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Adiós al abuelo del pop art

El pintor Richard Hamilton falleció ayer a los 89 años. Preparaba una retrospectiva de su obra que visitaría Los Ángeles, Filadelfia, Londres y Madrid en 2013 y 2014.  

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No era el padre del pop art, sino 'el abuelo', como él mismo se definió en marzo de 2010, cuando visitó España invitado por el Museo del Prado para colocar su divertida relectura de Las meninas junto al original de Velázquez y otras versiones realizadas por Goya y Picasso. Hamilton aseguró entonces que su arma para homenajear al maestro de los pintores era el 'entretenimiento', nada raro viniendo de alguien que no creía en la jerarquía del arte, sino en la equivalencia de los creadores. 'Elvis está a un extremo de una larga línea mientras Picasso está colocado en el otro. La televisión no está ni más ni menos legitimada para influirnos que, por ejemplo, el expresionismo abstracto de Nueva York', dejó escrito.

Nacido en Londres en 1922, Hamilton falleció ayer a los 89 años, según informó su galerista, Larry Gagosian, en un comunicado donde se califica a Hamilton como el 'padre del arte pop' y un artista 'pionero de la habilidad sin igual, la inven-ción y la autoridad duradera'. 'Su influencia en las generaciones posteriores de artistas sigue siendo incalculable', señala el comunidado. Hamilton no sólo sirvió de guía para el trabajo que posteriormente harían nombres como Andy Warhol y Joseph Beuys, como recordó ayer Nicholas Serota, director de la Tate, sino que efectivamente acuñó el término pop aplicado al arte: 'El arte pop es popular (concebido para un público de masas), transitorio (a corto plazo), consumible (fácil de olvidar), de bajo coste, de producción masiva, joven (dirigido a la juventud), ingenioso, atractivo, efectista, glamouroso y un gran negocio', escribió en el año 1957, unas líneas que han pasado a la historia del arte y que salpican de Warhol a Lichtenstein, de David Hockney a Damien Hirst.

'El pop es popular, transitorio, joven, de bajo coste y un gran negocio', dijo

Hamilton estudió en la Royal Academy de Londres y pasó sus primeros años como artista en el Instituto de Arte Contemporáneo de Londres, alrededor de cuyos miembros se gestó la teoría del pop art. Su obra ¿Qué es lo que hace las casas de hoy tan diferentes, tan atractivas? (1956) es considerada el arranque de un movimiento que se apropió del lenguaje de la publicidad, el cine, la televisión y otras manifestaciones del ocio popular para reflexionar sobre el consumismo y la propia naturaleza del arte. Se trata de un montaje fotográfico donde conviven el culto al cuerpo, los nuevos electrodomésticos que empezaban a adueñarse de los hogares, el cartelismo, el cómic, los logotipos, la moda y un humor omni-presente. En suma, un arte moderno para un estilo de vida moderno. Y donde, claro, la palabra pop ocupa un lugar central en la composición, en manos de un hombre hipermusculado. El propio Hamilton no escondía la ironía que habita en su trabajo y, preguntado por el inmenso impacto de esta obra en el público en una entrevista posterior, respondía: 'Estoy más bien aburrido de ella, pero me reporta un buen dinerito'.

El trabajo de Hamilton fue pop también en un sentido estricto. Otra de sus obras más conocidas fue la portada del White Album de los Beatles, en 1968 (donde el nombre del grupo aparecía sobre un fondo blanco cegador). Y dedicó la pintura Swingeing London al arresto de Mick Jagger, líder de los Rolling Stones, y de Robert Fraser, entonces su marchante, por posesión de drogas en febrero de 1967, tras una redada de la Policía en un fiestón en la casa de campo de Keith Richards. Ambos aparecen tapando sus caras de las cámaras de los medios de comunicación, en una actitud que hoy es de lo más habitual entre los personajes mediáticos. Hamilton dedicó a esta aventura también un collage del mismo nombre donde combinó recortes de periódico con fragmentos de envoltorios de incienso y chocolatinas.

'Admiro a dos artistas por encima de cualquiera, Duchamp y Velázquez'

La obra de Hamilton también tiene coherencia con toda una tradición de artistas gamberros e irreverentes, especialmente Marcel Duchamp (a quien llamaba 'mi amigo'), con quien colaboró en vida y algunas de cuyas obras reelaboró desde su propia perspectiva. 'Admiro a dos artistas por encima de cualquiera, Duchamp y Velázquez', reconocía en Madrid el año pasado. Hamilton cultivó la pintura, el dibujo, el grabado, el collage e incluso arte generador por ordenador durante los ochenta.

Hamilton mantuvo una relación especial con España. El propio artista contaba que la primera vez que vio Las meninas fue en los años setenta, tras una escapada a Madrid en una época en que se había comprado una casa en Cadaqués ('una ruina', concretaba a Manuela Mena, comisaria de la exposición de el Prado). Precisamente, la muerte le ha llegado mientras preparaba una retrospectiva de su obra que tenía previsto visitar Los Ángeles, Filadelfia, Londres y Madrid en 2013 y 2014.