Publicado: 16.10.2015 19:07 |Actualizado: 17.10.2015 07:00

“Los americanos deberían recordar que el lejano Oeste no era su tierra”

John MacLean debuta con ‘Slow West’, un western atípico con el que ‘rectifica algunos errores’ que han poblado el género desde sus inicios. Ópera prima del escocés, la película está protagonizada por Michael Fassbender y ganó el Gran Premio del Jurado en Sundance

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La mirada desafiante de Michael Fassbender en 'Slow West'.

MADRID.- Al Oeste americano, todos, excepto los indios, llegaron de otros sitios. Los tenderos eran escandinavos y los cowboys, alemanes. Las mujeres no solo eran bailarinas y prostitutas. Y aunque la violencia sí estaba a la orden del día, no tenía nada de romántico, era “rápida y patosa”. Estos son solo algunos de los tópicos que el director escocés John MacLean destroza con su ópera prima, ‘Slow West”, un western ‘desafiante’ protagonizado por Michael Fassbender y con el que ganó el Gran Premio del Jurado en Sundance.

Rodado en Nueva Zelanda, el filme es un juego de contrastes con el que se narra el encuentro de Jay (interpretado por el joven Kodi Smit-McPhee), un aristócrata escocés que viaja al Oeste americano siguiendo a su gran amor, con Silas Selleck (Fassbender), un forajido que se ofrece a acompañarle.



¿Por qué eligió un western para su ópera prima? ¿no es demasiado arriesgada la apuesta?

No pensé que fuera una de las opciones más difíciles, me asustaba más rodar en una ciudad con un montón de extras. Pensé que rodar con dos o tres personajes en un bosque no sería muy complicado. Luego todo se fue complicando.

¿‘Slow West’ es más una película sobre la emigración o una historia de amor?

La historia de amor desesperado apareció después, fue creciendo poco a poco. La primera intención era hablar de la emigración, tratar de verdad los mitos del cine del Oeste y destruir, por tanto, los que ha creado la cultura americana. En el Oeste, los cowboys eran alemanes, los tenderos eran escandinavos… Quiero destruir algo del mito de la cultura de EE.UU., cargarme los mitos que ha creado el western.

El western sirve bastante bien de metáfora, su película ¿podría valer también de reflejo de la realidad de hoy?

No ha sido un objetivo directo, pero funciona en ese sentido. En todos los westerns hay siempre algo contemporáneo. En ellos, los americanos reflejaron la guerra de Vietnam, la época de McCarthy, la guerra fría… Por otro lado, yo creo que ese elemento contemporáneo debe estar en todo el cine. En esta película, como en otras del género, se ve el racismo americano, que hoy está de actualidad desgraciadamente. En el caso de este western, quería denunciar una falsedad, la de la idea de que esa tierra es su tierra. Que los americanos recuerden que esa tierra no era suya, que todos venimos de otro lugar. Los americanos deberían recordar que el lejano Oeste no era su tierra.

Ha hecho una película de contrastes, violenta, pero en la que sublima el amor, con tragedia y sentido del humor…

Es mi idea de la vida. El humor y la tragedia suelen estar muy juntos, en los momentos más negros surge ese humor. Por otro lado, la violencia puede ser rápida y patosa, como yo la he rodado, o puede utilizarse para crear escenas muy bien coreografiadas. Eso da para un debate sobre la ética de la violencia en el cine. Entre los dos personajes hay, de hecho, demasiados contrastes, uno es un romántico y el otro es un tipo práctico. La mezcla de humor y de violencia era el principal desafío de la película.

Su Oeste no es lejano, es lento (slow), uno de sus personajes es un europeo que viaja por amor, el personaje femenino es fuerte… Usted es un escocés haciendo un western… ¿no hay un poco de provocación en todo esto?

No diría que la palabra es provocar, aunque… Tal vez es más correcto decir que quería enmendar, rectificar errores. Por ejemplo, la idea de que las mujeres en el Oeste tenían que ser bailarinas o putas es mentira… En realidad en el western hay algunos personajes femeninos fuertes y muy interesantes…

En las mejores películas…

Sí, son excepciones, pero en otros géneros no existen ni siquiera esas excepciones. Yo quería decir que a lo mejor los hombres son los que aportan los problemas y las mujeres, las soluciones. Y quería hablar de la emigración y mostrar cómo eran de verdad las cosas.

Generalmente, en las óperas primas los directores intentan dejar claras algunas de sus convicciones sobre el cine, ¿cuáles son las suyas?

Por ejemplo, que la parte visual del cine no tiene ningún interés si no hay nada que contar. Todo es la historia. Con esta película he intentado una economía de tomas, que cada escena estuviera ahí para contar algo de la historia. Y, por supuesto, que todo sea visualmente bonito o atractivo…

Al hablar de su película las críticas de Sundance han mencionado, casi sin excepción a los hermanos Coen. Usted habla de otras referencias. ¿Diría que, además de John Ford o Sam Peckinpah, hay algo incluso de John Carpenter?

Sí. La gente habla de los Coen y de Tarantino, pero a lo mejor es que no han visto otras películas. Desde luego, John Carpenter ha sido una gran influencia, lo mismo que películas muy concretas, como ‘Pasión de los fuertes’ (John Ford, 1946), ‘Río Rojo’ (Howard Hawks, 1948), pero también cine japonés, como ‘Rashomon’ (Kurosawa, 1950)…

Debutar con una película protagonizada por Michael Fassbender es un privilegio, ¿qué precio ha pagado por ello?

La verdad es que ninguno. Había hecho dos cortometrajes con él y, aunque es una persona muy ocupada, tuve dos días para estar con él y trabajar en el guion. Su personaje es un tipo bastante callado, así que cuando llegó al rodaje y tenía ideas de diálogos, casi siempre terminábamos desechándolas. Es verdaderamente útil trabajar con alguien que tiene una sensibilidad parecida a la tuya y el mismo sentido del humor que tú tienes. Estamos en sintonía.