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Fallece a los 83 años el escritor argentino Juan Gelman

La obra del poeta, galardonado con el Premio Cervantes en 2007, estuvo marcada por su compromiso político. Su hijo fue asesinado en la dictadura.

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El poeta, escritor y periodista argentino Juan Gelman, ganador del premio Cervantes en 2007 y autor de más de una treintena de libros, ha fallecido este martes a los 83 años de edad en Ciudad de México, donde residía desde 1976, tras exiliarse de su país de origen a causa de la dictadura militar. Fuentes familiares citadas por EFE atribuyen la muerte al síndrome de mielodisplasia, una disfunción de la médula ósea. El velatorio se celebrará este miércoles y no hay prevista ninguna ceremonia oficial.

Gelman, que nació en Buenos Aires el 3 de mayo de 1930, ha vivido como exiliado en Roma, Madrid, Managua, París, Nueva York y México, alternando su actividad política contra la dictadura militar con trabajos para la UNESCO. En su extensa carrera ha sido galardonado con el Premio Nacional de Poesía, el premio Cervantes, el premio Pablo Neruda y el premio Reina Sofía de Poesía.

Gelman fue integrante de los Montoneros, grupo guerrillero de la oposición de izquierdas, y durante su ausencia de Argentina llegó a estar condenado a muerte por la dictadura de su país y sufrió de cerca el drama de los 'desaparecidos' cuando su hijo y su nuera pasaron a formar parte de esta dolorosa lista, tal y como recogen los diario argentinos en el día de su fallecimiento. Tras una airada protesta por parte de varios escritores de la talla de Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, la orden de captura contra él fue revocada en 1988. Un año después fue indultado por el Gobierno de Carlos Menem, pero Gelman mantuvo su residencia en la capital mexicana, donde se había instalado un año antes. 

Desde que en 1956 publicó su primer libro, Violín y otras cuestiones, Gelman comenzó a ser conocido por Latinoamérica con obras como El juego en el que andamos, Velorio del solo o Gotán. 

Con el paso de los años, su poesía se empapó de su visión de izquierdas y de la situación política en Argentina, que dificultó la publicación y le obligó a exiliarse bajo amenazas de muerte y tras la desaparición de su mujer e hijos. Así, pasó un tiempo en Roma, París, Nueva York, hasta afincarse en México, donde vivía hasta la fecha. En el exilio publicó, por ejemplo, Hechos y relaciones o Si dulcemente, parte de una etapa reflejo del clima de derrota y pérdida sufrido por el autor. Otro aspecto curioso de la obra de Gelman es la presentación de su propia poesía como traducción, en algunas ocasiones. Atribuía sus versos a poetas apócrifos, como quedó de manifiesto en Traducciones III: los poemas de Sydney West.

En 1988 logró regresar por primera vez a Argentina y en el año 2000, tras años de búsqueda, consiguió hallar e identificar en Uruguay a su nieta, hija de Marcelo Gelman y María Claudia García.

Al recibir el premio Cervantes, el escritor argentino dijo que 'la poesía es como una doncella tierna y de poca edad y en todo extremo hermosa', parafraseando a don Quijote. Allí recordó también que el poeta 'no escribe para vivir, sino que vive para escribir'.

El entonces presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, transmitió en aquella fecha su felicitación a Gelman y dijo que se trataba de 'un merecido reconocimiento a su obra literaria, que trasciende fronteras e idiomas, que ha sabido hablar al corazón y a la inteligencia de los hombres en la justicia y de la verdad'. Según Zapatero, vida y obra de Gelman 'son símbolos de la resistencia de la palabra frente al horror, símbolos de esperanza', demostrando que 'sí hay poesía después de la barbarie'. 'Su palabra, que es palabra de muchos, abre espacios para entender lo incomprensible, para darle sentido al dolor, para seguir viviendo con la esperanza y la capacidad de amar intacta, para sentirnos uno y muchos en torno a ella', sentenció.

Pese a la crudeza de su biografía, Gelman nunca se entregó al odio y la ira. El poeta supo templar ese impulso tan humano y convertirlo, como dijo Cortazar, en 'una manera a la vez reflexiva e instintiva de buscar lo que de veras somos sin las simplificaciones a veces suicidas que nos han arrojado tan lejos de lo nuestro'.

En lo puramente estilístico, Gelman ha destacado por su capacidad para moldear el lenguaje con el fin de expresar con precisión su dolor, sus muertos. Para ello, no duda en alterar significados, significantes, ortodoxia y formas verbales, incluso conjuga verbos imitando el decir de los niños (“morido”, “andó”). Gelman supo combinar la poesía con la militancia política y su defensa de los derechos humanos. Si bien, siempre rehuyó del término 'poesía comprometida' al desconfiar de las posibles conexiones entre obra e ideología.

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