Entre Dios y la Policía
A lo largo de diez siglos, los papeles han pasado de ser un privilegio a una obligación que crea nuevas exclusiones
Aparentemente sin misterio, la identificación de las personas supone, además de un asunto de vital importancia práctica en nuestra época, un campo cuyo estudio descubre las profundas transformaciones de las mentalidades que han hecho falta para que hoy nos parezca natural, por ejemplo, que nuestro número de DNI nos represente legalmente.
Algunas de las transformaciones más importantes de los últimos diez siglos están recogidas en Historia de la identificación de las personas (Ariel), una excelente síntesis apenas 150 páginas de las investigaciones más relevantes de este ámbito escrita por dos historiadores franceses, Ilsen About y Vincent Denis. La mayoría de los trabajos citados han sido escritos en los últimos 20 años a rebufo del fenómeno de las migraciones internacionales y de la extensión del control de seguridad.
En la Edad Media, los sellos podían llevar pelos y uñas de los representados
La síntesis, centrada en el marco europeo, arranca en el año 1000. Las transformaciones de la época medieval son las que mejor revelan las resistencias que los distintos dispositivos han tenido que vencer para evolucionar desde el reconocimiento cara a cara a otros basados en signos que representan a la persona a distancia. El mejor ejemplo, una vez recuperado el sistema de nombre y apellidos en el siglo XI, es el del sello: "Una oblea de cera o una bola de metal presionada por una matriz que imprime su huella", que conoció una rápida extensión con el auge de la escritura y servía, entre otras cosas, para garantizar las transferencias de propiedades.
"El éxito del sello se explica [en parte] por su función de sustituto de la persona, a la que vuelve presente' en el acto", explican los autores. Una conversión en signo, sin embargo, a la que no dejaban de resistirse las partes contratantes. Quizá temiendo que el mundo se les fuera a ir de las manos, insertaban "cabellos, uñas o una huella del dedo en el reverso de la cera", como si de una "prolongación física de la persona" se tratara.
Por supuesto, nada de este desapego fue posible sin el permiso de Dios, una vez su hijo se hizo pan en la hostia consagrada. "Una mutación tal, que hacía del signo un sustituto de la persona legal, se hizo posible por la transformación del concepto que tenían los teólogos de los signos, mediante los debates sobre la eucaristía y la presencia real' de Cristo que tuvieron lugar en los siglos XI y XII", se lee.
Las marcas jurídicas se inscribían en la piel mismade los condenados
Esa misma concepción acabó permitiendo también separar al cuerpo de la escritura. Las marcas judiciales, que primero se inscribían directamente sobre la piel del condenado, casi como en La colonia penitenciaria de Franz Kafka, evolucionaron luego hacia el expediente y los archivos donde se describía el aspecto de los fichados: ahora los cuerpos eran captados en los textos, y no a la inversa. La huella digital manchada de tinta nos recuerda todavía ese umbral entre el nombre y el cuerpo.
La nacionalización
Cuando la soberanía dejó de ser un atributo divino de los monarcas y empezó a emanar del cuerpo de la nación, y los estados consolidaron sus fronteras territoriales, surgió también la necesidad de definir y controlar a sus poblaciones. "Bajo el nombre de policía' los gobiernos ponen en marcha dispositivos para enmarcar la vida de las poblaciones, [...]y permitir su coexistencia en el marco urbano", resumen los dos historiadores.
En ese contexto se generalizaron los pasaportes, que fueron obligatorios antes para los ciudadanos que para los extranjeros, y los registros de nacimientos, matrimonios y defunciones, durante siglos anotados por las autoridades eclesiásticas, se convirtieron por fin en un registro civil centralizado por el Estado. El primero, el de Francia, en 1792. Hoy, el documento nacional de identidad es casi un certificado de existencia.
Los dispositivos de identificación hace crecido hasta volverse omnipresentes y por eso mismo imperceptibles. El desarrollo tecnológico multiplica esa capacidad de perfeccionamiento e invisibilización. Pero, como bien subrayan los autores, eso no significa que en la actualidad no quepan otras épocas. En muchas estaciones de metro y autobuses de Madrid, sin ir más lejos, se ha vuelto habitual que la policía, uniformada o de paisano, paren a inmigrantes sospechosos de serlo y no tener papeles. El primer indicio, de nuevo, vuelve a ser el rostro.
16 Comentarios
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Buen final de artículo, algo así que significa que la acción policial nos retrotrae a hace más de mil años. ¡Qué cosas!, ¿verdad?
Salud
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Cuanto mas identifiquemos estemos mejor estamos controlados , actualmente para mí ese es el objetivo ¡¡control, control CONTROL! de hay que estén estudiando la forma de controlarnos a través de internet, un medio que de momento se les va de la mano, cualquier cosa que les valga para el poder y el control será bienvenido.
saludos
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Gracias por este artículo en portada... Público, mès que un diari.
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Qué chuli, aceptaban foto con chapela, no como ahora.
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"Bajo el nombre de policía' los gobiernos ponen en marcha dispositivos para enmarcar la vida de las poblaciones, [...]y permitir su coexistencia en el marco urbano"
jajajajajajajaja
jajajajajajajajajajajajaj qué forma más extraña para llamar a semejantes hijos de... del estado.
En Andalucía, el gatillo de estos "dispositivos" era especialmente ligero...
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¿Ha pensado la GeZZtapo de ''Jode Luis''? ¿En marcarnos a los hombres con un numero de control como en Austwitz?.......¡me lo temia!.
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Si, ''Jode'' Luis, ya se que te encanta la biografia de Himler.
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¡INCREIBLE E INADMISIBLE; LAS SENTENCIAS SE INSCRIBIAN EN LA PIEL DE LOS CONDENADOS... PUEDE QUE LA HUELLA DIGITAL CON TINTA DE AHORA NOS RECUERDE TODAVIA ESE UMBRAL IMPROPIO E INHUMANO...
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La identidad fue sucumbiendo, históricamente, a los procesos de identificación. El proceso ha ido generando perfeccionamientos de ese saber quién es quién, lo que ha reconducido a ese a la documentación de lo que es cada cual, puesto al servicio de las mejora de las funciones policiaco-estatales. El progreso de la sociedad del control encuentra en estas estrategias su mejor cumplimiento. La identificación se ha superpuesto a la identidad, y, claro está, ya nadie es nadie si no tiene papeles .
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estoy de acuerdo con el articulista .al paso que avanza la tecnolgia llegara ul momento que nos puedan deconectar de por vida. apretando un boton.
la tecnologia avanza rapido en temas de recaudacion y de control .
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Estaría bien si todo el objetivo fuera "identificar". Pero los que tienen el poder aspiran a mucho más: a ser ellos los que DAN la identidad. ¡Pretenciosos!
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Matones armados nos cortan el paso y piden documentación, dicen que es por nuestra seguridad. En los cercados se amontonan las ovejas cuidadas por temibles mastines, dicen que es por su seguridad, los lobos acechan. Es secundario que el pastor aproveche lana, leche, carne y el despojo los perros, es lo natural
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ADN, de ''Jode Luis Rodriguez Zapatero.....dar por C***.
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Siempre pensé que el afán por la identificación se realizaba para poder controlar la avaricia recaudatoria de los recaudadores de impuestos de aquellos lejanos tiempos. O saber con cuanta carne de cañón disponían en caso de necesidades guerreras
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Magnífico artículo.
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Esto del control tiene también otra cara. Sin duda que al sistema le interesa tenernos identificados e incluso localizados, pero todos nosotros deseamos poder identificarnos ante los demás, poder demostrar quienes somos, e impedir que otro nos pueda suplantar.
Manejarse razonablemente entre estos dos supuestos no resulta sencillo, en especial porque el sistema acostumbra a jugar sucio. Pero desde luego, a mi me molestaría mucho que en mi banco no me pidieran el DNI ni me obligasen a firmar cuando voy a sacar dinero.

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