El rescate del poeta con sentimiento político
Bartleby reúne la poesía completa y la obra inédita de un autor olvidado. Hizo del género un encuentro entre la emotividad y la conciencia social en los años ochenta
Conocí a Javier Egea a finales de los años setenta. La lectura de sus primeros libros, Serena luz del viento (1974) y A boca de parir (1976), me había convencido de la calidad de su formación poética, la fuerza de su lenguaje y el conocimiento íntimo de una tradición que empezaba para él en los cancioneros medievales y en Garcilaso paradesembocar en la obra de Federico García Lorca y Miguel Hernández. Tenía, además, una mirada personal y una voz de verdadero poeta.
A boca de parir es sin duda uno de los títulos más feos de la poesía española. Javier y yo hicimos a lo largo de los años muchas bromas sobre ese disparate. Pero debajo del título había algunos poemas decisivos para mi formación, yo tenía 17 años cuando se publicó el libro, y para la poesía que íbamos a escribir en Granada a lo largo de los años ochenta. Los lectores del volumen que ahora publica Bartleby pueden buscar, por ejemplo, el poema 19 de mayo. Con este libro, en la calle el próximo 6 de abril, aparece por primera vez la obra poética completa de Egea (1952-1999). El segundo volumen, con su trabajo inédito, del que aquí se adelantan algunos poemas, aparecerá más adelante.
Los sentimientos son tan históricos como una huelga general
Amistad en Tertulia
Javier y yo nos hicimos amigos en 1980. Algunos bares de copas llegan a ser una geografía privada en la que se viven las ilusiones públicas y las mejores noches de amistad. La Tertulia, que desde entonces fue nuestro bar de siempre, había organizado una lectura poética de Javier. Como falló el presentador en el último momento, los amigos me pidieron que improvisara unas palabras. Hablé de sus dos libros publicados, pero la verdadera sorpresa de la noche fueron los versos de Troppo mare, un poema que acababa de escribir en la Isleta del Moro, frente al mar del cabo de Gata. Se había refugiado allí para superar una de sus crisis alcohólicas, uno de sus infiernos personales, y había vuelto con un poema deslumbrante. El dolor, la marca de la soledad, la necesidad de querer y ser querido, la tristeza íntima, estaban allí, pero elaborados con un nuevo vigor y una decidida insistencia en la esperanza.
En las mesas de La Tertulia discutimos durante años del bien y del mal, de la Transición española, del papel del arte y de la literatura en la sociedad, de los rumbos de la historia y de los amores que se nos iban cruzando por medio. En fin, igual que en todas partes, pero en nuestra mesa particular. Allí nos sentábamos los poetas Álvaro Salvador, Ángeles Mora y Antonio Jiménez Millán, el pintor Juan Vida, el profesor de Filosofía del Derecho Mariano Maresca y nuestro maestro Juan Carlos Rodríguez, teórico del marxismo y de la literatura, capaz de hacer un preciso análisis histórico de la poesía mística de San Juan de la Cruz (porque no hace falta recurrir a los panfletos para establecer las relaciones entre una sociedad y su poesía) o descubrir dos versos deslumbrantes en la canción más inesperada. El dueño de La Tertulia, Tato, un exiliado argentino que aterrizó en Granada huyendo de los militares y del frío sueco, puso un fondo de tangos y de paciencia a nuestras interminables discusiones.
Vimos en Machado cómo encauzar el compromiso sin caer en panfletos
Otra sentimentalidad
Allí surgió la idea de tomarnos en serio las reflexiones de Antonio Machado sobre la búsqueda de otra sentimentalidad. Si la poesía no es una acumulación de palabras bonitas, sino una meditación profunda sobre el ser humano, no puede darse un cambio de poética hasta que no se produzca una transformación interior. Los sentimientos que hay bajo nuestras miradas son tan históricos como una constitución, una huelga general o el bombardeo de una ciudad.
Machado había defendido la idea de una nueva sentimentalidad para huir a la vez de la deriva simbolista del sujeto romántico y para distanciarse de las vanguardias, dispuestas a transformar la poesía con rarezas y espectáculos formales. Nosotros vimos en su pensamiento un modo de encauzar el compromiso sin caer en panfletos políticos o formalistas, una manera deindagar en la propia intimidad sin que algún camarada agresivo nos llamase revisionistas y burgueses por desa-tender las causas públicas.
Ante el surrealismo, decidimos valorar el carácter histórico del ser humano
En la poesía de Javier Egea las ilusiones cívicas son inseparables del deseo erótico. Amor y desamor aluden tanto a una historia privada difícil como a una realidad de explotación social. Escribe desde la conciencia de que no hay separación ideológica entre lo privado y lo público.
El poder recorre las plazas, entra por las ventanas en la sala de estar y abre las puertas de los dormitorios. Los programas políticos de los partidos recogen ahora iniciativas que tienen que ver con el ámbito privado, la igualdad de género o el respeto a las diferencias. Este convencimiento de que no hay transformación histórica sin una emancipación en la vida cotidiana viene de lejos en la poesía y ha sido una sus mejores lecciones.
Machado en el frente
Para Egea no hay separación ideológica entre lo privado y lo público
Los surrealistas apostaron por la fuerza de la irracionalidad y la libertad sin represiones del inconsciente. Pero nosotros, acostumbrados a no creer en las verdades esenciales y puras, decididos a valorar el carácter histórico del ser humano, incluso en las tramas movedizas del inconsciente, nos sentimos más cerca de la transformación ética defendida por Antonio Machado.
Javier publicó en ese rumbo Paseo de los tristes (1982), uno de los mejores libros de la poesía española contemporánea. La voz de un poeta civil medita sobre su intimidad, el carácter de sus sentimientos amorosos, y recorre la ciudad en la que observa las transformaciones de un mundo que sustituye los paisajes de la pobreza y el subdesarrollo por los nuevos códigos del capitalismo avanzado.
La música de Fauré, el Cancionero y romancero de ausencias de Miguel Hernández y Las cenizas de Garmsci de Pasolini marcaron la atmósfera. El poeta es "un coleccionista de diciembres helados" y vive la historia "con su pequeña verdad de enamorado". El capítulo Renta y diario de amor asume la herencia del último Miguel Hernández, la posibilidad de un cancionero íntimo, alejado del neopopularismo y cercano a la sencillez coloquial.
Las concepciones teóricas no son un catecismo que deba observarse con devoción a la hora de la escritura, sino un apoyo inevitable y necesario, porque todo poeta tiene su propia visión del mundo. La teoría poética sólo sirve cuando ayuda a escribir buenos poemas. La poesía de Javier en esta época es excelente, como también lo fue en su siguiente libro Raro de luna (1990), cuando decidió alejarse de la otra sentimentalidad machadiana y acercarse al surrealismo.
La fuerza metafórica y las lecciones de la vanguardia ya no pretendieron tensar y enriquecer los versos de sus meditaciones y los tonos realistas. Javier quiso entonces escribir poesía de vanguardia. Y lo bordó. Creo que el poema Raro de luna es una de las mejores piezas que ha dado la tradición surrealista española.
Justicia poética
Hay muchos motivos para celebrar la publicación de la poesía de Javier Egea. Ya era hora de que una obra de tanta calidad estuviese al alcance de los lectores. Es una suerte también que el prólogo de Manuel Rico haga una acertada caracterización de su poesía. Se podrá estar de acuerdo o no con las elucubraciones generales de Rico sobre la poesía, la vanguardia, el realismo o el futuro de la izquierda. Pero su retrato de la poesía de Javier es muy certero. Y eso es una buena noticia después de algunas manipulaciones literarias y humanas que han estado a punto de convertir al poeta en un personaje ridículo.
La lectura de su obra como una versión lírica del socialismo científico deja en muy mal lugar a la obra, al socialismo y a la ciencia. Y la manipulación de una leyenda maldita, jugando con su alcoholismo, sus problemas personales, sus complejos y su suicidio, es una estupidez que sólo pueden consentirse los que no lo han conocido bien o los que no han sufrido junto a él. Cuando hay amor por medio, la autodestrucción no es un plato de gusto.
Javier no era un santo, un modelo de perfección, un teórico del comunismo o un sabio de la política. Era nada más, pero nada menos, un magnífico poeta. Y eso lo pueden comprobar por fin los lectores, algo que celebramos mucho su familia y sus amigos.
Los años de la búsqueda de otra sentimentalidad
Nueva moral
"Es imposible que exista una poesía nueva sin que exprese definitivamente una nueva moral", dijo Antonio Machado. Esas palabras fueron referencia de los tres poetas que en 1983 firmaron una antología y manifiesto poético con el título ‘La otra sentimentalidad', en alusión a los nuevos ejercicios líricos que no perdían de vista ni la intimidad, ni la ideología. Javier Egea, Luis García Montero y Álvaro Salvador crearon al poeta que imagina desde la literatura y actúa a partir de los órdenes de su tiempo.
Resistencia
La poesía es entendida por el grupo como palabra de libertad y de resistencia a la tiranía de lo dado. "Es importante hablar de lo contrario, de la posible originalidad de los vulgares, del protagonismo, dignidad y diferencias íntimas de las personas normales", aseguraron para eludir a los notables, a los héroes, a las figuras históricas, a los favorecidos por el gran relato. La poesía pasa a reconstruir la experiencia de la realidad y ellos revisan la tradición y rompen con una poesía exclusivamente lírica, porque creen en ella como en una forma de intervención.
Norma ética
Formularon la noción de una poesía dispuesta a defender la norma ética y política. Los temas se abren a la memoria y a la política, y en el poema pasan a convivir la emotividad y la conciencia social. Sin eliminar la capacidad fabuladora, acompañaron el brío de la palabra alegre y escéptica con la realidad de la experiencia.
De la calle
Javier Egea consideró que su obra madura arranca con ‘Troppo Mare' (1984), poemario en el que quiso demostrar su vinculación con la calle y su sentimiento comunista. De hecho, Rafael Alberti fue su modelo y, junto con Luis García Montero, en 1982, escribe el ‘Manifiesto albertista'. Egea se convirtió en uno de los poetas más influyentes de la lírica urbana. Esta cercanía con los problemas cotidianos no hace sino acentuar su apesadumbrado carácter de náufrago: "Extraño tanto mar, raro este celo/ desgranado de luz sobre la Isleta/ ajeno a este naufragio que se cree en la orilla/ en cabos,/ jarcias,/ mástiles,/ jirones de velámenes,/ armaduras y redes", escribe en ‘Troppo Mare'. No evitó amores, dolores y soledad.
14 Comentarios
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Gracias Luis. Un abrazo
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Hombre, yo creo que básicamente habría que darle las gracias a la editorial ¿no? La obra de Egea, largo tiempo esperada -y marginada-, comienza a hacerse nuevamente visible.
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Este señor, como suele ser habitual en él, se caracteriza más por sus silencios que por lo que escribe. Por mi parte, salvando la falta de educación y los olvidos del autor de este artículo, quiero hacer público mi agradecimiento a los reales responsables de esta edición: Elena Capetillo, heredera de Javier Egea; José Luis Alcántara, representante de la heredera y responsable de esta edición y Juan Antonio hernández, filólogo granadino y responsable de esta edición.
Gracias por los años de dedicación y esfuerzo para que esta magnífica edición vea la luz, cuyos nombres brillan por su ausencia en la noticia.
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Efectivamente, ya era hora. Es una buena noticia para la poesía. El gran "desconocido" comienza a recibir lo que se merece. Enhorabuena, Luis, por este artículo.
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Sí, en efecto, habrá que dar las gracias a todos los que nombras, Rosalux.
Y, por encima de todos, a Javier Egea, por su p-o-e-s-i-a
¡¡¡Qué ganas tengo de leer el libro!!!!
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D. Luís, dices: Javier era nada más, pero nada menos, un magnífico poeta. Para mí era también algo más importante: un hombre muy coherente. Hasta el final.
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Como quien no quiere la cosa, García Montero aprovecha para malmeter y volver a mencionar el alcohol, el malditismo y los problemas personales de Javier (ya lo dijo en una antología-"homenaje" a Egea: "Javier Egea fue un enfermo"). De paso, también lanza sus dardos a los responsables de esta edición (no hay más que ver lo que opina sobre las "elucubraciones" de Manuel Rico).
Por cierto, si tanto añoraba Luis que la poesía de Javier estuviera en las estanterías, podría, él que tiene posibles en el mundillo literario y editorial, explicarnos que pasó con la antología que el mismo Egea preparó de su obra antes de quitarse la vida. Los herederos firmaron un contrato con Lumen para su publicación, y nunca más se volvió a saber de dicho volumen.
En todo caso, me alegro mucho de que Bartleby publique a Javier Egea.
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Por fin, después de un largo, y sitemático olvido, aprece el poeta que intentó una poesía materialista en sus dos grandes libros. TROPPO MARE y PASEO DE LOS TRISTES. Siempre dijo que escribía desde el punto de vista de la explotación y era absolutamente parcial y comprometido, lo que otros abandonaron a partir de mediados de los 80. El trabajo, que ahora intenta apropiárselo García Montero, ha sido, durante largos años, de Alcantára y Hernández, sufriendo una campaña muy seria de desprestigio y acoso. Egea no aparece sino en una sola antología "nacional", la de Marta Sanz, de entre las 30 publicadas. Ese Egea que no quiso inscribirse en la poesía de la experiencia (llamada socialdemócrata por Alvaro Salvador) y resistió, a pesar del gran aislamiento y la campaña de desprestigio que le cayó encima. En una papel encontrado en su casa había garrapeato: Los solitarios son esos que le dicen a suu amada: me quedo solo pero no me vendo, Eso es, lo dejaron solo porque su poesía no estaba en la norma, en el canon, y él no aceptó la explosión del mercado en el terreno literario a partir de 1982. A esto es alo que alguien llama convertirlo en un personaje "ridículo". De eso nada: un poeta genial, el mejor en Granada junto a Lorca, y una persona coherente hasta las últimas consecuencias.
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Agradezco el artículo de Luis. Lamento, sin embargo, los silencios: el libro lleva más de 100 páginas de rigurosas anotaciones de José Luis Alcántara y Juan Antonio Hernández absolutamente respetuosas con la memoria del poeta. Y lamento aún más la calificación de elucubraciones (no sé a quí se refiere) de la reflexión que yo haya podido hacer sobre las vanguardias, el futuro de la izquierda o el realismo en el prólogo. Me sorprende, sobre todo teniendo en cuenta el esfuerzo desarrollado durante meses para que fuera un texto equilibrado y riguroso y que mi criterio acerca de esos fenómenos, sobradamente conocido. Creo que sería bueno que Luis clarificara ese juicio absolutamente gratuito. Si, como dice, es acertada mi caracterización de la poesía de Egea, ésta no la he escrito sobre el vacío, sino sobre una base teórica que contempla esas variables. Lo que no contempla Luis es algo que yo subrayo en mi prólogo: durante casi 25 años, Javier ha estado "desaparecido" de TODAS las antologías de ámbito nacional que han aparecido en España.
Insisto: gracias, Luis, por el artículo. Pero los silencios y el juicio superficial que emites no están a la altura de la lucidez de la que tanto te precias. Te desmerecen un poco.
Manuel Rico
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Tu prólogo a la poesía completa de "Quisquete", Manuel Rico, es honesto. No has forzado para nada tu ideología. ¿Por qué, y qué, comparte Garcia Montero de él? Que dices que Egea intentó una poesía materialista y, naturalmente, fracasó. Ese fue el motor de un aislamiento. Cuando García Montero dice que fue un enfermo, esto no explica la separación, la diferencia. La diferencia está ahí: Troppo Mare y Paseo de los Tristes, basta con leerlos, se escriben, como él dijo, desde "un enfoque netamente marxista de los sentimientos y el amor". Pero no esperes nunca sinceridad, sino equidistancia y funambulismo. La poesía de la experiencia no parte de un fracaso de la poesía materialista, sino de una ruptura con ella en el fervorín comercial que inaugura el "cambio" del 82. Para García Montero es ridícula esta imagen de "Quisquete", como es ridículo todo lo que se aleje de la norma experiencial y del sentido común, etcc. Pero esa idea es la que explica el aislamiento, el silencio, la soledad, el olvido.....
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Qué fácil los elegoios y las apropiacionoes después de muerto. Y qué sólo murió Egea, que consideró a GM uno de sus mejores amigos. Qué rápido olvidamos. Caminaron juntos, pero Egea no se vendió nunca. Su discurso es coherente hasta la muerte. Felicidades a Bartleby y a Seco por la edición. No le hagáis caso a GM, intenta tirar por tierra todo aquello de lo que no pueda sacar tajada.
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Las prisas consiguientes de una mañana atareada y un tanto de locos provocaron que mi comentario anterior fuera sólo parcial. Ahora, en la tranquilidad nocturna, solventando este error quiero hacer extensibles mis agradecimientos a: Bartleby editores por su atrevimiento al publicar este libro (por los vientos económicos e ideológicos que corren) y el volumen que, al parecer, vienen después. Y a Manuel Rico porque, seguro, su prólogo será magnífico y estará a la altura de la espléndida poesía de Javier Egea. Y aún más seguro estoy de esto último tras leer las ecuánimes y aclaratorias palabras de Manuel Rico en su comentario a este artículo. Repito: Gracias.
Y a disfrutar, en cuanto el libro esté en librerías, de su lectura. Espero que sea pronto.
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Quizás todo se resuma en lo siguiente: en lo que se ha hecho con la teoría de Juan Carlos/en lo que Juan Carlos ha permitido que se haga en nombre de su teoría.
He aquí el síntoma: "Escribe desde la conciencia de que no hay separación ideológica entre lo privado y lo público". Precisamente es lo contrario. Egea escribía desde la conciencia de que la única separación entre lo privado y lo público es ideológica, y no real. Y de que esa ideología tiene nombres y apellidos: ideología burguesa del sujeto. Su poesía es una lucha constante contra esa separación ideológica. Y no fracasó. Le dejaron solo en esa tarea política, a pesar de que no fue el único comprometido en ello -¿qué tuvo que ver el PCE en la relación Alberti/Egea-GM? De nuevo el silencio. Egea hizo poesía materialista mientras resistió en su pequeño pueblo en armas contra la soledad. El fracaso está en el abandono, no en la derrota.
Egea, más que un magnífico poeta, lo que evidentemente llegó a ser, fue un militante comunista que trabajaba como poeta. ¿Antes, después? Todo el mundo tiene su historia.
Y sólo se convierte en un personaje ridículo -alcohólico, enfermo, débil, suicida- cuando se toma la intimidad, la experiencia, etc. como punto de partida y no como resultado de la lucha de clases. Las experiencias propias, aquí y ahora, son casi siempre reaccionarias. La soledad de Egea no fue una decisión propia más que como consecuencia de la lucidez del que no iba a cambiar de barco, cuando casi todos huían como ratas.
¿Autor olvidado? ¡Qué cierto es lo de los silencios de LGM! Olvidado... ¿por quién? ¡Ay, la separación entre privado y público! ¡Ay, los escaparates de las antologías y los periódicos!
Egea no ha sido olvidado. No lo es por muchos estudiantes y militantes comunistas, al menos en Granada; no lo es por el PCE, sumido en la contradicción, que señala su suicidio, entre lo que fue y lo que es; y no lo es por los que estuvieron llamados y comprometidos en la poesía como tarea política y la abandonaron por el cambio en la vida cotidiana para llegar a las transformaciones históricas.
¿Y la otra parte de la relación dialéctica? ¿Y los cambios en la vida cotidiana que no se pueden producir hasta que no haya una transformación histórica? No será olvidado. Siempre se les aparecerá Quisquete, como prueba de que también están equivocados en teoría.
Para terminar, "dos versos deslumbrantes en la canción más inesperada": Y si te piensas echar atrás/tienes muchas huellas que borrar.
Gracias a los que no olvidan y a los que no tergiversan.
Salud
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Magnífico el comentario //13//.
Gracias por las reflexiones que contiene y el ejemplo que das a todos los lectores de esta noticia.
Salud.

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