Luis García Montero publica una biografía sobre los peores años de la vida del poeta Ángel González y de este país
Los pantalones deben ser tres o cuatro tallas mayores a la suya. Bajo el brazo derecho un periódico y algo en la mano izquierda. El flequillo y una oreja se le escapan de una enorme gorra. Es un niño feliz en una de las primeras fotos que tomaron al poeta Ángel González, que a los cuatro años de edad no tiene motivos para dejar de sonreír. Esta imagen es uno de los últimos documentos de la primera memoria del poeta; siete años más tarde de esa toma se acabó la risa para todos. Cada uno a su casa con ella, escondida entre montañas de amenazas.
La infancia es esta foto. "La infancia es un tiempo paralizado, sólido, compacto, que suele precipitarse de manera gaseosa hacia el futuro cuando lo recordamos al cabo de unos años", escribe Luis García Montero en Mañana no será lo que Dios quiera (Alfaguara), el libro donde recoge la primera parte de la vida de su amigo, fallecido ahora hace un año y cinco meses. Ese fue el trato entre los poetas: el escrito no podría hablar del Ángel González a partir de 1951, cuando llega a Madrid desde Oviedo, cinco años antes de la publicación de su primer libro de poesía. Ni una sola palabra de la vida de poeta en la capital.
"Ese libro tendrá que escribirlo otra persona y deberá ser alguien que no conozca tantas cosas de Ángel como conozco yo", explica García Montero, que cree que no estaría bien que todos esos sentimientos y episodios secretos pudieran llegar a convertirse en materia literaria, "porque él era una persona absolutamente pudorosa". Reconoce humildemente que hubiera sido mucho más incómodo para Ángel como para él hacer confesiones sobre su vida social, sentimental y profesional.
Luis García Montero buscaba otra cosa: "Yo quería escribir un testimonio histórico, con toda la pasión de la literatura, y no un libro de cotilleos sobre quién se acuesta con quién, quién habla mal de quién, quién ahora va de amigo se portó fatal". Como se lo contaban todo el uno al otro, al final fue necesario ese pacto para cerrar la narración del libro cuando llega a Madrid.
De haber sido de otra manera, la biografía que se recoge en estas páginas sería la del eminente poeta de las letras españolas Ángel González. Sin embargo, no es la biografía de un notable, Mañana no será lo que Dios quiera es el relato de una generación desolada, la infancia anónima de gente a la que le tocó vivir en condiciones extremas. La historia contada a partir de la vida de un joven de provincias, que aprendió que considerar como propiedades estables "los paraísos infantiles, las ciudades pacíficas y las vidas humanas" era una temeridad.
García Montero habla de "veneno" para referirse al deseo de acercarse a la prosa. Dejar por un momento los versos y las estrofas y dedicarse a hilar una historia, que rescatase la hondura de un señor de 80 años emocionándose al volver a su memoria. El escritor trató con los recursos de la narración para salvar "la voz de Ángel".
Pero un poeta que intenta la prosa es incapaz de olvidarse del latido del ritmo poético: "Lo mismo que el engrudo pegaba las fotos en el álbum o las estampas en las carpetas, la lectura pegaba las palabras en las imaginación del niño, que se veía dominado por sentimientos de poder o de tristeza", escribe García Montero. De hecho, tiene mucho de álbum fotográfico este Mañana no será lo que Dios quiera, que toma el título de un poema del propio Ángel González en el que habla del futuro como un lugar tan lejano. Mucha fotografía familiar de la familia González incluida entre los capítulos.
"La memoria social empieza con la fotografía", explica Luis García Montero, que recuerda que al imaginar una batalla lo hacemos pensando en esos milicianos disparando que quedaron congelados. Precisamente, es la literatura la que pone a andar esas figuras, porque comparten objetivos: como la fotografía, "la literatura debe recordar el tiempo desaparecido", sobre todo, si ha sido "tan manipulado" como el de la historia más reciente de España.
De ahí la metáfora preferida del poeta en su experimento en prosa para definir qué es la literatura: un reloj tirado en un jardín tras un hurto fallido, que sigue marcando las horas, aunque ya no pertenezca a su dueño. Eso es la literatura. "Incluso si se le acaba la cuerda, puede encontrárselo alguien y darle cuerda para que vuelvan a funcionar las horas y los recuerdos", el autor del libro.
La cuerda de este libro camina entre los golpes en primera persona del propio Ángel González charlando con Luis García Montero sobre su pasado, y una tercera persona que narra por debajo de los documentos, hasta encontrar la piel del sufrimiento. Por eso hay momentos atroces que alejan al libro del frío recorrido cronológico de una vida, como la reproducción del pliego de descargos de la hermana de Ángel González para que le devuelvan la escuela que le han arrebatado con acusaciones falsas. O la conversión de la casa familiar en casa de huéspedes, mayoritariamente militares.
El libro se puso en marcha hace cinco años en las mañanas de los veranos en Cádiz, cuando Ángel y su mujer bajaban a pasar unos días a la casa de Luis García Montero. "A Ángel le gustaba hablar de su memoria infantil al final de su vida", y Luis le propuso una biografía que recogiera todos aquellos años.
"Él no quería contarlo comenta García Montero a Público, porque le resultaba demasiado duro volver a una época muy dura de su vida y temía caer en el patetismo. Así que le dije que lo haría yo y empezamos a hablar mucho, mucho, a contar detalles de su familia, a grabar"
Cuando Ángel murió en enero de 2008 Luis llevaba un tercio del libro escrito. "Uno cree vivir tanto con los amigos vivos como con los amigos muertos, y eso es lo que me pasó a mí con Ángel. Uno tiene la sensación de estar participando de dos mundos: el de los vivos y el de los muertos, porque algo tuyo se ha ido con el amigo fallecido", explica García Montero para responder a ese diálogo que mantiene con el poeta.
Para comprender que la historia no se reduce a los muertos en cifras, conviene vivirla por dentro. Para entender que los números se llenan de sentimientos, es necesario tocar el corazón de la catástrofe. Es así como terminamos por comprender el desaliento de Ángel González y su generación, a los que habían enseñado en la escuela que el trabajo llevaba recompensa y que la vida premiaba a los justos. "De pronto, a los once años de edad, se encontró con una realidad feroz que le demostró que, en realidad, en la vida ganaban los malos y que el esfuerzo y el trabajo no tenían premio", dice Luis García Montero.
"Bajo los toques de corneta y la música populachera de las bandas militares, quedaban en silencio miles de pequeñas historias humanas"escribe García Motero en el libro, bajo el horror dos referentes siempre vivos: su abuelo, al que nunca conoció, y su padre, que murió al año y medio de nacer Ángel. Ambos estaban en la conversación diaria de su madre, y de ellos mamó las ideas republicanas. Solía comentar que "los muertos te acompañan tanto como los vivos y los recuerdos están tan presentes como la propia realidad".
También aprendió a valorar de otra forma la amistad. En Mañana no será lo que Dios quiera se destaca la trascendencia de abrir la puerta de casa y dejar ver los secretos. "Y si en esa casa hay dos escondidos, y uno de ellos es un famoso periodista perseguido por el ejército para ejecutarlo [Jorge Semprún], es poner la vida en las manos de otra persona", explica el autor.
La amistad y los libros fueron resistencias a las que ceñir la esperanza y resistir todos esos años en plena dictadura. En una conversación entre Max Aub y Ángel González, publicada en La gallina ciega, Ángel le recuerda que aunque el exilio sea duro, no debe olvidar a los que se quedaron. Porque son quienes sufrieron una educación atroz y una persecución atroz. Los recuerdos de Ángel son los recuerdos de España.
Claro que se puede suponer que, de haber ganado, los republicanos también habrían sido represores. Pero no sucedió. Y el hecho de que la represión hubiese podido darse por el otro lado no sirve para que exigir que quienes sufrieron la represión que sí existió sigan callados. La actitud de gente como "tufo" que viene a decirnos "ay, el que se tuvo que exiliar que se joda, que si hubiesen ganado ellos me habría tenido que exiliar yo" está, efectivamente, llena de un rencor muy rancio y de una desfachatez y una hipocresía increíbles: los que sufrieron la represión real tienen que callarse para no herir la finísima sensibilidad de los que podrían haberla sufrido. Por favor...
Cierto que nadie sabe a ciencia cierta que hubiera pasado si hubiesen ganado la guerra los republicanos, pero hay indicios suficientes para creer que también habrían reprimido a los de derechas, porque ya lo hacían antes de la guerra, porque en las zonas que controlaron hasta el final de la guerra hubo represión contra los que pensaban diferente... Porque en España hubo una guerra ideológica basada en el odio recíproco. Hubo tanto sufrimiento y tanto odio que ganará quien ganará iba a ser inevitable la represión al perdedor. Ganaron unos y la pagaron con los perdedores (en aquellos tiempos no estaba la ONU para evitarlo)... Setenta años después las confrontaciones (afortunadamente dialécticas)siguen basadas en el odio... No aprendemos.
Que nadie piense que estoy justificando la represión franquista, nada más lejos. Lo único que pretendo reflejar es mi pensamiento sobre la represión después de una guerra de odio, como fue la guerra civil española y otras que hay por el mundo.
Creo sinceremente que hay cosas que nunca se deberían de olvidar, ¿para que? para que no vuelvan a suceder.
A Tufo, la historia, es la historia, y eso no se puede cambiar, los hechos, por desgracia, fueron los que fueron, y si algo es cierto es que el señor Francisco Franco, asesió a miles de personas simplemente por tener una ideologia politica, por tener unos valores, por defender una libertad que el robó, y ya no hablo de la guerra, donde todos mataron, hasta 1956 en España se fusiló gente.
Sinceramente, no me entra en la cabeza que alguien pueda defender semejantes atrocidades e injusticias.
No tengo ganas de soltar una perorata como la suya, ya he dicho lo que tenia que decir. Sigo manteniéndolo, y nadie me vá a convencer, como imagino, que a Ud. tamapoco. Asi que ud. con lo suyo y yo seguiré con lo
mio, y todos tan contentos. Lo que si afirmo es que nadie tiene el poder de la verdad.
Por cierto fué Franco quien mató con sus propias manos?
De ese tema sólo se le ocurre decir si fué con sus propias manos?
Por supuesto a mi tambien me la trae al pairo que sea Ud. de izquierdas.
Qu no se dedica a hacer cábalas? las tiene que estar haciendo continuamente!Bueno y acabo.No quiero soltar su parrafada.
Pues para ser alguien que pretende defender el olvido y el perdón y acusa a otros de rencor, su último mensaje no es precisamente conciliador. Mire, ni yo, ni usted ni nadie sabe qué habría pasado si hubiese ganado la izquierda, porque eso, simple y llanamente, no sucedió. ¿Habrían sido igual de represores? ¿Le habrían encarcelado o fusilado a usted por ser de derechas? Yo ni lo sé ni me lo pregunto y, afortunadamente para usted, ganaron los de su bando, y esos sí mataron y encarcelaron a los perdedores. Si usted prefiere hacer cábalas y justificar lo que sí pasó escudándose en que otros habrían hecho lo mismo, allá usted, yo, de momento, me atengo a la realidad. Lo de sus vecinos de izquierdas que vivían como reyes no se lo voy a poner en duda porque, a diferencia de usted, yo no me dedico a hacer cábalas sobre cosas que ignoro o que no han sucedido, si usted lo dice... me lo creeré. Ahora bien, no vivirá usted tan alejado de la realidad
ni nos creerá tan imbéciles a los demás como para pretender hacernos creer que el hecho de que unos vecinos suyos de izquierdas viviesen bien (por cierto, ¿no decía usted que todo el mundo vivía mal?) esto era un paraíso terrenal para los que perdieron la guerra. En cuanto a lo de que Carrillo matase a sus abuelos... Hombre, Carrillo no sería, sería el bando republicano, pero ¿Carrillo con sus propias manos? En cualquier caso, como bien dice usted sobre los exiliados, eso pas en todas las guerras, no solo en la nuestra, ¿no? Y lo de que Franco esté muerto y Carrillo vivo es obra de la naturaleza, caballero, que lo dice usted como si a Franco lo hubiesen ajusticiado y a Carrillo lo hubiesen dejado vivir feliz. En cuanto a que sea usted de derechas... hombre, no era necesaria la aclaración, en primer lugar, porque es bastante evidente, en segundo, porque me la trae muy al pairo. Lo que sí tiene bemoles es que tenga usted el rostro de tachar a alguien de partidista cuando es usted el que lo es, ¿no le parece? Y nada más, caballero, serénese, ¿no hablaba de olvidar? Pues olvide, buen hombre, olvide, que por su último comentario se ve que no practica usted lo que predica.
Pues si, si conozco el continente, y le sigo diciendo lo mismo.Podria ser cualquier niño de le europa de entonces. Rencor? lo sigo diciendo. Lo hay
Pero que me quiere hacer creer que si la victoria hubiera sido de la izquierda, a los vencidos les hubieran dado una palmadita a la espslda, y hala! aqui no ha pasado nada, todos amigos, un sueldo de por vida. para su conocimiento Carrillo mató a mis abuelos, y no fué en PARACUELLOS, fijese ud. que paradoja.Franco está muerto y carrillo aún vive.Cuando vea a Carrillo que debo hacer? escupirle?
Exiliados? eso es lo que traen la guerras, todas no solo la nuestras.
Lo de los niños de la guerra (muy lamentable) yo tengo otra información, pero claro ni me atrevo a decirla, porque la suya será la autentica.
Cuando yo tenia 10 años (tengo 60) teniamos unos vecinos que eran mas rojos que la grana,ellos no tenian e,pacho en decirlo, pues bien,vivian como reyes, pero claro tampoco se lo vá a creer, porque la verdad solo está en la izquierda.
Y por último, si, soy de derechas y lo digo con la cabeza muy muy alta.
Estos comentaristas que no quieren ni oir hablar de la guerra deben ser : descendientes de los que se rebelaron, contra la legalidad democratica, y asesinaron y enviaron a los autenticos españoles al exilio...y todavía les remuerde la conciencia lo que hicieron sus familiares, por eso prefieren no tocar el tema...pero se joden porque mientras quede un nieto de "rojo" denunciará la barbarie fascista...Salud y Republica
Vamos a ver, leyendo los comentarios, yo diría que no solo ha sido usted el primero en perder las formas, sino que además es usted claramente partidista. Decir, a estas alturas de la película, que lo que les pasó a los niños de la guerra enviados a otros países, etc., pasó en ambos bandos es una auténtica ridiculez y tomar a los demás por idiotas (¿cuántos de los que lucharon en el bando nacional acabaron en el exilio?, ¿conoce usted a alguien que acabase en la cárcel durante el régimen de Franco por haber luchado en el bando nacional?). Los que tuvieron que huir fueron los perdedores y sus hijos. Por supuesto que los que se quedaron lo pasaron mal, leñe, estaban en la posguerra, pero quienes lucharon en el bando ganador, aun pasando las penurias propias de los años posteriores a una guerra bestial, pudieron disfrutar de ciertos derechos, no solo económicos en forma de pensiones a los heridos de guerra, etc., sino morales, como por ejemplo, la minucia de poder vivir en su país, sin tener que exiliarse para evitar la muerte o la cárcel. Que prefiere usted olvidar, pues olvide, no lea lo que se escribe al respecto, pero quienes quieran recordar están en todo su derecho. Recordar no es lo mismo que tener rencor, señor mío. A mí me parece que hay mucho más rencor en quienes se alteran tanto y se muestran tan molestos cada vez que se habla de las víctimas republicanas. Y no, nadie niega que usted sea víctima de la guerra (todos lo somos, el país que padecemos hoy es el que es por esa guerra y la dictadura posterior), pero hay muchas víctimas de las que nadie se acuerda y ellas y sus descendientes están en todo su derecho de contar su experiencia. Si le molesta, con no leer o escuchar lo tiene arreglado, majo. Ah, y no, la cosa no pasó hace 60 años, calcule mejor: la guerra acabó hace 70 años, la dictadura (que expulsó de este país a miles de personas y encarceló y mató a otras tantas) acabó bastante más tarde.
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