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África suena en positivo

Cheikh Lô publica disco, 'Jamm', y clausurará el Festival Womad de Las Palmas 

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Jamm significa paz en wolof, el idioma de 14 millones de africanos. Y Jamm es el cuarto disco de Cheikh Lô. Diez canciones nuevas después de cinco años de silencio con las que el cantante senegalés rescata el abanico de influencias que confluyen en las músicas de África Occidental. Y todo con el optimismo por bandera: 'África necesita mayor unión entre sus pueblos. Somos más de 50 países y aún no hemos logrado una actuación coordinada. Pero tenemos que conseguir que África se escuche fuera como una sola voz', explica Cheikh Lô, que mañana cerrará el Festival Womad en Las Palmas.

Cheikh N'Digel Lô es un caso único. De padres senegaleses, nació en Burkina Faso en 1955, en el centro de una de las minas musicales de África. Entre Senegal, Níger, Mali y Costa de Marfil. Allí aprendió bámbara, wolof y francés, y con 21 años se unió como percusionista a la orquesta Volta Jazz, popular en Burkina por adaptar la rumba congoleña.

'Podría vivir en París, pero fui educado en África para vivir allí'

'Siempre escuché mucha música diferente. En Volta Jazz tuvimos cantantes de Senegal, Mali, Burkina, Costa de Marfil... Vivir entre influencias ajenas ha sido normal para mí. Y tuve suerte: era un momento grande para las músicas de África Occidental. Estaban Tabu Ley, Aboubacar Demba Camara, Mory Kanté, la Orchestra Baobab', recuerda.

Y las influencias bailables que llegaban de Cuba: no había orquesta africana que no tocara sones y guarachas con un español chapurreado. 'En los sesenta, Cuba era muy popular. Porque la música cubana también es africana. Conozco su sonido de siempre', explica el autor de Jamm, donde revisa Tiene sabor, son montuno de Ignacio Piñeiro.

'Si todos los jóvenes se marchan, ¿quién construirá el futuro?'

Su nuevo disco es un regreso sereno al acervo africano. Lô, que desde 1981 reside en Dakar, lo define como un cóctel agitado a baja velocidad. 'Es resultado de mucho trabajo. Primero grabé una versión eléctrica, luego otra con instrumentos acústicos y, ya en Londres, buscamos un equilibrio', señala. Jamm reivindica una visión positiva del continente, propia de la filosofía mística de los Baye Fall, cofradía sufí a la que Lô pertenece: 'Podría vivir en París o Londres, pero prefiero vivir en mi país. Ver a mi gente, y vivir nuestra cultura. Fui educado en África para vivir en África', reconoce.

¿Y cómo está el continente? 'La vida es dura', dice. 'Hay políticos que no están preocupados por la gente sino por sus intereses. Y muchos se plantean dejar su país, pero no es buena opción. Si todos los jóvenes se marchan, ¿quién construirá el futuro? Los jóvenes africanos deben pensar en positivo y trabajar por sus países. Los milagros no existen', señala Cheikh Lô, que dedica una canción al líder panafricanista Thomas Sankara. 'Es lo que necesitamos: no se movió por dinero, trabajó por su pueblo y trató de crear condiciones para el desarrollo'.

Entre ritmos cadenciosos y pespuntes de soukous, reggae y mbalax asfixiado, Cheikh Lô tomó las riendas de Jamm con ayuda de tres gigantes de las músicas negras: Pee Wee Ellis, saxofonista de James Brown; Tony Allen, baterista que inventó el afrobeat con Fela Kuti; y Cheikh Tidiane Tall, guitarrista del conjunto senegalés Xalam. 'Es difícil equivocarse cuando estás tan bien acompañado', bromea.

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