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El anarquismo vuelve al frente de Aragón

Una muestra revisa el centenario del movimiento ácrata

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'El anarquismo es parte de la historia, absolutamente', decía ayer el profesor Julián Casanova en una terraza de Zaragoza, después de presentar la exposición Tierra y libertad: cien años de anarquismo en España que hoy se inaugura en la capital aragonesa.

La seguridad con la que la pronunció, dando a entender que ha perdido toda su relevancia social y su vigencia política, no le resta una cierta ambigüedad que al transcribirla refleja al mismo tiempo la razón de ser de la muestra: sí, el anarquismo es parte del pasado, pero una parte tan importante que sin él difícilmente podemos entender el presente.

Los cien años que recorre la exposición (ver fotogalería) no son los del centenario de la CNT, fundada en 1910, aunque el recuerdo de esa conmemoración desencadenara este proyecto hace tres años.

'Me gustaría que sirviera para conectar con el pasado'

El siglo de anarquismo español que revisa la exposición va desde que el revolucionario y anarquista italiano Giuseppe Fanelli llegó a España, enviado por Bakunin, en 1868, hasta el exilio y la resistencia durante el franquismo. 'Casi cien años. Eso es lo que duró la semilla, la siembra y la cosecha anarquista', explica Casanova en el pequeño folleto, muy informativo, que sirve también de catálogo.

Una cosecha de la que, sin embargo, apenas si puede hallarse hoy brote alguno. De ahí que Julián Casanova, que además de catedrático de Historia es también el comisario científico de la exposición, destaque que su principal objetivo es 'pedagógico'. 'Me gustaría que sirviera a la gente para conectar con su pasado, que llegara a los colegios y a los institutos', dijo ayer en la rueda de prensa celebrada en uno de los patios del Palacio de Sástago, el edificio renacentista de la diputación provincial que acoge el grueso de la muestra hasta el próximo 8 de diciembre.

'No consiguieron acabar con el Estado, eso es indudable'

La propuesta de Casanova, materializada por Ricardo Centellas, que ha diseñado el montaje, combina el rigor histórico (documentos, piezas históricas, numerosas fotografías de la época, etc...) y la búsqueda de una comunicación atractiva incluso para el público más joven: todas las salas tienen una pantalla en la que se proyectan continuamente imágenes y documentales cinematográficos de la época. Y algunas de esas pantallas permiten incluso la interacción, de manera que el espectador pueda elegir un itinerario entre los muchos que se ofrecen.

El recorrido se divide en 12 salas, 11 de ellas en la sede de Sástago. La rueda de prensa se celebró en la primera de todas, la dedicada al terrorismo, y en ella puede verse desde una reconstrucción del asesinato del liberal José Canalejas en 1912, con los dos maniquíes (abrigo negro y sombrero de copa, el presidente del gobierno; gabardina y bombín el pistolero que apunta a su cabeza) frente al escaparate de la librería San Martín, en el centro de Madrid, hasta dos pistolas originales, con su munición correspondiente.

Pero hay vida más allá de la muerte, y así las otras salas de la exposición recuperan también, por ejemplo, 'la fe inquebrantable en la cultura' del movimiento, y su reflejo en los influyentes periódicos de primera mitad del siglo XX o la historia de los ateneos libertarios.

El visitante hallará con sorpresa ediciones internacionales para África, México y Francia del periódico anarquista Solidaridad Obrera, el gran competidor por entonces de La Vanguardia en Barcelona. La sala número 12, dedicada a la figura de la mujer dentro del anarquismo, se exhibe en otro edificio de la capital, el Palacio de Montezumo.

Otras salas, dedicadas al movimiento sindical o su vertiente política, subrayan su importancia histórica: sólo la CNT llegó a sumar antes de la Guerra Civil unos 700.000 afiliados —la mitad en Cataluña— y hasta cuatro ministros anarquistas (la primera mujer, Federica Montseny, entre ellos) participaron en diferentes gobiernos durante la República.

No faltan tampoco las dedicadas a la Guerra Civil, o al propio Durruti, el líder más carismático y sin duda la figura más reconocible del anarquismo ibérico, o el exilio. Una impresionante fotografía en una de las paredes de la novena sala (Represión y exilio), con decenas de exiliados amontonándose junto con sus maletas, mujeres y hombres tocados con gorras de plato, de milicianos o boinas, y abrigándose con mantas, nos devuelve en blanco y negro la realidad de los más de 750.000 republicanos, muchos de ellos anarquistas, que cruzaron los Pirineos en apenas tres meses durante 1939. 'Mi sueño cuenta Casanova es que la exposición pueda verse también en Barcelona y Toulouse', aunque esa opción debe todavía concretarse.

'No consiguieron acabar con el Estado, eso es indudable', dijo Jaime Vicente, director general de Patrimonio del Gobierno de Aragón, seguramente sin reparar en que la composición de la mesa reflejaba perfectamente su reflexión. Cuatro de los cinco presentadores eran políticos, representando a alguna de las administraciones, municipales, provinciales y autonómica que han hecho posible la exposición.