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Anne Fontaine: “¡Es el colmo que los hombres nos den lecciones de moral!”

La veterana cineasta parte de un hecho real en ‘Las inocentes’ para denunciar las sistemáticas violaciones contra las mujeres en las guerras y anima a la trasgresión positiva y a la desobedicencia, “si no actuamos, somos idiotas”

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La directora Anne Fontaine, en el rodaje

MADRID.- Polonia, II Guerra Mundial. Un grupo de soldados soviéticos violó a 25 monjas en su convento, hasta 40 veces a algunas. Veinte mujeres murieron asesinadas y cinco se quedaron embarazadas. “Estos soldados no creían que estaban cometiendo un acto reprobable: sus superiores les autorizaban como recompensa a su sacrificio”. La veterana cineasta Anne Fontaine ha llevado este bárbaro episodio al cine en Las inocentes, película que vive al mismo tiempo el reconocimiento –premios y éxito de público- y el rechazo –críticas coléricas y países que la han vetado-.

Premio FIPRESCI de la crítica en la Seminci y Mejor Película en Jerusalem, Las inocentes narra el encuentro entre estas monjas y una joven médico comunista de la Cruz Roja que las ayudó en secreto en sus partos. Las notas de esta mujer son la base del filme. Un relato que sirve de trágico y necesario recuerdo de una situación histórica y que sigue igual hoy en día.

Ahora se sabe, gracias a la historiadora Miriam Gebhardt, que los aliados violaron aproximadamente a un millón de mujeres y niñas al final de la contienda. Los alemanes incluían las violaciones como una pena contra la raza judía en su Política Racial de la Alemania Nazi. Los soldados de la Edad Media, los de la I Guerra Mundial, del imperio japonés, Yugoslavia, Ruanda, El Congo, Iraq, Libia… “Las mujeres sigan siendo las víctimas de estos atroces comportamientos masculinos. Por eso es importante la transgresión positiva y la desobediencia,” ¡hay que desobedecer! Si no actuamos, somos idiotas, cómplices de cosas terribles”.

Detrás del hecho real, hay una historia de reunión de dos mundos generalmente enfrentados ¿tenía especial interés en ese encuentro entre religión y ciencia?

Sí. Esta historia me atrapó porque los personajes eran complejos, son personas completamente separadas de la realidad de la vida y esa distorsión hace que este episodio sea único. El desafío cinematográfico estaba en rodar en un convento a esas personas que esconden allí su dolor. Me motivó mucho mostrar que dos mundos estancos, el de la razón y el de la espiritualidad, pudieran inventar una vía común y hasta dónde es más fuerte la fe religiosa o la fe en el amor, la vida, la Medicina, el salvar a las personas.

La violación de aquellas monjas es solo uno de los miles de episodios que ocurren en todas las guerras…

La violación de las mujeres, también de monjas, claro, fue y sigue siendo un arma de guerra. Se viola a las mujeres también como último gesto de superioridad del vencedor, como venganza… Es alucinante que hoy sea igual la situación y que las mujeres sigan siendo las víctimas de estos atroces comportamientos masculinos. También los homosexuales son víctimas de eso. Hoy las mujeres y los homosexuales tenemos en común una relación con la fragilidad universal y con los seres que lo transforman todo en violencia y que hacen lo peor que conocemos.

Recibió algunas críticas muy ácidas por el personaje de la monja que deja a su bebé en el convento y se va a buscar fuera su vida. ¿Culpabilizar a esa mujer no es una mirada muy machista?

Completamente. ¡Es tan extraño que los hombres nos den lecciones de moral! ¡Es el colmo!. Esta es la historia de unas mujeres traumatizadas que tratan de sobrevivir. Esa joven deja a su hijo porque las monjas van a cuidar mejor de él. Es una cuestión de libertad. Ella sale hacia la vida. Muchos hombres con los que he hablado aprecian que no haya una crítica moral en la película, pero hay muchos muy reaccionarios que hablan de abandono, que piensan que las mujeres solo pueden ser madres. Y ser madre no es una obligación. Hoy se ha conquistado en parte esa libertad. Pero antes, no tener hijos significaba no pertenecer al género femenino.

Las inocentes

La maternidad es un tema esencial en Las inocentes. ¿Es hora de cargarse el mito de que toda mujer por ser madre está unida incondicionalmente a sus hijos?

Claro. Renunciar a la maternidad para muchas de estas monjas es lo más difícil de su vida. Pero la maternidad obligada es algo que unas aceptan y otras, no. No hay que hacer ningún juicio de valor. Todo depende de la historia personal de cada mujer. Suerte que hay hombres que no ven a las mujeres solo como madres. Muchas tenemos la fortuna de vivir en países donde las mujeres deciden sus destinos. El estereotipo de mujer-madre espero que cada vez esté menos presente en el mundo.

Ha recibido también críticas muy duras por recuperar un episodio donde los agresores son los soldados del Ejército Rojo, ¿qué siente ante una mirada tan parcial?

No es nada difícil entender que esta no es una historia anticomunista. Aquí fueron los soldados soviéticos, pero muchos otros soldados en muchas otras guerras hicieron lo mismo. Todos, al final, violan a las mujeres como recompensa de guerra. La violación se usa en todo el mundo. La película no es esquemática, no dice: los rusos son violadores. Sería ridículo. Pero hay mentes limitadas… en Rusia no se ha vendido la película, aunque ha habido textos sobre ella muy positivos. Ahora se vive en todas partes una especie de dictado ideológico que empobrece las formas de entender las cosas. Es absurdo.

Más allá de estas críticas, la respuesta a la película ha sido muy buena.

Ha sido un shock para mucha gente en muchos sitios. Un éxito en EE.UU. y en Francia. Creo que es una película que no puede dejarte indiferente, porque entre otras cosas dice que no hemos superado el pasado.

¿Vamos a superarlo?

Sería inocente y naif pensar que todo va a resolverse. Hay cosas que son intrínsecas al ser humano. Es muy optimista pensar que va a parar la violencia. Pero las situaciones de violencia siempre enseñan algo. No podemos meter la cabeza debajo de ala. Por supuesto, hay que pensar que las cosas son posibles. Y el arte puede trascender a la violencia. Para mí es una manera de luchar contra ella. Y, claro, ahí también juegan un papel fundamental la trasgresión positiva y la desobediencia, ¡hay que desobedecer! Si no actuamos somos idiotas, cómplices de cosas terribles.