin intentar adoctrinar, sino advirtiendo de los peligros. Es preferible que se lea junto a los adultos.
ahora trabajo en la sección infantil de una librería muy conocida a nivel estatal y tengo que decir que este artículo es falso. Los chavales y sus padres solo compran fantasía o aventura y los que son de temas sociales, como decían por ahí, son mandados en la escuela.
Os recomiendo el sano ejercicio de hablar con los chavales,con vuestros hijos y sus amigos,alguno os sorprenderá,no son solo musica y pasotismo,ellos son el reflejo de frases nuestras,por eso cuando hablamos de forma cinica como "son todos iguales""asi nos va" etc,ellos asumen el pasotismo como propio de la madurez.Implicación.Es una generación de lujo la que viene.
¡Qué más quisieran muchos autores y editoriales! No sé qué "estudios" serán los que menciona el artículo, pero la mayor parte de los libros sobre "temas sociales" que lee la inmensa mayoría de los niños lectores son libros "recomendados" (u ordenados) por los profesores. Las cifras de ventas no engañan, y los padres tenemos muy poco que ver con los gustos de nuestros hijos lectores: les damos muchas cosas para elegir, pero ellos van a lo que les apasiona. Puede que la fantasía sea una moda, pero no me imagino un "boom" de ventas de novela social infantil en el futuro próximo.
De hecho, novelas "con mensaje" como estas que se citan en el artículo (sobre drogas, acoso escolar, etc.), me parecen tan mojigatas como la literatura para niños de colegio de curas o monjas de hace cincuenta o cien años.
Tal vez es que algunos quisieran que los temas de la literatura infantil los decidiesen las agencias de prensa y los medios de comunicación.
Fantasía para los niños, los adultos nunca dejaremos de tratarlos como idiotas, a los niños les gusta de todo pero solo les compramos lo que nosotros creemos que les gusta segun nuestro parecer. Me temo que esto pasaba hace 200 años y segirá pasando dentro de 200 años.Los niños no son tontos y leyendo aprenden a conocer el mundo, de la misma forma que no se vuelven asesinos en serie por jugar a los videojuegos, son mucho más maduros de lo que nos pensamos.
Doble clic en cualquier palabra para ver su definición.