El secuestro filipino de Isabelle Huppert

Brillante Mendoza convence sólo a medias con 'Captive' 

ÁLEX VICENTE 13/02/2012 04:55 Actualizado: 13/02/2012 04:56

La actriz francesa Isabelle Huppert posa para los medios en Berlín. EFE

La actriz francesa Isabelle Huppert posa para los medios en Berlín. EFE

Hace por lo menos dos décadas largas que Isabelle Huppert podría haber tomado la decisión de dormirse en los laureles. Pero eligió seguir explorando territorios prohibidos, de la mano de directores conocidos y desconocidos, a los que selecciona con un gusto cinéfilo que suele revelarse excelente. La última demostración es Captive, su esperada colaboración con el filipino Brillante Mendoza, que fue presentada ayer en la sección competitiva de la Berlinale. A Huppert es mucho más fácil imaginársela sufriendo un ataque de histeria en un apartamento burgués que en medio de la selva de Palawan. Pero este viaje inesperado hacia la jungla no hace más que demostrar, y esta vez de manera literal, su gusto por el riesgo y la aventura.

Huppert interpreta a una misionera francesa secuestrada junto a decenas de rehenes por un grupo paramilitar de supuestas filias islamistas en un resort turístico filipino. Enseguida, los terroristas descubren que valen mucho menos de lo que pensaban. Entre ellos no hay adinerados turistas chinos ni poderosos banqueros, sino pequeñoburgueses en pleno receso estival y simples empleados de ventanilla. Pero ya es tarde para dejarles libres. Su cautiverio, ambientado durante los meses previos al 11-S, durará casi un año.

La película prometía. Y no sólo por razones argumentales o por lo esperanzadora que resultaba la colaboración entre actriz y cineasta, sino también por la metodología del director. Mendoza, revelado en Cannes con Kinatay y revalidado en Venecia con Lola, trató a su equipo como si fueran auténticos rehenes. "No existió un guión preciso, no sabíamos dónde rodaríamos el día siguiente ni tampoco cuándo escucharíamos disparos", contaba ayer Huppert. "Se trataba de situarse lo más cerca posible de la realidad de un prisionero". Se esperaba algo semejante a los experimentos de Rossellini, pero cambiando el mar Tirreno por la jungla filipina.

Un tímido aplauso

Duele decir que el resultado es decepcionante, como manifestó ayer el tímido aplauso final con el que concluyó la pro-yección. El descenso a los infiernos descrito por Mendoza resulta más tedioso que turbador, sin demasiada textura y sin más conflicto que el explícito. No se trataba de metaforizar sobre el choque de civilizaciones ni de librar uno de esos estudios psicológicos que el cineasta claramente aborrece, pero de Mendoza se esperaba algo más que un monótono trayecto entre escorpiones y sanguijuelas, peleas de arácnidos y boas devorando a sus presas. Símiles del estado bestial de las relaciones descritas en la película que funcionan, pero que tampoco suponen el colmo de la originalidad. "Se trata de una película sobre la humanidad, la perseverancia y el propósito de la vida", dijo ayer Mendoza.

Sin embargo, el innegable talento del realizador sale a relucir a veces, en algunas escenas en las que alcanza sus habituales momentos de gracia, siempre con la inestimable complicidad de Huppert. Y la película acaba dejando más calado del que parece. De hecho, no parece nada descabellado que Captive figure en un palmarés para el que, en el ecuador del festival, no sobran las competidoras de altura.

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Generado: 2012-05-28 10:29:54