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Un álbum de fotos para una generación ausente

Cristina Grande publica los libros de relatos familiares 'Agua quieta' y 'Lo breve'

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La familia siempre ha sido un tema literario. La mayoría de las veces para saldar deudas, para vengarse de antiguas rencillas o para fulminar complejos de Edipo o Electra. El caso de Cristina Grande (Lanaja, Huesca, 1962) es distinto. Sus dos últimos libros de relatos, Agua quieta (ilustrado por Esperanza Campos en Vagamundos) y Lo breve (Tropo), constituidos casi como un álbum de fotos familiar, se alejan del conflicto. Para ella, era simplemente su forma de 'gestionar la herencia recibida de los recuerdos de estas personas'. 'Quería devolverles la memoria. Además, mantener la memoria de esas personas es mantenerlas vivas', explica.

Por estos microrrelatos, escritos entre 2002 y 2009, pulula desde una abuela que vio torear a Ignacio Sánchez Mejías en 1934 y que a sus casi 100 años aún mantiene la coquetería hasta una planchadora tan calmada que 'actuaba de contrafuerte a nuestros desasosiegos', escribe. 'Es el retrato de una generación española que ya forma parte del pasado', define la escritora, quien se ve un poco 'miope' a la hora de elegir sus temas: 'Quizá no veo más que lo que tengo cerca. Tampoco me pongo metas imposibles'.

'Tengo límites. Tras morir mi hermana quise escribir algo y no pude'

Como si fuera el zoom de una máquina de fotos, entre los personajes se cuelan multitud de plantas y flores. 'Siempre le he dado mucha importancia a los detalles. Y hay algo muy proustiano, como los tulipanes negros que le traje a mi abuela de Amsterdam a los 18 años', explica Grande.

La escritora no entra en el debate sobre el estado de salud de la institución familiar. 'Creo que la familia es algo que no te dan a elegir. El problema es que ahora tenemos que crear nuevos protocolos para enfrentarnos a situaciones desconocidas', afirma.

A la farmacia familiar, en la que se ha pasado buena parte de su vida, le debe también los ingredientes de sus relatos. 'Desde un mostrador se aprende todo de la naturaleza humana', reconoce. De ahí que su escritura, como también ocurría en su primera y alabada novela Naturaleza infiel (RBA, 2008), sea una especie de polaroid del hombre. Casi siempre con un buen resultado: 'El ser humano me sorprende más por su bondad que por su maldad. No creo en eso de que el hombre es un lobo para el hombre, lo que pasa es que los malos triunfan más'.

'La literatura no es un negocio y no creo en eso de carrera literaria'

Cristina Grande no tiene pudor al escribir sobre su mundo íntimo. Sin embargo, hay límites. Hace un tiempo empezó una novela sobre los testamentos que no pudo acabar. 'Mi hermana se murió hace cuatro años y yo quería hacer una cosa muy de dentro, enfrentarme a eso. Pero es muy complicado, así que lo dejé. No pude', confiesa la escritora.

Ahora dice que no tiene prisa por volver a la novela. Y que no se considera ambiciosa: 'Para mí escribir no es un negocio. Creo que eso de carrera literaria es casi un oxímoron. Si hubiera querido hacer una carrera hubiera estudiado Farmacia'. Los relatos son, de momento, su único objetivo.