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"La oscuridad del rojo me intriga"

El Guggenheim de Bilbao dedica una retrospectiva al artista indio, uno de los escultores más influyentes en la actualidad

CONCHA RODRÍGUEZ

Los escultores suelen entablar un diálogo entre sus obras y el espacio en el que las ubican. Anish Kapoor (Bombay, 1954), en lugar de dialogar, conquista el espacio con sus producciones. Lo ha demostrado antes, y lo demuestra ahora en el museo Guggenheim de Bilbao con la exposición monográfica que se abre el 16 de marzo, procedente de la Royal Academy de Londres. En su estudio de Peckham, un barrio del sureste de la capital británica, enseña las piezas de la muestra a la que él se resiste llamar retrospectiva, porque le parece el epitafio de su carrera, que él no da por finalizada.

El artista lo llama 'el estudio', aunque es, más bien, una serie de cinco naves industriales conectadas entre sí, por el exterior y el interior, con una veintena de empleados, vestidos con un mono blanco, que trabajan al son de la batuta de uno de los escultores más influyentes de su generación. 'Aquí experimentamos con materiales, superficies, hacemos formas y texturas sin saber cuál será el resultado final; de todo ello emerge eso que llaman arte. Por más que lo programas y lo planificas, siempre hay algo de imprevisible que no conoces hasta el final, el efecto sorpresa es lo desconocido y lo que nos mantiene en alerta, es el reto de nuestro trabajo', explica el escultor junto a uno de los espejos cóncavos que uno de sus empleados pule y abrillanta con una máquina eléctrica. Una suerte de limpiar y dar esplendor, como si se tratara de un anuncio de detergente o lavavajillas.

La muestra reúne instalaciones monumentales hasta octubre

Uno de los materiales que centra la atención de Kapoor es la cera roja. Y una de las instalaciones de la exposición, titulada Disparos en el rincón, consiste precisamente en un cañón que lanza balas de cera de color rojo contra la esquina de dos paredes en una sala. Los disparos producirán como resultado final una acumulación de cera que formará una escultura en sí misma, imprevisible al inicio de la exposición. 'La forma que tomarán las balas de cera roja tras ser disparadas cambiará constantemente; es otra de las obras que se hace a sí misma. No sabemos cómo será. Ni yo mismo hubiese pensado hace unos años que haría un cañón así, pero aquí está', explica Anish, quien lleva ya tiempo trabajando con el color rojo después de haber buscado la perfección o la esencia del azul y del amarillo en fibra óptica, pigmentos y otros materiales.

'Ahora estoy en mi periodo rojo; lo que más interesa es cómo oscurece el rojo, el rojo oscuro es más oscuro que el negro; el rojo tiene una oscuridad que me intriga', dice el escultor. Tras crear sus obras, deja que crezcan solas y que se independicen.

'Mi historia personal debe reflejarse de alguna manera en mi obra'

Como ejemplos de sus trabajos previos al periodo rojo, la exposición incluirá una sala con espejos cóncavos. Esculturas de acero inoxidable de las que, según como se miren, llegan a marear y que son una de las marcas recurrentes del artista. El Sky Mirror (Espejo del cielo), instalado en el Centro Rockefeller de Nueva York, o el Cloud Gate (Puerta de la nube), en Chicago, son obras precursoras como espejos urbanos en los que se refleja la ciudad. Su límite de espacio es el cielo. Desde el Barroco hasta el artista conceptual Jeff Koons, con sus globos reflectantes pasando por los esperpénticos espejos de feria, los cristales cóncavos han sido a menudo objetos de interés artístico.

Para Kapoor, 'las cualidades de estas imágenes reflectantes son muy peculiares, los espejos cóncavos proponen lo sublime, una nueva relación entre la obra y el observador; la modernidad radica en algún lugar por ahí; entre los objetos, sus formas y sus colores físicos'. Anish está acostumbrado a que le busquen significados filosóficos e incluso políticos a sus obras, que él prefiere definir como materiales en busca de forma y geometría.

Explora los colores y las texturas con materiales industriales

Las esculturas de pigmentos, como Arena blanca, mijo rojo, muchas flores, estarán también presentes en la muestra de Bilbao. Son obras de la historia de Kapoor así como los trabajos hechos con fibra de vidrio. Pigmentos a la búsqueda del amarillo más amarillo o el rojo vivo que no oscurece como el de la cera.

Anish Kapoor llegó a Inglaterra en 1972 tras vivir en varias partes de Asia; se formó en diferentes escuelas y empezó a destacar como escultor en la década de los ochenta. Se identifica como indio a pesar de tener pasaporte británico y un bagaje familiar diverso: es de madre iraquí de religión judía y de padre indio e hindú no religioso. 'Mi historia debe reflejarse de alguna manera en mi obra, pero no hay una intención premeditada para ello', contesta. Con esposa e hijos ingleses, la diversidad cultural y religiosa continúa en su casa.

La cera no es el único material que reta ahora su imaginación. Lleva dos años trabajando con el cemento de forma muy poco artesanal, o mejor dicho, de forma mecánica. En una de las naves industriales de su estudio, una máquina y un empleado que hace programas en un ordenador, hacen también esculturas de cemento que el escultor bendice o rechaza. 'El cemento de color, de momento, se me resiste así que todavía estoy explorando el cemento en su color natural, gris; el momento de la perfección en el cemento de color, ahora, lo veo muy complicado', explica Anish ante la ruidosa máquina de la que sale una especie de salchicha inacabable y enredada haciendo una montaña más o menos hueca.

'El cemento de color se me resiste, así que aún estoy explorando el gris'

En la obra Greyman grita, Shaman muere, volutas de humo, belleza evocada, el cemento parece un largo intestino, heces o, como dice él, 'la alta tecnología produce baja tecnología'. Las esculturas de cemento son las novedades en las últimas exposiciones de este artista. 'No me falta mercado para mis trabajos aunque esta exposición [la de Bilbao] no es para vender nada', matiza el artista.

Las obras hechas con fibra de vidrio son superficies que se adentran en paredes hasta el infinito o sobresalen ambiguamente, según de dónde y cómo se observan producen un efecto distinto. La entrada al Guggenheim tendrá una ingeniosa tarjeta de visita. Una escultura de bolas apiladas hasta 50 metros de altura de acero inoxidable haciendo espejos tergiversadores de las imágenes que se reflejan en ellas, reflejando del derecho o del revés lo que pasa a su alrededor. Esta obra será el primer desafío o diálogo del artista con sus visitantes antes de conquistarlos con el resto de la muestra.

Las irregulares y enormes salas del Guggenheim de Bilbao lo animan, como le ocurrió en la Royal Academy y antes en la sala de Turbinas de la Tate Modern. En este último lugar colocó en 2002 Marsyas, tres gigantescas trompetas unidas, hechas con un producto artificial entre lona y tejido elástico haciendo referencia al sátiro de la mitología griega que fue despellejado en vida por Apolo. Aquel rojo (el de Mar-syas) era el de sangre humana. Hoy, la enorme escultura está doblada en piezas y guardada en un almacén del condado de Norfolk, al este de Inglaterra. El escultor Anish Kapoor es un artista que se adapta a todo, igual llena los mayores espacios de exposición del mundo, que hace una herida en un libro de artista, Wound, para la editorial Ivorypress.

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