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"Tenemos derecho a imaginarnos un mundo mejor"

Luis García Montero, poeta. Con ‘Un invierno propio' manda a la poesía a ajustar cuentas con la realidad más despiadada por la que pasa la sociedad

PEIO H. RIAÑO

Los poemas funcionan a golpes de titular, la voz se ha hecho sencilla y directa, lanzada a golpe seco, como aquel segundo Luis Cernuda que aunó lirismo y sentimientos profundos. En Un invierno propio (Consideraciones) (en Visor), el nuevo poemario de Luis García Montero, los versos van calados de cotidianidad sentimental y solidaria ante el frío de una crisis que truena sobre el humanismo. Pero también es un ejercicio en primera persona contra la retórica solemne y la cursilería insensata, contra la inteligencia sin sentimientos.

¿Por qué ese subtítulo, Consideraciones'?

Porque es una consideración por la cavilación, el pensamiento y la indagación, pero también consideración por tratar con respecto a alguien. Tener consideración de los demás, porque el otro está muy presente en el libro.

¿Y ese invierno a qué alude?

El invierno hace referencia a la crisis de valores que estamos viviendo. Es el frío de una situación desamparada. Debemos volver a las ideas y a los valores. Porque esta no es sólo una crisis económica, es una crisis de valores. Es una crisis de ideología. Los recortes no son sólo económicos, también afectan a la solidaridad. He querido hacer estas consideraciones desde la ética que me ha enseñado la poesía. Por eso los poemas tienen la voluntad de aforismos.

'La conciencia te hace no dormirte ni acomodarte, te mantiene vigilante'

¿El libro es un refugio a este frío que cuestiona sueños, hogar, amistad, bares o familia?

El libro es una indagación en la identidad. Porque la realidad se encarna en la individualidad. Eso me lleva a huir de cualquier totalitarismo y consigna, porque aseguran que las ideas están por encima del ser humano. Desde esa interrogación personal hay ideas que trato de desarrollar poéticamente, como el miedo a los dogmas. 'Los dogmas son la prisas de las ideas', dice uno de los poemas. Me asusta la inercia de acomodo que hay en el pensamiento, la gente obligada a pensar en titulares y sin matices, a mirar desde las frases hechas.

¿Por qué la conciencia no es un 'hotel de lujo, sino una pensión junto a una frontera'?

Porque la conciencia te hace no dormirte, no acomodarte, mantenerte vigilante. El individuo es muy importante, pero tiene que ser consciente de su dimensión social. Vivimos en comunidad, y el amor y la amistad te abre a eso.

Ha recurrido a escenarios como los bares y la familia, donde repara la angustia de nuestros días.

La familia es también el ámbito del lector y el de la persona que intenta llevar a la práctica sus ideas y sentimientos. El otro ámbito son los bares, donde se desarrolla la complicidad, la amistad.

¿Por qué son tan peligrosos los cínicos?

Hace años quise expulsar a los sueños de mi casa, pero después me dio miedo porque me convertí en un cínico. Me quedaba sin porvenir. Así que llegué a un arreglo conmigo mismo: no eché a los sueños de mi casa, pero sí están en habitaciones separadas. El cínico se ríe de todo, es incapaz de compadecerse del dolor ajeno. Al vivir en habitaciones separadas, yo vigilo a mis sueños por si se ponen muy ingenuos, no vayan a marcharse de barbarie. Y ellos me vigilen a mí por si me convierto en un cínico. Detrás de un cínico siempre hay un acto de renuncia: todo se ha acabado, nada es posible, entonces, me dedico a reírme de todo. Por eso hay que aclarar que dentro del invierno hay calor.

Es un libro muy personal, ¿tiene la poesía más libertad a la hora de tratar lo autobiográfico?

La poesía supone una indagación lo más sincera de los sentimientos y la conciencia. Pero es un error confundir espontaneidad con sinceridad. Hay mucha gente para la que la poesía es un desahogo. Pero la poesía es un ejercicio de conocimiento, que tiene mucho que ver con el trabajo de elaboración de la voz poética. Todos somos seres biográficos. Al escribir ese personaje biográfico debe convertirse en un personaje literario. Si al escribir sobre el amor o el miedo uno se queda en uno mismo, sólo le servirá a él y a su familia. Elaborarme como personaje literario significa que el miedo no es sólo el mío.

¿Qué se lleva el lector de los libros?

Los que somos lectores sabemos que hemos aprendido mucho con un libro entre las manos. Las ideas del libro te atrapan. El autor debe conseguir que el lector descubra su propio rostro. Ese es el sentido de la literatura, el diálogo. El poema aspira a convertirse en un espacio público entre el autor y el lector.

El libro no llama a la retirada, pero ¿tiene un tono de revolución?

Algo hay en ese sentido. Mi libro anterior, Vista cansada, era un ejercicio de lo que había sido mi historia. En Un invierno propio mi equipaje lo utilizo para dar respuestas al futuro. Estoy preocupado por la sociedad en la que vivo, porque me parece que está liquidando la democracia.

¿Y qué pueden hacer los ciudadanos?

Los ciudadanos están perdiendo la soberanía política. Los políticos son más representantes de los mercados financieros ante los ciudadanos que representantes de los ciudadanos ante los mercados financieros.

¿Qué es lo que más le preocupa de la crisis?

La Iglesia está preocupara por la crisis de valores religiosos, yo estoy preocupado por la crisis de valores terrenales. Las épocas reaccionarias siempre empiezan con un asalto a las humanidades. Llevamos mucho tiempo viviendo en una sociedad marcada por el consumo. El mercantilismo no puede ser el referente de este país, ni puede serlo la cara de Belén Esteban. No puede cerrarse un canal serio de noticias para sustituirlo por un programa de telebasura. Hay un desprecio alarmante del intelectual y lo cultural. El mercantilismo asalta los valores de la tradición ilustrada y republicana.

¿Por qué dice que 'es necesario trabajar la vida'?

La poesía es un ajuste de cuentas con la realidad. El ejercicio de imaginación es capaz de crear en la poética y la política. El Estado sigue siendo una obra de arte. Hay que hacer Estado, construir reglas, marcar ámbitos de la convivencia. Sigo creyendo en la elaboración humana con mis prevenciones.

¿La historia nos ha hecho escépticos?

La historia ha enseñado cómo el Estado sirvió para justificar todos los fines y así surgió el estalinismo y el totalitarismo hitleriano. Lo que nunca podrá justificarse es la renuncia a la conciencia humana: la creación de un mundo mejor no puede llevarnos a creer que el fin justifica la pérdida de la dignidad acercándonos al crimen o la represión. Es tan importante no renunciar a la conciencia como no renunciar a la imaginación. Tenemos derecho a imaginarnos un mundo mejor.

Ante este panorama, ¿qué puede hacer la poesía por nosotros?

La poesía acompaña al ser humano. No es un ejercicio de palabrería ni de sensiblería. Es un ejercicio de conocimiento. La poesía es el diálogo más íntimo con la humanidad. Desde la República se ha relacionado con nuestra educación sentimental. Pero hay que tener cuidado con la palabrería, porque ahí sólo hay cobardía. Tras la cursilería, sólo hay maldad.

Además de sueños, amistad o imaginación, el amor vuelve a ser importante en sus versos.

Es que creo que los sentimientos tienen un papel histórico. Tan emancipatorio es un poema sobre una huelga general como otro sobre la sexualidad. Los poetas hemos reconocido desde hace mucho tiempo algo que ahora empieza a entender la política: el carácter histórico de la intimidad. Una medida económica es tan importante como otra sobre los matrimonios homosexuales, la igualdad entre hombre y mujer, la libertad sexual, etc. El amor te abre los ojos al mundo, no te los cierra. El amor es lo que nos da dimensión social.

¿La ideología va antes que los sentimientos?

Debemos reivindicar los sentimientos, y más en este invierno. Me gustan unos versos de Evgueni Stuchenko, en un poema para el Che: 'A la izquierda muchachos, a la izquierda, pero nunca más a la izquierda de vuestro corazón'. La nueva izquierda se construirá más por reivindicar unos sentimientos que nos acerquen a la realidad que por un programa racionalista definido, eso ya lo tenemos. Reivindicar el amor es aceptar las cosas que no nos gustan en servicio de los otros, como pagar impuestos.

¿Qué es lo que más le preocupa en estos momentos?

La gente demasiado segura. Están obsesionados con las esencias. Las esencias no existen. Debemos respetar las diferencias sentimentales. Las esencias son un latazo y lo que más me fastidia de ellas es que la gente trata de imponerlas a los demás. Pero si no somos más que una elaboración. Soy más yo cuando salgo a la calle y procuro convivir con los demás, porque me preocupa más lo que hago que lo que soy. Como todo el mundo, soy egoísta, interesado, vanidoso, pero no podemos juzgarnos por nuestros instintos sino por cómo nos comportamos.

¿Cree que el libro peca de esperanza?

Me acuerdo ahora de una frase de Eduardo Galeano: 'Están las cosas demasiado mal como para permitirnos ser pesimistas'. Esa es la razón de la apuesta por el futuro y la conciencia cívica. De la crisis estamos saliendo por el peor de los caminos, que es echándole leña al fuego que la había provocado: el neoliberalismo y la especulación desatada. La literatura, sin ser panfleto ni consigna, debe convertirse en alternativa al panorama que se nos presenta.

Los hombres tristes,
que tienen en sus ojos un café de provincias,
que no saben mentir como quien dice,
que se esconden detrás de los periódicos,
que se quedan sentados en su silla
cuando la fiesta baila,
que gastan por zapatos una tarde de lluvia,
que saludan con miedo,
que de pronto una noche se deshacen,
que cantan perseguidos por la risa,
que abrazan, que importunan hasta quedarse solos,
que retornan después a su tristeza
igual que a su pañuelo y a su vaso de agua,
que ven cómo se alejan las novias y los barcos,
esos hombres manchados por las últimas horas
de la ocasión perdida,
se parecen a mí. 

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