¿Quién se comió el queso del traductor?
Las relaciones entre editoriales y traductores siempre podrÃan ser mejores: en algunos casos rozan la ilegalidad
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"Obviamente, bombazos como El señor de los anillos, Harry Potter o Ken Follett hay muy pocos. Y hay que tener en cuenta que para llegar a cobrar derechos de autor, un libro tiene que superar, más o menos, los 60.000 ejemplares vendidos; lo cual son muchos ejemplares si tenemos en cuenta que la tirada media de un libro está entre los 4.000 o 5.000 ejemplares", reconoce Robert Falcó, del estudio de traductores Anuvela.
Según la Ley de Propiedad Intelectual, los traductores son autores y, como tal, reciben un porcentaje de la explotación de derechos. Sin embargo, "aún hay editoriales que no hacen contratos de traducción o que no especifican el porcentaje de derechos de autor que nos corresponde", avisa Falcó.
Un pelotazo no esperado
¿Quien se ha llevado mi queso?
El caso de Montserrat Gurguà ha sido uno de los más sonados, aunque no se considera traductora de best sellers porque de los 120 libros aproximadamente que ha traducido en 23 años de carrera, sólo el 5% le ha dado derechos. Su mala experiencia viene precisamente de uno de esos superventas por los que nadie parecÃa apostar: ¿Quién se ha llevado mi queso?, de Spencer Johnson (Ediciones Urano). "Lo hice sin contrato, gracias a una modalidad que contempla la LPI que se llama a tanto alzado y por la que el traductor cobra lo estipulado (por página) y el editor sólo puede sacar una única edición. Si quiere sacar más, debe hacer contrato".
El libro se publicó por primera vez en febrero de 2000. En otoño de este año, Guiguà vio que iba por la octava edición y que empezaba a aparecer en la lista de más vendidos. "En La Vanguardia se decÃa que se habÃan vendido 100.000 ejemplares. Me puse en contacto con el editor, le dije que la edición estaba fuera de la ley y le invité a que regularizáramos la situación. Me aseguró que él no creÃa en los contratos, como si fuera una cuestión de fe".
Después de un tira y afloja, pactaron un 0,50% de royalties y firmaron un contrato en noviembre de 2000. Pero en Navidades del mismo año, habÃa otra edición en la calle con el nombre de otro traductor. "Era prácticamente igual que la mÃa. Se habÃan dedicado a cambiar cuento por relato, luego por después, etc. El autor de la nueva traducción era un colaborador de la casa, amigo personal del editor. Se habÃa saltado el contrato en función de una cláusula que llevan todos los contratos y estaba explotando otra traducción. Lo rompió y tuvo que indemnizarme".
Un clásico sin derechos
Tolkien y su versión española
Falcó recuerda también "uno de los casos más sangrantes", el de Matilde Horne, traductora de Las dos torres y El regreso del rey, de la trilogÃa El señor de los anillos. Horne que murió a mediados del año pasado recibió tan sólo el pago de 6.000 euros en concepto de derechos de autor por sus traducciones cuando el editor Franciso Porrúa vendió Minotauro al gigante editorial Planeta. "Y cuando reclamó a Planeta, le ofrecieron 1.200 euros al año", recuerda Falcó, que propone jugar con los números: "Imaginemos que en 2001 [tras el boom de la primera pelÃcula] se vendieron 500.000 ejemplares y que cada uno podÃa costar unos 20 euros. Eso equivale a 10.000.000 de facturación". Si le hubieran pagado "un simple 0,5%, el total asciende a 50.000 euros en concepto de derechos de autor. Y eso sólo teniendo en cuenta lo que deberÃa haber cobrado en el año 2001".
Posteriormente, y gracias a la intervención de las asociaciones de traductores, Planeta acabó liquidándole los derechos que le correspondÃan desde la compra de Minotauro.
Inglés en las alpujarras
Chris Stewart, el escritor que fue baterÃa de Genesis
Gurguà subraya un caso reciente y "muy flagrante de impagos y malos tratos": el de Chris Stewart, baterÃa del grupo Genesis, británico enamorado del paisaje de Las Alpujarras al más puro estilo de Gerald Brenan. Stewart publicó en 1999 Driving among lemons. An optimistic in AndalucÃa, un best seller en Reino Unido y EEUU que en España ha sido editado por Almuzara bajo el tÃtulo Entre limones.
Según denunciaba el propio autor a El diario de Córdoba en febrero, no ha cobrado "nada" por el libro, que en España ha vendido 250.000 ejemplares. Es la cabeza visible de una situación con el grupo Almuzara que, según ACEtt asociación fundada en 1983 para defender los intereses y derechos de los traductores de libros afecta a nueve de sus afiliados.
7 Comentarios
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Luego los lectores nos quejamos de las traducciones... normal que se hagan las chapuzas que vemos de contÃnuo, con estas condiciones laborales.
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A lo mejor, si los lectores nos quejáramos más, o nos quejáramos de verdad (enviando cartas a las editoriales y a la prensa), estas injusticias ocurrirÃan menos. Teniendo en cuenta las condiciones en las que trabajan, los traductores hacen verdaderos milagros.
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La Ley tiene prevista una acción de revisión en estos casos en los que un libro aumenta las ventas de una manera no prevista (por ejemplo por la adaptación cinematográfica). De todos modos tampoco cuesta tanto consultar a un Abogado.
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la cuestión no es que la ley tenga prevista una revisión si el libro aumenta las ventas de manera no prevista, el problema es que deberÃa respetarse el papel del traductor desde un principio para que se pudiera trabajar en condiciones dignas. ¿o es que los que no traducen best sellers no tienen derechos? apañados estamos
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he intentado poner un enlace muy interesante pero no aparece. si queréis verlo, podéis poner en google "calleja de las flores pimentel" y os saldrá la página del artÃculo en cuestión
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Cada traducción que aparece sin nombre del traductor, aunque hayan prescrito los derechos de autor, es ilegal. La autorÃa de una traducción no "caduca" nunca. ¿Por qué será que la única piraterÃa que se combate es la de Internet, la música de los locales y el top manta? Hace muchos años que España firmó la Convención de Berna, a lo mejor nos da por cumplirla cuando la SGAE se ocupe de las traducciones...
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Es posible que una solución sea "algo parecido" a un colegio de traductores. Y que la justicia funcione. ¿Cómo terminaba el chiste? ... "¿no hay nadie más por ah�". Apañaos estamos.

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