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Alien vuelve: "Vamos a matar a todos de miedo"

Ridley Scott se sacude la afectación y pretenciosidad y recupera parte del espíritu de los primeros Alien. Acción, un poco de suspense y terror, con Michael Fassbender interpretando a dos ‘sintéticos’ y Katherine Waterston, modesta heredera de la comandante Ripley.

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Ridley Scott con Katherine Waterson en el rodaje de la película.

“Vamos a matar a todos de miedo”. Fue el grito de guerra de Ridley Scott al poner en marcha Alien: Covenant, sexta entrega de la saga y una de las pocas que vuelve a mirar hacia la angustiosa y sobrecogedora obra maestra de 1979 Alien, el octavo pasajero y su secuela Alien, el regreso.

Continuación de la historia, diez años después, de la anterior Prometheus -gélida y pretenciosa-, esta vez el cineasta británico se ha sacudido el amaneramiento y lo ha sustituido por acción, suspense y mucha sangre.

“Vamos a realizar una dura película no apta para menores, y vamos a necesitar mucho clarete (sangre en el cine)”, dijo Scott a los productores cuando pusieron el proyecto en marcha. Suspense, acción, un poco de terror y una colección de momentos estelares y terroríficos de las anteriores entregas componen una película entretenida, con excelentes actores, imágenes fascinantes y algunos excesos ‘bienvenidos’, que aunque no remiten al ‘espíritu serie B’ que tenía la primera película, tampoco reniegan de él.

Perseguido por un monstruo en el pasillo

“De una forma, digamos extraña, yo siempre pensé en Alien, el octavo pasajero como en una película de la serie B bien hecha. El trasfondo era muy básico: siete personas encerradas en la vieja y siniestra casa, y quién va a morir antes y quién va a sobrevivir”, comentó al comienzo del rodaje el cineasta, que en la nueva entrega expulsa de la nave Covenant a la tripulación y la lanza a un paraíso desconocido que se rebela una trampa letal. “Uno no puede ser continuamente perseguido por un monstruo en un pasillo, acaba siendo aburrido”.

Michael Fassbinder, rizando el rizo, interpreta a dos androides –‘sintéticos’-, el que apareció en Prometheus, David, y el que acompaña al equipo de esta nave, Walter.

Físicamente son idénticos, pero han sido programados con códigos muy diferentes. El reto, sin embargo, es mayor para la coprotagonista, Katherine Waterston, que se enfrenta nada menos que al recuerdo de una de las heroínas modernas más emblemáticas del cine, la comandante Ripley –impresionante y poderosa Sigourney Weaver-. La actriz británica sale bastante airosa de este desafío, en el que era imposible superar al original.

Fassbender, tan frío como sus androides

En lo que ha fallado esta vez Ridley Scott ha sido en elegir al embajador para su película. El actor Michael Fassbender estuvo en su encuentro con la prensa abducido completamente por sus personajes, frío, distante y eludiendo cualquier pregunta que no le interesara. “Yo no lo veo”, fue todo lo que respondió a las cuestiones sobre las referencias, muy obvias, al nazismo y sus terribles consecuencias que aparecen en la película. Tampoco se mojó nada cuando le pidieron una reflexión, a propósito de sus dos personajes, sobre la maldad y la bondad. “No utilizo esas palabras cuando trabajo”.

Para evitar contestar a la situación en el mundo hoy, con líderes como Trump y peligros en Europa como Marine Le Pen, solo se le ocurrió acudir al irritante ‘no me he enterado de lo que ha pasado en Francia’. Una salida que jamás hubiera utilizado antes de ser productor (Assassin’s Creed) y estar perfectamente integrado en la maquinaria de Hollywood, cuando estaba comprometido con excelentes películas independientes, muchas de ellas políticas, como Hunger, Fish Tank o Shame.

De Spock y Bowie a Gary Numan

Solo se dignó extenderse mínimamente con las preguntas que plantea Alien: Covenant sobre el origen, la creación, de dónde venimos y quién o cómo nos han creado. También enumeró la lista de referentes que había utilizado para interpretar a David y Walter, desde Spock (Star Trek), pasando por David Bowie, hasta Gary Numan, y el permanente enfrentamiento entre la religión y la ciencia.

“Esta película es un esfuerzo consciente por volver a los orígenes de la saga, rescatar el ADN de la primera película -dijo-.

El público estaba pidiendo que volviera la criatura y aquí la criatura vuelve. Pero también rescata la vena filosófica de Prometheus y el scope de esta, planos abiertos en el planeta”.

Los vertiginosos altibajos de la saga 

Muy poco entusiasmo para una película con mucho más nervio que la anterior, primera de la saga en la que él participaba y, aunque con una espléndida taquilla, la peor recibida por la crítica de todas. Y es que en la historia de esta saga ha habido vertiginosos altibajos.

La obra maestra de Scott, en 1979, Alien, el octavo pasajero, tuvo una secuela mucho más que decente en manos de James Cameron en 1986, Alien, el regreso.

La tercera película, Alien 3, supuso un gran esfuerzo del director David Fincher y de Sigourney Weaver, que consiguieron sacarla adelante a pulso, aunque los resultados desmerecieron ese trabajo. En caída libre, con algunos hallazgos, era aburrida y con un final ‘demasiado’ profundo.¿Cómo cayó un nuevo Alien en manos de Jean-Pierre Jeunet, autor de Amelie o Largo domingo de noviazgo? ya no importa.

Michael Fassbend en el estreno de la película en Madrid

El cineasta francés firmó en Alien: resurrección, una película que fallaba en la acción, que no enganchaba nada y que estaba planeada para llevar gente al cine con algunos golpes de efecto.

Después vinieron Alien vs. Predator (Paul W. S. Anderson, 2004) y Alien vs. Predator 2: Requiem (Colin Strause y Greg Strause, 2007), un mix de Alien y de Predator nacido en un cómic de la editorial Dark Horse y que también se convirtió en videojuego.

La primera salvaba por los pelos la dignidad. La segunda, no.Y hace cinco años, podría decirse que Ridley Scott regresó a la saga con Prometheus solo para traicionarse a sí mismo. Imágenes muy elegantes envolvían el vacío más presuntuoso probablemente de toda su carrera. No cayeron en saco roto las críticas que recibió. Tal vez gracias a ellas, el cineasta ha mirado hacia atrás y ha cambiado la afectación por sangre.

“Espero que la película haga que el espectador se sienta muy inquieto, que ayude a que las arterias empiecen a bombear sangre, que haga que los corazones latan con fuerza. Espero que se les seque la garganta pero que no puedan apartar los ojos de la pantalla. Es muy difícil lograr que la gente se muera de miedo, pero esto podría provocarles pesadillas. Y eso está bien”. Ha dicho.