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ARCO pierde gracia

La feria de arte contemporáneo cumple 30 años y abre con una nueva imagen más seria y profesional, en una edición decisiva para su futuro

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Hoy, un grupo de 50 decoradores tienen un cóctel en ARCO. Llegan invitados por la organización en el día de puertas abiertas para profesionales. La nueva dirección de la Feria, a falta de coleccionistas, está dispuesta a encontrar inversores en arte contemporáneo donde antes no se le había ocurrido buscar a nadie. Recorrerán los dos pabellones a la caza de las mejores opciones para las paredes de sus clientes, que crecieron al ritmo de la especulación inmobiliaria tanto como los centros de arte por la geografía española. Este año, ARCO se ha empeñado en buscar las carteras de los primeros y olvidarse de la de los segundos, porque han hecho crac.

No es más que una de las actividades que hasta el domingo acompañarán a las galerías del programa general, a las europeas de Opening, a las latinoamericanas de Solo Project y a las de ARCO 40. La Feria levanta el cierre con una reducción del 20% de su presupuesto, un año decisivo, una edición para amarrar, para dejarse de bromas y esconder las sorpresas. El tono de la Feria es serio, sobrio y delicado. Los pasillos han crecido, han perdido la moqueta y se muestra el suelo crudo tal cual es, con sus goterones de pintura, sus roces y sus desperfectos. Es el reflejo de la imagen del nuevo ARCO, industrial y gris: aquí se viene a trabajar, no a desvariar.

Los galeristas están contentos con el nuevo director y son muy optimistas

Contra la polémica

Si hace dos años ya anunciamos que la feria perdía humor, este año consolida la mesura y la formalidad frente a la provocación y la rebeldía. El stand de la galerista Raquel Ponce es sobrio y equilibrado, como la mayoría de sus 197 compañeros. Hay escultura, fotografía, dibujo, vídeo y tras la pared, escondida, está la sorpresa: una escultura de una rebanada de pan de molde gigante, pinchada al panel con un alfiler, obra de Rómulo Celdrán. 'Sería demasiado fácil destacar una pieza como esta con tanta fuerza visual. Preferimos esconder la sorpresa', reconoce Ponce en una afirmación que dos años atrás sería inesperada.

El propio Carlos Urroz se queja amargamente y aclara que, si en 'los ochenta lo importante era involucrar a la gente, que se hablara de arte contemporáneo', en la actualidad hay que centrarse en el mercado. Menos charanga, menos jaleo, menos masas, más profesionales. 'Hay stands muy buenos con piezas interesantísimas y al final toda la atención mediática va a artistas que lo que buscan es la polémica y juegan con la provocación como parte de su obra, en detrimento de la gente que hace las cosas con mucho rigor. Es injusto. Hay que apreciar lo bueno, lo que tiene contenido y no sólo los fuegos de artificio', añade.

Arauna: 'Hemos hecho mucha cultura, ahora hay que hacer comercio'

Álvaro Alcázar confirma que, 'en momentos de crisis económica, hay menos riesgo'. Dice que el tono se ha rebajado, que las imágenes ya no son tan agresivas. De hecho, él colocó hace un par de años, en lo alto de la esquina del stand que le tocó, un toro de Osborne lleno de bombillas. Una broma de feria del artista Carlos Aires. Las cosas han cambiado: ahora las galerías respiran mejor entre ellas, ya no hay puntos muertos y parece que todos los profesionales están contentos con lo que han alquilado. En pocas palabras, no hace falta colgar un anuncio que impacte para decir 'aquí estamos'.

La seriedad afecta a los artistas. Álvaro Alcázar repite con Carlos Aires, pero este año es más comedido... en tamaño. Ha colgado un Cristo negro bajo el letrero Let's get lost, una canción de Chet Baker, que se podría traducir como Perdámonos. Pintura metálica de coche sobre una imagen que compró en Olot, donde le atendió el dueño de otro de los negocios en declive por la crisis. Se llevó cuatro Cristos y pensó en ponerle: I Want to Break Free, de los Queen. Pero eso cerraba demasiado el significado. 'He visto la feria muy clásica', dice. 'Es la falta de dinero. Cuando hay poco se muestra la obra que se vende mejor'.

El propio Carlos Aires (Ronda, Málaga, 1976), uno de los españoles más representados, en la galería ADN de Barcelona también muestra How Deep is Your Love, un corazón hecho a base de cuchillos de Albacete, grabados con títulos de baladas, que hacen referencia a la violencia de género. 'A mí me gustan las piezas llamativas, aunque este año he tratado de evitar la provocación fácil y no ser irreverente. Esta pieza es más silenciosa que el Cristo. El asesinato por amor es muy español'.

'Este año he tratado de evitar la provocación fácil', cuenta un artista

Aires le ha arrebatado la foto este año a Eugenio Merino (Madrid, 1975), que en los últimos años protagonizaba la imagen de las portadas. La última, la polémica sobre las religiones el pasado año. Ahora, más sutil, reconoce que este año 'quería mostrar que sabía hacer otras cosas'. 'Esta es la parte menos directa, pero más estética. Es menos monstruosa y brutal. No soy sólo el de los muñecos', explica.

'Vamos por el buen camino, que es hacer una feria seria', comenta Juana de Aizpuru, primera directora de ARCO, cuando se fundó en 1981. 'Estos últimos años hemos estado en peligro, pero la situación ha cambiado con el nuevo director', explica. La decana galerista siempre se ha decantado por una muestra más profesional, aunque reconoce que no sólo se viene a ARCO a vender, también hay que promocionar artistas y realizar contactos.

'En tiempos de crisis, la chorradilla desaparece', aclara Guillermo de Osma

En esa línea, Oliva Arauna aclara tajante: 'Hemos hecho mucha cultura en 30 años, ahora hay que hacer comercio'. Para la galerista, que participa desde hace más de 20 años, ARCO ha sido muy importante para este país porque ha popularizado el arte contemporáneo, pero confirma: 'El espectáculo se ha acabado'.

Hacía tiempo que no se veía tanta alegría entre los galeristas. Todos están contentos con los planes que ha aplicado Carlos Urroz. 'Imagino que eso es como el equipo de fútbol con nuevo entrenador', decía ayer con sorna uno de los galeristas para resumir el optimismo. 'Todos tenemos muchas ganas', reconoce Raquel Ponce. 'Es un año importante, porque hay que reubicarse. Ahora no podemos parar, nuestro país ha ganado mucho terreno en el extranjero'. 'Carlos prefiere una feria más pequeña, no doméstica. Cuando hay más galerías y menos espacio, más competidores, estás obligado a llamar la atención. En tiempos de crisis, la chorradilla desaparece', describe Guillermo de Osma.

Quizá sea ese el motivo por el que este año haya piezas de mayor tamaño, tanto en pintura como en fotografía. No extraña que el gran óleo de Madrid desde Torres Blancas de Antonio López luzca tan bien en Marlborough (cuando se subastó costó 1.744.030 euros, la obra más cara de un artista español vivo y de las más valiosas en este ARCO). También un imponente Wolfgang Tillmans de seis metros de ancho, en Juana de Aizpuru. Da la sensación de que los stands tuvieran más pared de lo normal, no es más que cuestión de perspectiva.