Un escritor en el colegio
La presencia de Delibes en la escuela pública enseñó a todos un país injusto
Fotografía de archivo (21/10/2002), del escritor y académico Miguel Delibes. EFE
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La memoria lectora de la escuela a la que pertenezco tiene forma de bolsillo y es dura como una piedra incómoda en un campo de labranza. Si no engaño a la memoria, allí hay un maestro, Marcelino, que un año habló, sobre todo, del San Manuel bueno mártir, de Unamuno, y El camino, de Miguel Delibes.
Aquel profesor con manos de campo que hablaba con ternura de estas novelas había salido de una de ellas. Pero eso todavía no lo sabíamos. Leímos aquellos libros y avanzamos años más tarde con Las ratas, Los santos inocentes y El disputado voto el señor Cayo. Como él había participado en cada una de ellas, o eso quiero creer ahora, hizo de la desolación y del servilismo de los personajes, el motivo de atracción de los libros de Delibes.
Las portadas de aquellos libros de la editorial Destino son partes en las que la memoria no admite la traición. Veo todavía la ilustración de El disputado voto del señor Cayo, que dibuja las casas rojas, unidas unas a otras sin fisura, con una gran entrada al pueblo, ligado a un vasto campo pardo. Tras esa imagen plana, una historia sencilla, nítida y cruda, en la que los pobres eran los bienaventurados por soportar el peso de las lápidas de una España de abuelo.
Uno se perdía en el sonido añejo de los nombres de sus personajes, secos como sus paisajes
El país que se asfixiaba por religión, política y moral, en paisajes áridos sin esperanza para la esperanza. De ese lugar llegaba aquel maestro que, como el autor había recorrido calles, plazas, comercios, para olvidarse, aparentemente, de la literatura. Aquellas vidas eran de verdad, como la de Marcelino, el otro personaje que Delibes había colocado al frente de las clases del colegio.
Sin olor a rosas
La clase aprendió que cuando viejo, uno se llena de sabiduría que no le va a servir para nada si tiene que soportar el odio del poder; que la nobleza es el único camino para respetar la dignidad del otro, aunque llegará un momento en el que tendrá que traicionarla; que el hombre se llena de paisanos y paisajes que no pierde, a pesar de las durezas del cinismo.
La clase supo que el mundo que miraba Delibes estaba estropeado, que el olor de las sábanas recién lavadas apenas dura un instante. Somos porque sobrevivimos, se lee bajo las líneas del autor de La sombra del ciprés es alargada, con las fatalidades que les hace pasar a sus personajes... muchas padecidas en carne propia. Lo narrado y lo vivido, lo mismo.
La clase supo que el mundo que miraba Delibes estaba estropeado
Con Delibes aquella escuela en la memoria aprendió que la lectura no es más que un bálsamo que no remediará nuestra soledad, ni nuestro dolor, pero que ayudará a seguir arrastrándonos como supervivientes de un destino en ascuas. Las mismas palabras que nos avisan de lo que vendrá, son las que nos sanan lo que ha pasado.
El olor a credibilidad, la supuesta naturalidad, era tan real e inmediata como las tripas de los periódicos, que son las que dan el tono de época en las novelas. Las tripas y las confesiones del autor que sacaba a pasear a sus perros y pájaros de cuenta al campo, mientras ponía el oído a la injusticia. Que alguien salga de caza mientras piensa en las miserias de los hambrientos, es un prejuicio que reconozco que todavía no he podido superar. De esos paseos me quedé las botas, el barro y los libros. Armas cero.
Jamás imaginaría a Marcelino, su personaje real, nuestro maestro, soportando un arma y participando de la destrucción a la que se someten las dos Españas en las novelas de Delibes, pero a fin de cuentas, él también es descendiente de todo aquello. Y nosotros leímos de la barbarie y el conflicto por primera vez en las palabras sin adornos de nuestro Kapuscinski de meseta, un Pla castellano. Uno se perdía en el sonido añejo de los nombres de sus personajes, tan secos como sus paisajes. Paisanos con roca. Régula. Quirce. Azarías. Cipriano. Me imagino a Delibes hurgando en la sección de necrológicas y esquelas del diario El Norte de Castilla, en el que trabajaba desde hacía cinco años cuando le dieron el Nadal por La sombra del ciprés es alargada, a los 26 años de edad. En los setenta dirigiría el periódico.
La vida que trajo en la mano aquel maestro de la memoria en primaria era exacta, sin trucos ni magias, sin escapatoria. Amarga, pero merecedora de ser leída tal y como la escribió un señor de verde.
10 Comentarios
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Delibes era uno de los últimos pedazos de un mundo viejo que ya se fue. Al contrario que el Cela de 'Mazurca para dos muertos', por ejemplo, Delibes nunca supo hacer con el castellano algo más que labrar las palabras con un arado rústico. Es cierto que aró de sol a sol, honestamente, con amor y claridad: esto es mucho quizás, pero en mi opinión insuficiente. Que se enseñe en las escuelas es algo bueno pero también inútil. Su mundo rural de cazadores, pobre gente, señoritos y palabros que ya nadie usa y cuya música nada significa, no tiene ningún sentido en estos días.
Descanse en paz.
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Yo no soy una persona culta pero, Saint Exupery, tengo una duda enseñar a Delibes en la escuela ¿es inútil?, entonces también lo será enseñar historia y tantas otras cosas. Yo nací en un pueblo, no castellano sino aragonés, a principios de los 50 (de 1900) y he vivido en él el resto de mi vida, me quedé atascado en la lectura de la literatura de Delibes porque ya he dejado de encontrar sentido en otras literaturas, en ella me veía retratado y retratadas a las personas de mi entorno, y eso es historia y la historia es imprescindible para el ser humano.
Por otra parte, también deberíamos de recordar "Un mundo que agoniza" y "La Tierra herida", que nos hablan de otras realidades, de otras historias siempre duras y reales como Delibes nos ha contado siempre con maestría inigualable.
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Delibes es el maestro del diálogo interior castellano, el Joyce de la submeseta norte. Señor de rojo sobre el fondo gris de su país. Salve Delibes, Ave Miguel.
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Para Saint Exupery.
Sigo creyendo que el desasosiego que atormenta a los jóvenes ante los grandes cambios seguirá siendo el mismo que experimenta el mochuelo en El Camino. Del mismo modo, seguirá aprovechándose gente de los menos protegidos (como en Los Santos Inocentes). Y podría seguir.
Miguel Delibes es un escritor de valores, donde se reflejan las necesidades, las miserias y la riqueza humana. Que el entorno sea rural no lo hace menos necesario en una sociedad corrompida de los pies a la cabeza como la actual.
En el colegio sentía la necesidad de encontrar libros como los de Delibes (libros que leía por mi cuenta) ante la basura que, con lenguaje supuestamente moderno y deshinibido, pretendían que los jóvenes aprendiéramos algo.
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PARA CHESUS Y LUDWIG: ningún tiempo pasado fue mejor. Vivimos en el más justo y desarrollado de los mundos conocidos hasta ahora por el hombre. No por retratar un mundo que se fue es un escritor menor Delibes: lo es por que su escritura simplemente, y en mi opinión, no trasciende como, por ejemplo, la de Cela.
Saludos a los dos.
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No os asustéis, ¡Seres como Delibes no mueren!
Se ha ido a disfrutar una jornada campera, con sus criaturas, el Nini, el Senderines, el Corto acompañados del Azarias y su Milana.
Con ser una gran pérdida, debemos pensar que hay que someterse a la Ley Universal de la Vida. La de él ha llegado a su fin, pero nos ha dejado a todos, su limpia y directa prosa, lo que debemos agradecerle y por ello siempre estará entre nosotros. Gracias señor Delibes.
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Saint Exupery.
Yo soy castellana, será por eso que me lo paso muy bien leyendo a Delíbes, soy de pueblo, posiblemente esta circunstancia ayude a entender mejor cosas narradas que son vivencias mias. Y como diria mi amigo (también se llama Miguel), que ser de pueblo es tener la mitad de la carrera hecha.
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Saint Exupery, puedo estar de acuerdo en que cualquier tiempo pasado fue peor, cuando vine a este mundo era normal pasar hambre y sobre todo frío, mucho frío; pero esa afirmación debe de matizarse.
Habría mucho que hablar de lo justo que es el mundo actual, y en cuanto al desarrollo, que duda cabe de que hay que ir siempre adelante, pero es necesario mirar hacia atrás de vez en cuando. El cerebro humano ha "inventado" la filosofía y las religiones; el lenguaje y las matemáticas, y este magnífico instrumento que nos permite estar en contacto a cientos y miles de kilómetros. Pero otro de nuestros grandes hombres también desaparecido, el ecólogo Ramón Margalef definía al ser humano como "mamífero existoso", el problema es que de éxito también se muere, y eso es lo que le pasa al ser humano.
"A Daniel, el Mochuelo, le dolía esta despedida como nunca sospechara .... No le interesaba el progreso. El progreso, en verdad no le importaba un ardite. Y, en cambio, le importaban los caseríos blancos y los prados y los maizales parcelados; y la Poza del Inglés, .... Sin embargo, todo había de dejarlo por el progreso. ... El poder de decisión le llega al hombre cuando ya no le hace falta para nada; cuando ni un solo día puede dejar de guiar un carro o picar piedra si no quiere quedarse sin comer. ¿Para qué valía, entonces, la capacidad de desición de un hombre, si puede saberse? La vida era el peor tirano conocido. Cuando la vida le agarra a uno, sobra todo poder de decisión.... ¿Por qué, Señor, por qué el mundo se organizaba tan rematadamente mal?"
Pues eso.
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Saint Exupery, ya veo que de literatura cortito tanto por el nick como por tu preferencia por Cela. Considerar a Delibes escritor menor es saber muy poco y haber leído mucho menos
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PARA CHUCK. No creo que debamos descalificarnos porque nos salgamos un poco del 'carril' ante tanta unanimidad en torno a Delibes. Saint Exupery, querido Chuck, es mi modelo como escritor y como aviador. Probablemente crees que es simplemente el autor de El Principito. Mal, Chuck, mal: es el autor sobre todo de 'Vuelo Nocturno'. ¿Lo de Chuck es por Norris? Imagino que sí.
Saludos.

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