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A 24 viñetas por segundo

‘Wilson’, la adaptación a la gran pantalla de las historietas de Daniel Clowe, una nueva señal del apego del cine por las novelas gráficas. Una puerta para la irreverencia, la sátira, el atrevimiento y para una lírica que no suena ridícula.

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Escena de 'Wilson'

El historietista americano Daniel Clowes ha confesado que se "tronchaba" de risa en el hospital, al lado de la cama en la que agonizaba su padre, mientras “garabateaba” en su bloc de dibujo tiras cómicas con las que intentaba “no sentirme abrumado”. Así nació un muñeco hecho de palotes que luego se convirtió en Wilson, su personaje más emblemático. De mediana edad y solitario, es un desinhibido social, patético y al mismo tiempo entrañable, una especie de sociópata que vive con su pequeña foxterrier Pepper y que está obsesionado con su ex mujer, Pippi. Ahora, con guion del propio Clowes, Woody Harrelson es el Wilson del cine.

Menos irreverente que las tiras gráficas, pero con una interpretación de Woody Harrelson que no tiene desperdicio, la película está dirigida por Craig Johnson (The Skeleton Twins), que, como el autor, reconoce que el guion le hizo “reírme en voz alta, era desternillante”. La reaparecida Pippi y la hija que ésta dio en adopción, una excéntrica adolescente, son en la pantalla Laura Dern e Isabella Amara.

Dieciséis años antes, Enid y Rebecca estaban exultantes, por fin iban a dejar atrás a esa pandilla de inmaduros a los que habían tenido que soportar en el instituto. Una jovencísima Scarlett Johansson, en el primer protagonista de su carrera, y una cínica y descarada Thora Birch daban vida a estas dos criaturas también de Daniel Clowes, en Ghost World (Terry Zwigoff). Fue el debut del historietista en la gran pantalla y una señal de la fuerza con la que el cine se aferraba ya a las novelas gráficas.

Escena de 'Ghost World' (2001)

El doble salto de Art Spiegelman

La experiencia de los judíos polacos perseguidos por los nazis se convirtió en manos de Art Spiegelman en una de las obras más influyentes de la nueva cultura y de la historieta alternativa, Maus. Los judíos eran ratones y los alemanes, soldados y nazis eran gatos y cerdos. El relato sigue siendo impresionante. Tanto como cuando se alzó con el primer Premio Pulitzer de la historia para una novela gráfica. En realidad fueron dos Pulitzer, a la Mejor Obra Literaria de Ficción y uno Especial. Spiegelman colocó muy arriba un género que no había recibido antes la merecida atención –excepto por sus precoces incondicionales – y abrió una grieta en la a veces conservadora mirada de los sectores culturales. El cine empezó a ver más allá de los cómics de superhéroes.

Adaptar la obra maestra de Spiegelman hubiera acabado posiblemente en naufragio. Pero en el cine siempre ha habido audaces y algunos se han deslumbrado con los grandes de este género. No todos han llegado, claro, sanos y salvos a puerto, pero lo han intentado. De una buena novela no siempre sale una buena película -ahí están algunas "agresiones" a García Márquez en el cine-, pero la novela gráfica, con su elocuente narrativa visual parece que pone las cosas menos difíciles.

El "rey" del género, Alan Moore, y Eddie Campbell, el ideólogo de la novela gráfica, cayeron en manos de los hermanos Albert y Allen Hugues en 2001, que se atrevieron con la obra maestra de ambos, From Hell (Desde el infierno). Johnny Depp era el inspector Fred Abberline, a la caza de Jack el Destripador por el sórdido distrito de Whitechapel. Esfuerzo Malogrado. James McTeigue lo hizo un poco mejor con otra de las grandes de Moore, V de Vendetta (2006), aunque tampoco estuvo a la altura.

Escena de 'V de Vendetta' (2006)

"Ninguno veremos el cielo"

El que sí dio el do de pecho fue el tunecino Abdellatif Kechiche con La vida de Adèle (2013), adaptación al cine de El azul es un color cálido, de Julie Maroh, con la que ganó la Palma de Oro en Cannes y montó una agria polémica. Hermosa historia de amor entre dos mujeres, la autora de la novela acusó al director de incluir escenas de sexo lésbico solamente para alimentar el morbo de los varones heterosexuales. Y una de las dos actrices principales, Léa Seydoux, afirmó que el rodaje había sido un infierno y llamó a Kechiche “sádico y tirano”.

Escena de 'La vida de Adèle' (2013)

Diez años antes, Paul Giamatti había hecho uno de los mejores trabajos de su carrera en American Splendor. Genuino cine independiente que en esta ‘semificción’ contaba la vida del guionista de cómics Harvey Pekar y de la historieta autobiográfica que le convirtió en los ochenta en un autor de culto. Cascarrabias, neurótico y muy quejica, Pekar aparecía en la película al lado de sus personajes.

Cartel de 'American Splendor' (2003)

“Esta es la vida que elegimos. Y una cosa está clara, ninguno veremos el cielo”. Portentoso Paul Newman en el último personaje que interpretó en el cine, el de John Rooney, el capo de la mafia irlandesa durante la Gran Depresión, que antes habían creado Max Allan Collins y el dibujante Richard Piers Rayner en Camino a la perdición (2002), primera entrega de una popular saga criminal. El británico Sam Mendes se llevó el Premio al Mejor Director en Venecia por esta película.

Escena de 'Camino a la perdición' (2002)

El reino de Gemma Arterton

Otro británico, el veterano cineasta Stephen Frears, firmó la adaptación al cine de Tamara Drewe (2010), la maliciosa y ácida novela gráfica de Posy Simmonds que ponía al descubierto mezquindades y miserias de esta sociedad siglo XXI. La francesa Anne Fontaine quedó atrapada con otra obra de esta autora, Gemma Bovery – en el cine aquí se tituló Primavera en Normandía-, para la que dio el papel principal a la misma actriz que protagonizó el filme de Frears, Gemma Arterton.

Escena de 'Tamara Drewe' (2010)

También fue una escritora, en este caso, francesa, Camille Jourdy, la que llamó la atención de Julien Rappeneau, tan fascinado por el libro Rosalie Blum, que decidió debutar en el cine hace un par de años con su adaptación. Y Bertrand Tavernier, uno de los grandes del cine galo, se lanzó a una comedia, insólita en su filmografía, con Quai d’Orsay (Crónicas diplomáticas), una sátira política de la burocracia y diplomacia francesa, adaptación al cine de la obra de Abel Lanzac y Christophe Blain.

Escena de 'Crónicas diplomáticas' (2013)

"A lo que deben oler los ángeles"

De uno de los padres del "cómic gay" y azote de los fanatismos religiosos, Ralf König, se han llevado al cine El hombre deseado, un trabajo de Sönke Wortmann que triunfó en 1994 en los Premios el Cine Alemán; El condón asesino, dos años después y con menos éxito, aunque con los atrevidos golpes de humor del libro, y Lisistrata, que en manos de Francesc Bellmunt fue un pequeño fracaso.

El cine de animación brilló con Persépolis, dirigida por la propia autora, Marjane Satrapi, junto con Vincent Paronnaud; y en España con Arrugas, el libro de Paco Roca, que dirigió Ignacio Ferreras y se alzó con el Goya a la Mejor Película de Animación de 2011.

Escena de 'Arrugas' (2011)

Y hay muchas más, dejando al margen los superhéroes o personajes con poderes. La brutal Oldboy, de Park Chan-wook, sobre el libro de Nobuaki Minegishi; la magnífica Una historia de violencia, de Cronenberg, sobre la novela gráfica de John Wagner y Vince Locke; la siniestra Sin City, que firmaron Robert Rodríguez, Quentin Tarantino y el emblemático historietista Frank Miller… Películas que se aprovechan de la singularidad de un género para colar en el cine la poética de la literatura sin que suene afectada o ridícula. “Ella huele a lo que deben oler los ángeles”.

Escena de 'Sin City' (2005)