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La alargada sombra de Bush

Kevin Spacey dirige a Dreyffus en una obra que denuncia abusos y torturas del Ejército de EEUU

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Los boletines de radio interrumpen la emisión para informar de un avión estrellándose contra el World Trade Center. La voz del locutor se entremezcla con gritos de 'guerra contra el terror'. Pantallas de televisión iluminan el suelo circular del reconvertido estrado del Old Vic, el legendario teatro de Londres. En el centro, Richard Dreyfuss mira las imágenes del atentado del 11-S, cuyas ramificaciones pondrán en peligro la libertad y carrera de su personaje, el galardonado periodista estadounidense Benjamin Kritzer.

Dreyfuss debuta en el Old Vic en una versión contemporánea de la caza de brujas emprendida por el senador JosephMcCarthy, en los años cincuenta del siglo pasado. En la era Bush, la sombra de la ley acosa a este periodista por negarse a identificar la fuente de comprometidas filtraciones sobre vuelos de rendición de la CIA y abusos de tortura en cárceles secretas del Ejército de EEUU. Dirige al actor el director del teatro, Kevin Spacey, en el estreno mundial de la obra de Joe Sutton, Complicit (Complicidad).

Es la primera incursión de Dreyfuss en el West End londinense desde que lo despidieran, por no 'saber cantar ni bailar', del musical The Producers pocos días antes de su puesta en escena, en 2004. La prensa británica también está a la caza, con ganas de saltar ante cualquier metedura de pata del protagonista de The Goodbye Girl. Creyeron tener una excusa cuando el estreno oficial de Complicit se retrasó dos semanas hasta su fecha definitiva, la noche del miércoles. En las sesiones previas, Dreyfuss llevaba un auricular en la oreja, que se atribuyó a un defecto de memoria: no conseguía aprenderse el guión.

Anteanoche, Dreyfuss salió conectado a escena. Un cable partía del oído hacia su espalda. Si necesitó ayuda para recordar sus frases, lo disimuló muy bien. Construyó un Benjamín en un amplio abanico de estados mentales: agobiado, frustrado, inquieto, altanero, orgulloso, derrotado. Como muestra el título, el periodista se siente cómplice en la creación de un tremendo ambiente oficial de miedo y recorte de libertades. Al calor de los atentados islamistas publicó una 'columna de terror', argumentado un cambio de la actitud 'inocente' de la gente frente a la tortura. Alteró su postura en un libro posterior y ahora se ve ante el dilema de salvar su bienestar familiar y profesional o su libertad.

¿Renunciará a la ética periodista que requiere proteger las fuentes de información o se arriesgará a ser acusado de espionaje por no colaborar con el fiscal? Es la gran cuestión que plantea esta producción a tres bandas: el periodista, su mujer y su abogado (en las figuras de dos pilares del teatro anglosajón, Elizabeth McGovern y David Sut-chet). 'Lo que me gusta de la obra', señala Spacey en el programa, 'son los intensos debates que hemos tenido. En cuanto los actores pisan el estrado, el drama se cuida de sí mismo'.

Las primeras críticas no han sido generosas con Complicit. Benedict Nightingale, en The Times, cree que el tema ha quedado obsoleto desde que el presidente Barack Obama emitió la orden de cerrar Guantánamo y prometió acabar con la tortura. Celebró, eso sí, la interpretación de Dreyfuss. A Michael Coveney, de The Independent le dejó frío tanto el texto como la actuación de los actores. El público, en cambio, aplaudió a rabiar.