Cómic y revolución
El Che y Fidel Castro también llegan a las viñetas. Spain Rodríguez retrata la figura de Ernesto Che Guevara en una nueva biografía gráfica. Stan Lee ya dibujó a Fidel en 1959
Noticias relacionadas
Los revolucionarios cubanos fueron, casi desde sus inicios, personajes de cómic. Quizá no lo sabían, pero su indumentaria -ropa de combate, gorra con estrella, cigarro y barba desaliñada- y su misión -acabar con la dictadura de Fulgencio Batista- les convertía en un icono demasiado atractivo como para que esos lapiceros que se movían en los márgenes de la cultura oficial los dejaran pasar.
El norteamericano Stan Lee fue uno de los primeros en captar la poderosa imagen de los barbudos en El hombre con barba, realizado el mismo año de la revolución (1959); el último ha sido la estrella del underground neoyorkino de los años setenta, Spain Rodríguez con Che. Una biografía gráfica.
"Creo que este dibujante ha sido muy valiente, ya que trasladar una biografía al cómic es muy complicado. Hay que tener en cuenta que no se abarca todo, como en un libro, y te puede quedar endeble", cuenta a Público Enrique Sánchez Abulí, traductor de esta obra de Rodríguez y autor, a su vez de la famosa saga Torpedo 1936. Él ha creado la biografía a partir de la atracción que ha despertado el personaje en los últimos años.
Rudo militar
Sus palabras cobran, además, un mayor sentido al tratarse de un recorrido por la vida de una figura tan hipermediatizada, elogiada y vilipendiada como la del Che Guevara. Sin embargo, para Sánchez Abulí, Rodríguez sale indemne del desafío porque "se ciñe a la idea de lo que significa una biografía. Aunque se note que esté totalmente de acuerdo con el Che, también retrata su parte más fea, que era la de ese militar obsesionado con la revolución, estricto y rudo".
"Este dibujante ha sido muy valiente, ya que trasladar una biografía al cómic es muy complicado"
Y que era capaz de matar por una traición, como se puede leer en una de sus viñetas: "Cuando interrogaron a Eutimio, éste lo confesó todo. El Che fue el encargado de ejecutarlo.(Después) El Che comprobó su respiración y luego su pulso. Ambos eran normales". Para Sánchez Abulí, que Guevara se pusiera el traje de ejecutor "era normal. No hay que olvidar que aquello era una guerra, y en los conflictos, suceden estas cosas".
Tras la explosión que vivió su figura después de su muerte en 1967, cuando, tal y como recuerdan al final del libro Sarah Seidman y Paul Buhle en el artículo Che Guevara: Imagen y realidad, se convirtió en el símbolo estético de la contracultura (apareció en fanzines como perfecta conjunción del amor y la lucha), el argentino ha vuelto a la primera plana cultural. Ahí están las recientes películas de Steven Soderbergh con Benicio del Toro, o Diarios de motocicleta, realizada por Walter Salles, y que narra los viajes de juventud del Che por Latinoamérica. Sin olvidar que la famosa foto de Alberto Korda ha vuelto para cubrir las camisetas de medio mundo adolescente.
Un Che más mercantil
Según Seidman y Buhle, en este sentido, ha habido un cambio en la imaginería del Che en estos últimos años. "La imagen más mercantilizada del Che podemos encontrarla ahora en llaveros, bikinis, cajetillas de cigarrillos e incluso en las etiquetas y anuncios de bebidas alcohólicas", afirman.
"La imagen más mercantilizada del Che podemos encontrarla ahora en llaveros, bikinis y cajetillas de cigarrillos"
Enrique Sánchez Abulí reconoce que su imagen "se ha convertido en un mercado, y seguramente, él no aprobaría nunca lo que se está haciendo". Aún así, para Seidman y Buhle, el Che "sigue siendo visto y representado como una figura idealizada en todo el mundo. Un enemigo del capitalismo y el neocolonialismo".
Rodríguez ha buscado con su trazo realista, correcto y nada recargado -"algo más exagerado hubiera distraído al lector, y aquí lo importante es explicar la historia", afirma Sánchez Abulí-, limpiar de esquirlas del consumismo la imagen de Guevara e intentar dar a conocer quién fue realmente aquel personaje. Un tipo que, como Rodríguez describe, "era impulsivo, testarudo y adelantado a su tiempo, pero se desvivió por acabar con el sufrimiento de los que producen para que unos cuantos disfruten de una posición privilegiada".
2 Comentarios
-
"Diecisiete hombres caminan hacia la aniquilación. El cardenal Maurer llega a Bolivia desde Roma. Trae las bendiciones del Papa y la noticia de que Dios apoya decididamente al general Barrientos contra las guerrillas. Mientras tanto, acosados por el hambre, abrumados por la geografía, los guerrilleros dan vueltas por los matorrales del río Ñancahuazú. Pocos campesinos hay en estas inmensas soledades; y ni uno, ni uno solo, se ha incorporado a la pequeña tropa del Che Guevara. Sus fuerzas van disminuyendo de emboscada en emboscada. El Che no flaquea, no se deja flaquear, aunque siente que su propio cuerpo es una piedra entre las piedras, pesada piedra que él arrastra avanzando a la cabeza de todos; y tampoco se deja tentar por la idea de salvar al grupo abandonando a los heridos. Por orden del Che, caminan todos al ritmo de los que menos pueden: juntos serán todos salvados o perdidos. Mil ochocientos soldados, dirigidos por los rangers norteamericanos, les pisan la sombra. El cerco se estrecha más y más. Por fin delatan la ubicación exacta un par de campesinos soplones y los radares electrónicos de la National Security Agency, de los Estados Unidos. La metralla le rompe las piernas. Sentado, sigue peleando, hasta que le vuelan el fusil de las manos. Los soldados disputan a manotazos el reloj, la cantimplora, el cinturón, la pipa. Varios oficiales lo interrogan, uno tras otro. El Che calla y mana sangre. El contralmirante Ugarteche, osado lobo de tierra, jefe de la Marina de un país sin mar, lo insulta y lo amenaza. El Che le escupe la cara. Desde La Paz, llega la orden de liquidar al prisionero. Una ráfaga lo acribilla. El Che muere de bala, muere a traición, poco antes de cumplir cuarenta años, exactamente a la misma edad a la que murieron, también de bala, también a traición, Zapata y Sandino. En el pueblito de Higueras, el general Barrientos exhibe su trofeo a los periodistas. El Che yace sobre una pileta de lavar ropa. Después de las balas, lo acribillan los flashes. Esta última cara tiene ojos que acusan y una sonrisa melancólica. Creía que hay que defenderse de las trampas de la codicia, sin bajar jamás la guardia. Cuando era presidente del Banco Nacional de Cuba, firmaba Che los billetes, para burlarse del dinero. Por amor a la gente, despreciaba las cosas. Enfermo está el mundo, creía, donde tener y ser significan lo mismo. No guardó nunca nada para sí, ni pidió nada nunca. Vivir es darse, creía; y se dio." Memoria del fuego III; autor: E. Galeano.
-
El CHE como muchos latinoamericanos aun creemos en una revolución, no ya desde las armas sino desde las conciencias, un cambio en el que seamos uno, sin violencia, la tan temida revolucion del AMOR

Cargando...