Si es Gelman, es bueno
El máximo galardón a las letras hispanoamericanas es para la poesía de combate del argentino
Juan Gelman.
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La poesía es propiedad del pueblo y no de unos pocos. Es la última herramienta para conseguir que la memoria no olvide. La poesía es imprescindible para entender, por ejemplo, el horror de los años sesenta y setenta en Argentina. Juan Gelman (Buenos Aires, 1930) es un superviviente del fracaso de la civilización que resistió para defender la memoria como espacio vital. Juan Gelman es un poeta hecho a retazos del espanto. Su experiencia es su vida, pero también es su obra. La poesía y la realidad unidas a fuego.
Algunos lo llaman compromiso, otros fatalidad. Pero en ninguno de los casos cabía esperar que unos acontecimientos como los que tuvo que pasar fuesen a pergeñar una literatura de la evasión o a animar a una imaginación gratuita. Tocaba la tristeza, la desolación y el dolor. Y a pesar de todo, lo admirable de la poesía del nuevo Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes es la ternura que aplica allí, en tantas y tantas sombras de familiares y amigos asesinados.
Memoria sin ira
“Si algo nos traen hoy los poemas de Juan Gelman es una actitud, una manera a la vez reflexiva e instintiva de buscar lo que de veras somos sin las simplificaciones a veces suicidas que nos han arrojado tan lejos de lo nuestro”, escribió Julio Cortázar sobre el escritor argentino. Hacía referencia, precisamente, a ese lado templado que retuvo a nuestro poeta de entregarse a la ira al afrontar la desaparición de su hijo. Su hijo Ariel formaba parte de los más de 30.000 desaparecidos. Así le hemos leído escribir a su hijo ante su ausencia, desamparado: “¿dónde estás mesmo ahorita? / ¿descansás?”.
Esa es otra de sus peculiaridades: adapta el lenguaje a la necesidad de expresar su dolor, sus muertos. Altera significados, significantes, ortodoxia y formas verbales: conjuga verbos imitando el decir de los niños (“morido”, “andó”). Su recorrido es el de la búsqueda de los límites del lenguaje para expresar lo que lleva dentro. Luchó con el idioma hasta hacerlo suyo. Algo que conocen quienes se hayan acercado a libros como Sobre la poesía, uno de sus textos más queridos por los lectores, Carta a mi madre o en País que fue será.
> Amparos
El aire, la roca, el péndulo, la
claridad de la noche
dan noticias del mundo que
nadie sabe leer. ¿Son ellas
para ellas, no más? Las sábanas
arrugadas del día
envuelven un fulgor cercado
por rostros que se acaban.
Su solo amparo es el
delirio del deseo.
Poema de ‘Mundar’, libro que saldrá en enero, en Visor.
Paisaje con arroyo
ANÁLISIS - Elena Medel (*)
Esto de la poesía es un paisaje con arroyo: la vida en una orilla, la literatura en la otra, el riachuelo débil separándolas. Leer a Juan Gelman es descalzarse, sumergir los pies y caminar en paralelo a las dos márgenes, impregnándonos con los dos barros y limpiándonos al tiempo. Guarecerse en sus poemas es hallar un refugio confortable, que no se toma demasiado en serio a sí mismo –véase Confianzas, una bofetada a aquellos que se empeñan en transformar la literatura en coto vedado–, pero que dispone adjetivos, ritmos e imágenes, igual que chimeneas o cojines, en el lugar preciso. Describir la poesía de Juan Gelman implica, casi siempre, equivocarse: sus durísimas circunstancias vitales están presentes en cada semblanza biográfica, pero no tanto en cada poema. Laten, sí, en algunos versos, en algunas metáforas, en el concepto de la poesía como una forma de resistencia, en cierta intención comprometida, aunque no en su idea circular –y esencial– de la poesía como tema eterno de la poesía. Su obra, desde luego, es mucho más: un manual de instrucciones, hermoso y –pese a todo– entusiasta, para la vida.
* Poeta. Córdoba, 1985. Su último libro es 'Tara' (DVD, 2006)
La segunda vez
ANÁLISIS - Manuel Vilas (*)
Leí por primera vez la poesía de Juan Gelman hace muchos años: debió de ser a finales de los ochenta, pero yo era muy joven entonces, tal vez demasiado joven. Pasaron unos cuantos años y volví a leerlo, y en esta segunda vez, en esta segunda oportunidad ya sí, ya entendí quién era Gelman y qué significaba su poesía. Gelman me esperaba en la segunda vuelta del camino. La poesía de Gelman exige al lector haber vivido. Desde entonces, soy un lector fiel de la poesía de Gelman, un lector que ha buscado en su poesía el camino de la realidad transcendente. Gelman, por supuesto, ha influido en mi manera de escribir poesía. Mi libro Resurrección es heredero de Gelman. Yo me siento un poeta heredero de Gelman. Me alegro muchísimo de que Gelman haya obtenido el Premio Cervantes. Me alegro por muchas cosas, y hay una alegría cívica y solidaria también, pues Gelman padeció la injusticia y la violencia política como ningún otro poeta de su generación. La poesía de Gelman me reconcilia con la realidad. Me hace pensar que hay un vínculo importante y definitivo entre la poesía y la historia, y que la poesía sigue siendo necesaria para entender la Historia y la Vida. Historia y Vida, los dos amuletos de Juan Gelman.
* Narrador y poeta. 'Magia' (DVD, 2004) es su última novela.
3 Comentarios
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enhorabuena, compañero.
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Grandísimo titular
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A mi el titular me parece patético. Creo que un poeta del nivel de Gelman no se merecía un titular así. Se debén cuidar esos detalles para consolidar el proyecto de "Público". Enhorabuena por el premio



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