El sótano de los horrores
Con más de 50 años de retraso y más de tres millones de ejemplares vendidos por todo el mundo, aparece la primera traducción al castellano de 'Tengo 15 años y no quiero morir', escrito por una superviviente húngara de la II Guerra Mundial
Abril de 1945, un grupo de niños atiende a su profesor en una escuela destruida de la ciudad de Budapest. AFP
El suyo no fue el único sótano que sirvió de refugio para salvar la vida. La historia de la literatura está plagada de guerras con bodegas en ruinas, repletas de vecinos que se esconden de la muerte. Pero el sótano de Christine Arnothy, en Budapest tomada por los nazis y asediada por el Ejército ruso, sà es único, porque en él escribió a los 15 años de edad un diario que, diez años más tarde, en 1955, se convertirÃa en una de las novelas más reveladoras sobre la barbarie de la II Guerra Mundial.
Después de tres millones de ejemplares vendidos en todo el mundo y con más de medio siglo de retraso llega a las librerÃas españolas Tengo 15 años y no quiero morir, gracias al buen olfato de la recién aparecida Barril y Barral editores.
"Un escritor es memoria, acción y creación", dice Christine Arnothy
La escritora húngara está a punto de cumplir los 80 años y estos dÃas pasa sus vacaciones en Suiza, desde donde atiende por teléfono para explicar cómo es posible que hasta el momento no hayamos podido disfrutar de este desgarrador relato. "No tengo explicación", reconoce Arnothy en francés. "Pero siempre me afectó mucho; no lo entendÃa. ¿Por qué los españoles no me traducen? ¿Por qué un pueblo tan grande y culto, con su gran tradición literaria no quiere saber nada de este libro? La única explicación que me daba era que o bien no caÃa bien o bien no habÃa editores Hoy soy feliz", explica emocionada mientras halaga a Cervantes.
Intimidades a la carta
La autora húngara escribÃa cada dÃa alumbrada por una vela, con sus bolÃgrafos y los papeles, apoyada sobre el reverso de una caja. Empezó preguntándose cómo podÃan haber dejado el gran apartamento de la quinta planta. Ellos, una familia sin problemas, con casas en el campo, con sus abrigos de pieles y su piano de cola. Cómo podÃa ser que su vida cambiara sin aviso, primero con la llegada de los nazis. Tampoco podÃa creer que meses más tarde cuando volvÃa a huir de su casa de campo, esta vez del Ejército ruso se viera arrancando todas las páginas de su diario para esconderlas entre su ropa.
"No lo entiendo, no tiene sentido que me comparen con Anna Frank"
Por la juventud de la narradora enfrentada a la brutalidad de los acontecimientos se ha tendido a comparar con El diario de Anna Frank, pero es cierto que esta autobiografÃa tiene poco de diario. Es una elaboración cuidada, con una clara intención narrativa, que lleva la crónica más allá del apunte y lo acerca al relato sobrecogedor. Ella misma no entiende la comparación: "No tiene sentido. SÃ, éramos dos niñas, pero no es el mismo paÃs, ni la misma sociedad. Ella tuvo el gran mérito de llamar la atención sobre lo que pasó en su paÃs", advierte con una declarada falsa modestia.
Ambos testimonios participan de la historia menos oficial y más Ãntima, como en su dÃa lo hizo Diario (Anagrama) de Hélène Berr en la Alemania de 1942; o El diario de Zlata (Aguilar), de Zlata Filipovich en la guerra de Bosnia; o la novela gráfica Por nuestra cuenta (Ponent Mon), de Miriam Katin, que también recoge el Budapest invadido por los nazis y tomado por los rusos. La propia Christine Arnothy reconoce que las "historias de amor" nunca le han gustado, que el "interés de su existencia" es no dejar escapar la memoria.
"Pasar página y olvidar es completamente absurdo. Hay que recordarlo todo y ser capaces de digerir lo que vivimos porque es enriquecedor si no ¿cuál es el motivo de un escritor? Un escritor es memoria, acción y creación", reconoce la escritora, que no lo duda: volverÃa a vivirlo, a pasarlo, a sufrirlo, "sin problemas".
"Todo el mundo se ha transformado en soldado, hasta los inválidos", escribe
Esta mujer es dura de pelar. En uno de los momentos más crueles de la novela escribe: "A mediodÃa habÃamos bebido toda el agua que nos quedaba. Ahora ya no hay agua. Ni una gota. Sólo habÃa sangre, sangre, por todas partes sangre". Lo que más estremece del relato es la normalidad con la que se enfrenta a todo ese horror.
La ciudad está en ruinas, la población civil en medio de la masacre entre dos ejércitos y ella consigue que la barbaridad sea cotidiana, y que el silencio se vuelva insoportable. Cuando las bombas que estallan en la ciudad, las botas del trote de los soldados y los disparos de las ametralladoras son el runrún que ya ni se siente, la calma se convierte en la amenaza que anuncia lo peor.
Arnothy explica a este periódico que un escritor trabaja sobre lo inmediato, que apenas eran conscientes de que estaban vivos. "Nos acostumbramos pronto a las ruinas. Lo horroroso no son los cadáveres en la carretera que nos encontrábamos cuando Ãbamos a buscar el agua. Lo horrible era el silencio", recuerda.
Lo que más estremece es la normalidad con la relata esa tragedia
Todo era tan corriente como los cambios de estaciones: "Uno casi se estremece al comprobar el mecanismo de la eterna primavera, que hace brotar retoños verdes entre los dedos de un cadáver". En una ciudad en ruinas, todas las nociones morales quedaron alteradas: lo repugnante no parecÃa inconcebible y "los corazones duros tenÃan más posibilidades de sobrevivir que los corazones tiernos".
El silencio que dÃas antes le acompañaba en la lectura de La piel de zapa, de Balzac, se habÃa vuelto incómodo, tanto como la escasa luz con la que seguÃa la lectura del libro, ya en el sótano. "Tengo ganas de leer, pero enseguida mis ojos lagrimean. Mi madre no cesa de advertirme que si sigo asÃ, tendrán que ponerme gafas", y se pregunta ¿cómo puede preocuparse uno por la suerte de sus ojos cuando le quedan pocos dÃas de vida? "En este momento no temo a la muerte; sólo me asusta el paso de esta vida a la otra", escribe.
Todos bárbaros
A pesar de que Christine asegure más de 60 años después que de aquella experiencia aprendió muchÃsimo y que lo volverÃa a repetir, en el libro deja clara la desesperación y el absurdo de un destino que juega a capricho con sus limitadas esperanzas. Incluso llega a soñar con volver a nacer para que la vida se apiade de ella y de su familia de una vez por todas. Sueña "con una vida propia" y lo que busca es poder dejar de estar a la intemperie de la maldad del ser humano.
Su padre vio en la gente más cercana esa cara oscura, que habÃa permanecido oculta hasta ese momento: "Ahora que la guerra ha invadido nuestras calles, todo el mundo se ha transformado en soldado, hasta los inválidos, los niños, las mujeres y los ancianos", escribe que dijo su padre. La figura paterna en todo el relato es la presencia de la templanza en medio del caos, que pide calma y juicio para reservar todas las fuerzas posibles ante la llegada de las pruebas más penosas. De hecho, fueron tres años de desgracias en su huida del sótano al campo. Tres años en los que la convivencia parecÃa imposible.
Con mucho retraso, el lector español volverá a pasar por otro testimonio dramático de un superviviente del horror, que no ha perdido un ápice de dolor en todo este tiempo. "Ciertamente, es un libro que recorre el mundo para decir "no olvidéis el terror ni las guerras, porque todo ha terminado y todo puede volver a ocurrir", asegura Christine Arnothy, que cree que el libro sigue atrapando porque "se siente que lo que se lee es la verdad absoluta".
Una de las obras francesas más vendida y estudiada en los colegios
Más de tres millones de ejemplares
‘Tengo 15 años y no quiero morir' figura entre las obras francesas más vendidas. Ya supera los tres millones de ejemplares vendidos, un poco menos que ‘Le grand Meaulnes', de Alain Fournier, y ‘Vipère au poing', de Hervé Bazin, dos libros fundamentales en la historia de la literatura del paÃs vecino. En Francia, la obra de Christine Arnothy ha tenido varias reediciones desde su publicación en 1955, y se ha traducido a 20 lenguas, incluyendo finlandés y japonés.
Una obra estudiada en el colegio
La II Guerra Mundial fue un trauma que aún marca la sociedad francesa, más de 60 años después del final de la contienda. El gran conflicto del siglo XX se estudia dos veces, en los colegios y en los institutos: en cuarto de ESO y en segundo de Bachillerato. En ESO, junto a obras más conocidas como textos de Marguerite Yourcenar o de Molière, los alumnos estudian la II Guerra Mundial en sus clases de letras con obras narrativas: ‘Un sac de billes', de Joseph Joffo, ‘La bicyclette bleue', de Régine Deforges. La mayorÃa de los colegios recomiendan en su programa la lectura y el estudio de ‘Tengo 15 años y no quiero morir'. Al final de ESO, los alumnos pasan una serie de exámenes y, entre los temas de Historia y de Letras, se suele pedir un análisis de un extracto del texto de Arnothy o un comentario de texto de fragmentos del libro.
Un texto aplaudido por la prensa internacional
‘Tengo 15 años y no quiero morir' fue reconocido tanto por la prensa nacional francesa como la internacional, sobre todo la estadounidense, nada más salir al mercado. "Este breve libro será una de las tres o cuatro obras que, en el futuro, tendrá el misterioso poder de hablar de las miserias de la última gran guerra", escribÃa en 1955 ‘La Republique'. Un año después, ‘The New York Times' hablaba de una "historia asombrosa" que "siempre dice la verdad". Para ‘The Times', Arthony es "una artista con un libro excepcional sobre la guerra". Â
14 Comentarios
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Referencia del artÃculo agregada, por su interés divulgativo, en http://dia10paz.wordpress.com/
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Lo de pueblo culto me ha llegado al alma.
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Las palabras hay veces que escuecen demasiado.
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Más de 2.000 comentarios por la muerte de Jackson y tres por la publicación de un testimonio vivo del horror. De eso escribÃa Cervantes. Mucha novela de caballeria y poca filosofia. Si al menos hoy se leyeran novelas de caballeria.
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Este es otro caso de escritora genial de vida desastrosa. Era una mujer obsesionada con su terciado cuerpo. Sin embargo, su literatura es excelsa. Aquà en España tenemos sin embargo una cantidad sobresaliente de escritores de vida y moral perfectas: todas las semanas nos indican desde sus columnas de prensa lo mala que es la derecha y el sistema capitalista; y cuánto horror produce el cambio climático y la caza de ballenas. Nos admira la perfección de sus vidas, queremos seguir sin duda las pautas morales que nos indican: el problema es que se presentan ante nosotros como escritores, y que ejercitándose como tal se nos muestran adocenados, mediocres, aburridos, intrascendentes. Muñoz Molina, Maruja Torres, Rosa Montero, Sara y Mago, Millás.. ¿para qué os queremos entre nosotros? DeberÃan seguir las pautas vitales del padre Ferrer: la India profunda serÃa un buen destino para ellos. VOLANDOCONLACOLOMETA.BLOGSPOT.COM
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Pero Pep, piensa que, por suerte, aún nos quedan brillantes intelectuales/ideólogos liberales: Fernández Los Santos, César Vidal, el Ãnclito y nunca bien ponderado Aznar...
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"Un saco de canicas" sà que es un pedazo de libro.
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jmlt: porque la gente no quiere leer sobre cosas como esta. Quiere llorar a un tipejo que no hizo mas que cantar y violar niños.
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Marcela: La gente no sabe lo que quiere, quiere lo que le venden.
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¿Buen olfato? Hombre, teniendo en cuenta que el libro tiene ya una singladura editorial a sus espaldas en otros idiomas de más de 50 años, yo no lo llamarÃa precisamente "buen olfato". Más bien es un "ya era hora" como una casa de grande.
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¡Qué buena reseña! ¿Es original, o un refrito de las miles que existen por ah�
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Sobre el texto del articulo me sorprende que se diga "Budapest invadido por los nazis y tomado por los rusos". Creo que la verdad historica es "ocupado por los nazis y liberado por el ejercito sovietico". Parece ser que cuesta trabajo reconocer en la prensa burguesa que europa fue liberada del Fascismo por el ejercito sovietico, en el que se integraron miles de republicanos españoles.
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Gracias a este diario. Compré el libro el sábado y ya lo acabé (no es muy largo) y he quedado impresionado. No consigo sacármelo de la cabeza. Lo recomiendo y lo regalaré. Gracias Público.
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Fue terrible esa como todas las guerras.
Hoy vi esto.
Durante la guerra ruso-polaca de 1919-1920, de 100 mil a 160 mil soldados soviéticos fueron hechos prisioneros. Hasta 90 mil murieron a causa de las insoportables condiciones de mantenimiento en campos de concentración. Muchos fueron fusilados. Las autoridades de la Rusia soviética acusaron a los polacos de haber aplicado premeditadamente la polÃtica de exterminio de los prisioneros de guerra rusos.

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