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Albert Boadella: "Queramos o no, los catalanes somos españoles"

El escritor y director teatral presenta su nuevo libro, 'Diarios de un francotirador'

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Albert Boadella repasa la historia de los últimos tres años de este país en forma de reflexiones personales en su nuevo libro, Diarios de un francotirador. Mis desayunos con ella. El rebrote del nacionalismo catalán, la clase política, los medios de comunicación, los intelectuales y artistas, el arte, la cultura, la juventud, la democracia, el espectáculo... A veces con nombres y apellidos, otras analizando la situación general, no deja títere con cabeza y, al mismo tiempo, hace una declaración de amor a su compañera, Dolor, con la que desayuna y conversa cada día. Y de esas charlas matutinas surgen estos pensamientos.

Hay muchas reflexiones en el libro sobre el nacionalismo catalán...

Es la consecuencia de dos generaciones adoctrinadas en el odio a España. Y, por otra parte, del poder de la fantasía. Todo es ficción, lo que dicen que ha pasado y lo que dicen que va a pasar. Catalunya no es una región especialmente oprimida, al menos en estos últimos treinta años. Pero la ficción tiene una fuerza extraordinaria y la gente no tiene los suficientes arrestos para enfrentarse a la realidad.

¿A qué realidad?

Queramos o no, somos españoles y los rasgos diferenciales que tenemos son mínimos respecto de los aragoneses, los valencianos o los murcianos.

En sus apuntes sobre el nacionalismo llega a sugerir que la estética que emplean recuerda a la estética nazi.

Es a propósito del homenaje anual a Lluís Companys. ¡Pero es que no sabes aquellas fotos lo que eran! Lo primero que pensé es que era una rememoración de un congreso en Nuremberg.

Y el diseño en esto tiene mucha importancia. Lo que han hecho los gobiernos catalanes lo han hecho con grandes dosis de astucia y una estrategia bien programada. Y aquí o no lo veían o se hacían los despistados.

¿El actual gobierno de Catalunya también es, en su opinión, astuto?

No, está haciendo la peor política que se puede hacer, estoy convencido. Este gobierno siempre va una jugada o dos de retraso.

No deja títeres con cabeza, incluso dice que algunos personajes del arte y la cultura, y menciona a Pedro Almodóvar, expresan públicamente ciertas opiniones para crear espectáculo en su propio beneficio...

Así es. Y bueno, yo no voy con ningún grupo de presión detrás, ni político, ni gremial, es mi mirada y solo tiene que ver con mis sensaciones en cada momento, olvidándome incluso de mis propias tendencias. Por ejemplo, lo que me diferencia a mí de los antitaurinos es que yo, cada vez que voy a los toros, me planteo la legitimidad de mi acto. Es una actitud que los artistas en general deberían practicar. El que es vocero de una tendencia tiene tanta fe en que no se equivoca que pierde la ironía y la distancia en su obra.

Otro gremio que despedaza es el de la política, ¿en qué estado se encuentra?

En estado de decadencia, pero es algo que les sucede a muchos gremios. Estamos viviendo una desestructuración de este país en el sentido ético, en la política y en la sociedad. Pero yo soy optimista y creo que aparecerán anticuerpos y no saldrán de los que ahora están. Aparecerá un ánimo distinto, aunque desconfío de lo que es la democracia en la calle.

¿A qué se refiere?

No me refiero a la protesta, que es legítima e importante, sino a lo de arrogarse la democracia. Al fin y al cabo, la democracia, el voto, es lo que tenemos y no hay otro invento.

Pero usted escribe que está a favor de la selectividad del voto, ¿eso no es antidemocrático?

Pero me refiero a que no creo que haya que seducir a la gente, que vaya a votar solo la gente que esté interesada en participar. Hay que tratar de hacer una selectividad, si no, saldrán todos los de la tercera edad que se ven todos los programas del corazón en televisión e irán a votar. Yo solo digo que no hay que obligar a nadie. Y el bipartidismo es una consecuencia directa de esto, porque la gente vota sin analizar las consecuencias. Votamos al por mayor.

¿También es optimista respecto a la clase política catalana?

No, soy muy pesimista. La política catalana se ha convertido en régimen. El final es una secesión. Una sociedad que ha vivido en tensión frente a un enemigo inventado, paranoico, cuando éste desaparezca, hará que desaparezca esa tensión, pero mirarán al de al lado como enemigo, entre ellos mismos se producirá la batalla. O sufrirán una gran depresión. Eso es científicamente demostrable. Si de verdad se largan con los bolsillos llenos, pensaría que tienen sus razones, bien. Pero es que no van a eso, van a un abismo clarísimo.

¿Y este gobierno del PP no está llevando a la cultura también al abismo?

Lo de la cultura es un problema de la propia España, y es desde siempre, desde antes de la dictadura. La idea de la cultura al español medio le da la sensación de que es un lujo, por no decir una gilipollez. Eso no sucede ya en el otro lado de los Pirineos. Es una responsabilidad de la educación. En los primeros pasos democráticos, con Felipe González, pensé que iba a suceder, empezó bien y nos ilusionó a todos, pero al final pudo más el contrapeso de la genética española.

Todo esto lo dice en el libro con mucho sentido del humor...

Me cuesta hablar de las cosas trágicas sin sentido del humor, en el fondo se vuelven más digestivas. El humor es un antídoto contra los posibles fanatismos.

¿Han crecido los fanatismos en estos tres años?

Lo que ha crecido es la pérdida de sentido común. Es casi insólito. Hoy no podría llevar nada de esto al teatro con Els Joglars, porque la superación de los acontecimientos es total. Ayer, sin ir más lejos, la carta de las parlamentarios (un grupo de eurodiputados catalanes pidió a la UE que interviniera 'de forma preventiva para garantizar que la resolución del conflicto catalán sea pacífica y democrática').

El espectáculo Ubú President, con el que me decían que me había pasado tanto, ha quedado largamente superado por la realidad. Yo tuve una relación próxima con María Badía, era una mujer inteligente, sensible, amable, un encanto de mujer. ¿Qué ha sucedido? La gente se ha lanzado a esa deriva, es un clima general, como un concurso para ver quién va más lejos.

Y usted, ¿no se cansa de hacer enemigos?

Yo tengo guerra en todos los frentes. Pero la proporción de enemigos está equilibrada con la de partidarios. Vivimos en un país con una libertad de expresión supergarantizada, pero muy poco la usan. Hay una especie de silencio y cuando alguien dice ciertas cosas también encuentra partidarios. Yo recibo muchas cartas, correos...