Trueba patina
Fernando Trueba ha repetido constantemente durante esta semana que con El baile de la Victoria jamás quiso aburrir al espectador. Una declaración demasiado sospechosa. En el fondo, demasiado explícita. Y que se pone en duda al enfrentarte a los 130 minutos que dura el filme.
Porque no es sólo aburrido –que también– sino que llega a resultar cargante por su guión sin sentido, su carencia de ritmo, y un cierto empalago en algunas secuencias. Lo cierto es que la historia resulta poco creíble, en parte, porque parece que el director no ha hecho nada para que los espectadores ni los actores se la crean.
La película está basada en una novela de Antonio Skármeta. Una historia muy visual con personajes clásicos como el veterano ladrón admirado por todos, el joven ratero, la chica rara (muda, bailarina y traumatizada), la ex mujer cansada de esperar, un alcaide de prisión con tendencias pedófilas y el sicario de turno. Todo ambientado en el Chile pos Pinochet.
La trama gira en torno a un posible golpe. Pero el montaje no se entiende y surgen preguntas: ¿Cómo se conocen los personajes? ¿Por qué cabalgan por la playa? Desgraciadamente tampoco llegan a encandilar las dos historias de amor que la película presenta. Los personajes de Abel Ayala y Miranda Bodenhöfer transmiten más bien poco. Sólo Ricardo Darín llega a estremecer cuando, casi ‘a capela’, le canta a Ariadna Gil el bolero ‘El día que me quieras’.
Quizá lo peor para el espectador sea aguantar la endiablada verborrea de Ayala. No para durante dos horas. Incluso Darín a ratos le mira como diciéndole: ¿Por qué no te callas?
El director
No le ha salido bien a Trueba la jugada. Vio en la novela una película y patinó. Quizá porque en ella no hay ningún aspecto con los que sí ha acertado antes el director. Para empezar, la cinta carece de humor, una característica que serpenteó por filmes como ‘Belle Époque’ o ‘La niña de tus ojos’. Por no hablar de algunas de sus primeras películas como ‘Sé infiel y no mires con quién’. La cinta carece de candor. Ese que sí tenían ‘Ópera prima’ y ‘El año de las luces’. Y no, Bodenhöfer y Ayala no son Jorge Sanz y Maribel Verdú.
Director: Fernando trueba
Género: Drama
Reparto: Ricardo Darín, Abel Ayala, Ariadna Gil.
Duración: 130 minutos
8 Comentarios
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Paulita que crítica! no te has cortao un pelo jajaja ya no se si ir a verla... miedo me das!
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vaya, se ve que esta chica no ha recibido el sobre....
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Así no pasamos ni de la primera ronda en los Oscar... otro año que nos quedamos sin estatuilla. Cuando teníamos por ejemplo a Celda 211 que es un peliculón. Pero bueno, no hay quien entienda a la academia...
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La peli no sé como será, pero la crítica que habéis escrito es mala mala.
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Ya se sabe, la mirada crítica de trueba...
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No es que yo sea un fan de Trueba, tampoco es que creyera que el tema daba para mucho, pero la realidad es que la peli me sorprendió gratamente. La mayoría de las cosas que criticas yo no las veo en el relato (tierno y no empalagoso, Ariadna cansada de esperar?, es creíble la solidaridad de los desamparados, etc.) Y lo que ya resulta de traca es que no valores el trabajo de los actores, que me pareció bueno en general y fantástico en el caso de Abel Ayala: comparar a éste con Jorge Sanz...ya le gustaría al español poder tener la mitad de naturalidad y complicidad con la cámara, no sé, háztelo ver
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No me gustaría insultar pero me da rabia que, después de tu critica, hubiera podido perdermela. Entré a verla porque no habia otra. Me ha gustado mucho. Supongo que quien patina eres tu.
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Esplendida película que no desmerece nada del libro. Personalmente me emociono, tiene golpes de humor como la vida misma y los actores están soberbios. Tal vez las criticas como esta tan desafortunadas sean un problema para el cine y especialmente para reconocer que no hace falta irse a USA para ver una bonita historia y un buen trabajo con compromiso social. Me hace pensar mal de la señorita o señora redactora y el porque no da una en sus planteamientos sobre esta buena película española. Para otra pienselo dos veces y admita que ver este cine no es de ñoños ni simplones, más bien todo lo contrario.

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